Río Cuarto |

Vivía para atenderlo

Susana Beatriz Duarte trabajaba dos horas diarias como empleada doméstica, el resto del tiempo lo dedicaba a su esposo. Eso dijeron en la Justicia quienes mejor la conocían.

Duarte y Luján se casaron el 11 de septiembre de 1993 pero llevaban treinta años juntos cuando el homicida decidió acabar con su vida.

“Ella lo bañaba, lo cambiaba, cocinaba, le colocaba la insulina por su problema de diabetes, vivía en función de su marido”, contó Marisa Beatriz Guevara, hija de Susana y de una pareja anterior de ella. 

Los vecinos de la humilde casa de calle Pirovano 410, de barrio Alberdi, no los tenían como una pareja especialmente conflictiva, aunque la hija de Susana corroboró que existían malos tratos.

Ella vivió siete años bajo el mismo techo que la pareja.

“Las agresiones físicas no eran habituales pero la violencia psicológica era permanente, era común que Luján le dijera a mi madre que la iba a matar”, le confió la testigo al fiscal Javier Di Santo. 

Un mes antes del crimen, su hija le vio una quemadura que le abarcaba gran parte de su mano derecha. Le preguntó, pero su madre le dijo que se había quemado con agua. “Yo no le creí”, evocó Guevara.

Cuando el fiscal le pidió que describiera la personalidad del acusado, la testigo lo resumió en una frase: “Luján es un enfermo de los celos”.