Made in San Vicente y con sueño de la cuarta: las zapatillas mundialistas cordobesas que son furor

La propuesta nació en una empresa familiar con más de un siglo de trayectoria en el rubro del calzado y ya despertó interés tanto en Argentina como en mercados internacionales.

 

Falta poco tiempo para que vuelva a rodar la pelota en la Copa del Mundo y la fiebre mundialista ya empezó a aparecer en casi todos los rincones del país. Y uno de ellos está en Córdoba. Más precisamente en barrio San Vicente, donde una familia con más de un siglo de historia en el rubro del calzado encontró una forma diferente de unir industria nacional, pasión futbolera e identidad argentina.

La propuesta nació en Brujas y Santas Zapatos, una empresa cordobesa que decidió trasladar el espíritu mundialista a un producto cotidiano. El resultado fueron unas zapatillas inspiradas en la Selección Argentina que, en pocos meses, comenzaron a despertar interés dentro y fuera del país.

De San Vicente al mundo. Así podría resumirse el recorrido de un producto que ya comercializó alrededor de 700 pares y que recibió pedidos desde distintos puntos de Argentina, pero también desde Australia, Reino Unido, España y Estados Unidos, entre otros países.

Las zapatillas tienen un valor de $130.000 y pueden adquirirse en cuotas mediante diferentes opciones de financiación. Pero detrás del producto hay una historia mucho más extensa que una simple campaña comercial.

La familia Alercia está vinculada a la fabricación de calzado desde 1920. Más de cien años después, la empresa continúa funcionando en el mismo barrio donde nació y sostiene una estructura integrada por alrededor de diez trabajadores.

En un contexto complejo para la industria, la idea surgió como una forma de diferenciarse y encontrar nuevas oportunidades. “La idea surgió de mi viejo. Empezamos a pensar cómo podíamos hacer algo distinto en medio de una situación complicada del sector y apareció esto de llevar el Mundial al producto”, explica Giuliano Alercia, CEO de Brujas y Santas Zapatos.

La búsqueda apuntó a desarrollar algo que fuera más allá de una zapatilla tradicional. La intención era generar identificación con el público, especialmente en un país donde el fútbol atraviesa generaciones y donde cada Mundial se vive como un acontecimiento cultural.

Tratamos de ofrecer algo que tenga identidad, que conecte emocionalmente y que además sea de calidad”, señala Alercia.

La inspiración apareció a partir de una observación concreta. Mientras el entusiasmo por las competencias internacionales suele trasladarse a camisetas, banderas y distintos artículos temáticos, encontraron un espacio poco explorado dentro del mundo del calzado.

Cuando hay un Mundial caen las ventas… dijimos ‘algo tenemos que hacer’. Empecé a googlear zapatillas de Argentina, no encontré nada. Lo llamé a Giuliano y le dije ‘vamos a hacer la zapatilla de Argentina’”, recuerda uno de los impulsores de la iniciativa.

La apuesta terminó encontrando respuesta en el mercado. Los pedidos comenzaron a multiplicarse y las zapatillas cordobesas cruzaron fronteras, algo que sorprendió incluso a sus propios creadores.

Mientras tanto, en el taller de San Vicente siguen trabajando con la misma lógica de siempre: producción local, desarrollo propio y crecimiento paso a paso. Sin grandes proyecciones ni promesas rimbombantes, pero con la satisfacción de haber convertido una idea nacida en Córdoba en un producto que hoy se usa en distintas partes del mundo.

Es difícil proyectar. Vamos trabajando y viendo cómo evoluciona todo mes a mes. Invitamos a todos a apoyar el talento nacional y sobre todo cordobés”, concluye Alercia.

Porque si algo demuestra esta historia es que, a veces, una idea nacida en un taller de barrio puede terminar recorriendo miles de kilómetros. Y que, cuando se trata de fútbol, creatividad e industria local, Córdoba también sabe ponerse la camiseta.