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Zé María: sangre, sudor y lágrimas con Corinthians como bandera

El histórico lateral derecho dialogó con Puntal y recordó los tiempos de la "Democracia corinthiana", que fue un hito en el fútbol brasileño cuando estaba a punto de caer la dictadura militar en los ochenta
Homenaje en vida. El busto de Zé María con la camiseta ensangrentada es un símbolo para los hinchas de Corinthians.  

Brasil recuperaría la democracia para 1985 con la trunca asunción de Tancredo Neves, quien falleció antes de asumir el mandato en aquel año, por lo que el primer presidente en ejercicio fue su vice, José Sarney. Lo que sigue hasta los infaustos tiempos de Jair Bolsonaro es historia conocida.

Lo que importa aquí es cómo un equipo, Corinthians en este caso, muy progresista y con una cabeza abiertamente revolucionaria dentro y fuera de la cancha como el Doctor Sócrates, implementaría para comienzos de los ochenta su democracia.

Todas las decisiones que involucraban al equipo eran tomadas abiertamente y entre todos. Sea si la concentración debía ser de equis cantidad de días, si fulano debía ausentarse un sábado por una cita amorosa o hasta la contratación de verdaderas estrellas como Emerson Leao.

Zé María fue el lateral derecho de ese equipo. Muy experimentado, al punto de que integró la selección en México 70 y que pasaría a la historia del Timao por haber jugado gran parte de un partido ante Ponte Preta por el torneo paulista con la camiseta bañada en sangre. Ese gesto fue una alianza de amor incondicional para con su público, que hasta el día de hoy lo sigue vitoreando por aquel gesto tan noble. Banderas y camisetas con la imagen de Zé María sangrando están a la orden del día.

En diálogo con Puntal, así recuerda Zé María esta historia.

“Fue en un partido del campeonato paulista contra Ponte Preta en el año 79, en una pelota dividida con Juninho, que era un central del equipo contrario, en un centro choqué con él y terminé cortándome la ceja. Volví al campo con mucha sangre que me salía, eso me dio una proyección muy grande en el equipo a futuro. Era un poco mi estilo, no era un jugador técnico sino más bien temperamental, un lateral que defendía con mucha fuerza, eso me dio ese cariño del hincha, que gustaba de ese estilo. El club también exige eso, ser jugador de Corinthians te obliga a ganar, a agradarlos corriendo, luchando y quedé con esa marca muy importante para mi vida. Pasaron tantos años y se engrandece esa figura, muestra cómo era cuando jugaba al fútbol”, señala.

-Sus redes sociales están acompañadas de esa imagen, es algo que lo identificará de por vida.

-Es una marca para mí, al punto de que Nelsinho, un amigo que trabajaba en el club, hizo una bandera gigante con mi imagen ensangrentada para homenajearme en Pacaembú. Es una marca, yo no esperaba que pasara todo eso, después se hicieron camisetas con la mancha simbólica de la sangre. Como te digo, es una marca, al punto de que recibí hace poco un homenaje del club, estoy muy agradecido. Creo que el tiempo en el que jugué al futbol, la generación que teníamos representaba eso, para mí fue un momento muy feliz. No estamos acostumbrados a recibir homenajes en vida y ahora el club hace este tipo de cosas. Es emocionante contar este tipo de historias, recibir a los hinchas de esa época, amigos de la infancia, fue un día maravilloso.

-Mientras se acercaba la democracia en Brasil, ustedes en Corinthians tuvieron la propia. Cuéntenos, ¿de qué se trataba?

-En la época fue una revolución, no solo en Corinthians sino en el fútbol brasileño. Teníamos un gran presidente que nos apoyaba y dentro del plantel a Sócrates, que era un tipo muy especial, muy inteligente que venía del interior de Sao Paulo, con una mentalidad diferente sobre el comportamiento del jugador. Como estudiaba Medicina, muchas veces tenía que perderse algunas concentraciones y sugirió el hecho de tener más libertades, que las concentraciones largas de tres o cuatro días. No nos hacían tan bien principalmente los que estaban casados y tenían que dejar a la familia por una semana. Eso fue creciendo y con el movimiento democrático en Brasil se contagió el club. Con ideas, diferentes posicionamientos, comportamientos de los jugadores, la postura del capitán en el equipo. Fue encajando todo eso, la gran mayoría terminó aceptando esa forma de tomar decisiones, cambió el comportamiento del atleta, que pasó a ser visto como ciudadano y no solo como jugador de fútbol.

-Discutían y decidían todo en conjunto, incluso la contratación o no de alguna figura. ¿Era compleja esa forma de manejarse?

-Fue un avance, discutíamos cosas sobra la dirección del club principalmente, opiniones sobre las contrataciones. Había una consulta a los jugadores, pasó por ejemplo con Emerson Leao, el arquero que era diferente a nosotros, con un comportamiento especial pero un gran profesional, siendo arquero de la selección muchos años. Había algunas diferencias, no era muy abierto socialmente, pero se decidió entre nosotros también si podía venir o no, más la participación del técnico. Fue algo diferente con una integración mayor del jugador que empezó a participar mucho más. Ayudó que llegaron resultados también, el equipo ganó partidos importantes, títulos, todo encajó y salió muy bien. Después, con un cambio de política en el club no prosperó más como en un principio.

-Lula Da Silva es un hincha reconocido de Corinthians, ¿tuvo relación con él?

-Teníamos una relación cordial hasta cierto punto. Lula es corinthiano, fue invitado varias veces y participó de algunos eventos; lo conocí muy superficialmente, no tuve oportunidades de conversar más en profundidad. Era una persona muy querida en el club, aunque políticamente no hablaba mucho; fue en esa época su crecimiento político, digamos. Una personalidad muy afable, como ciudadano trabajador que llegó donde llegó. Fue una persona que hizo un trabajo social muy importante, con la población más pobre, tenía un trabajo en esa dirección. Después del resto no tengo mucho más que decir.

-Además y con la selección fue parte integrante del equipo de leyenda de México 70, ¿cómo recuerda ese campeonato?

-Era suplente del capitán Carlos Alberto, fue una selección especial, yo era muy joven, tenía entre 20 y 21 años en México. Había muchos de esa edad y muchos líderes también, jugadores que pensaban que era el último Mundial, como Carlos Alberto, Gerson Rivelino, Pelé; fue un aprendizaje muy grande, no solo el trabajo físico y técnico que se hizo, llegamos muy bien preparados y también desde lo emocional, yo aprendí mucho de esa generación, realmente valió la pena.

-Rivelino es un ídolo corinthiano. ¿Qué tiene para decir de él como jugador?

-Es un gran amigo, jugamos mucho juntos. Era un líder, capitán del equipo, unas cualidades técnicas irrepetibles tenía mucha habilidad un disparo de media distancia tremendo. No era como Maradona, de dribles cortos, por ejemplo. Aportaba mucho equilibrio, un especialista para las definiciones, es uno de los grandes ídolos del fútbol brasileño.

-Y en ese Mundial el que brilló y fue uno de los mejores fue Jairzinho.

-Jair estaba increíble, en el 70 fue el responsable de los grandes momentos de la selección, estaba inspiradísimo, su velocidad y facilidad para entrar al área y hacer goles. Jair fue uno de los grandes jugadores y decisivo para llegar al tricampeonato.

-¿Considera a Pelé el ídolo máximo del fútbol brasileño?

-Fue increíble, no hago comparaciones con ningún otro. Era un tipo imprevisible en la cancha, más allá de las cualidades, la fuerza física y el liderazgo. Conocía los caminos y los atajos más la facilidad para hacer gol, el dominio de la pelota. Hay muchos que se pueden parecer pero ninguno lo iguala.