Más allá de cierto mecanismo psíquico que detona expectativas positivas por haber sorteado el temible 2020, la arbitrariedad del calendario está lejos de afectar decididamente en el curso de las cosas. Las copas chocaron en los primeros segundos de este 2021 para que al menos este año sea “un poco mejor que el anterior” y posibilite una recuperación que tenga especialmente dos focos centrales: el sanitario y el económico. Lo que dejó la pandemia del coronavirus en la Argentina requiere de un trabajo titánico para ser revertido. Es cierto que mucho venía de arrastre, que si se quiere incluso podría ponerse el punto de partida en 2011 que fue el último año de crecimiento importante. A partir de allí fue todo zigzagueante con pendiente pronunciada entre 2018 y 2020.
Pero si bien ese 2020, que se imprimirá en los libros de historia por ser el de la pandemia mundial de Covid-19, quedó atrás, muchos de los problemas y desafíos siguieron sin importarles en qué fecha vivimos.
Por eso casi la mitad de la población debajo de la línea de la pobreza es una prioridad mayúscula que transparenta años de fracaso, como también la dificultad de la inflación que es el combustible que alimenta la expansión de esa realidad socal acuciante.
Y detrás de la escalada de precios se levantan los desequilibrios de las cuentas fiscales y sus formas de financiamiento y la cuota de especulación siempre presente. Algunos gobiernos echaron mano a la emisión monetaria, mientras otros se recostaron en un endeudamiento fuerte en el exterior. Las dos opciones, con sus correspondientes dificultades, ahora están combinadas en Argentina.
A su vez, una actividad económica deprimida presiona al empleo, que sigue perdiendo fuerza y eso quita potencia al mercado interno.
En el cierre de 2020 volvió además un clásico nacional: la suba del dólar que promete más capítulos para este comienzo de año. El billete verde dio la vuelta durante diciembre porque fue un mes en el que el Banco Central terminó con saldo comprador. Sin embargo, comenzó muy favorablemente y terminó con tensión. Y eso tiene que ver con la necesidad de muchas empresas de vender billetes verdes para hacer frente a los compromisos del último mes, como por ejemplo aguinaldos. Y luego, a medida que se liquidó el sueldo anual complementario, un sector de los trabajadores con mayores excedentes utilizaron una parte de sus ingresos para adquirir dólares y eso metió presión en el mercado. De allí que más allá del balance positivo que dejó el mes pasado para el Central, la situación del dólar está lejos de solucionarse y en realidad mira de reojo la discusión pendiente con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Ese es otro capítulo de la deuda que el Gobierno debe resolver para destrabar un nudo que lo tiene atado desde que asumió y como consecuencia de la enorme deuda externa tomada por la gestión de Mauricio Macri y que incluye también a muchas provincias que siguieron el camino marcado por la Nación y que ahora están en plena renegociación; o al menos intentándolo, como el caso de Córdoba.
Y en esa discusión del FMI hay un par de focos de conflicto: uno tiene que ver con el déficit fiscal previsto para este año y que el Gobierno estimó en el Presupuesto en el 4,5%, pero ese porcentaje fue objetado rápidamente por el organismo internacional. Está claro que si las cuentas siguen en ese rojo profundo, las posibilidades de cobrar por parte del FMI son difusas. Del mismo modo, el organismo mira la evolución de las cuentas externas del país, ese lugar en donde deben generarse los dólares para que el Fondo pueda cobrar, más allá de que existe en la negociación un período de gracia. Y cuando se miran las cuentas externas y la generación de divisas del comercio exterior, el agro aparece en primera fila porque sus cadenas generan 3 de cada 4 billetes verdes. Y se destaca que 2020 fue aflojando una tensión de origen generada con el campo que alcanzó a incorporar un capítulo de protesta a mitad de marzo, con un paro que fue más simbólico que efectivo, y terminó con varias reuniones entre el equipo económico de Alberto Fernández y el Consejo Agroindustrial Argentino que reúne a más de 50 cámaras e instituciones del mundo del campo y la agroindustria en las que discutieron varios temas de agenda. Pero antes que finalice diciembre, se conoció una medida que bloqueó la posibilidad de concretar nuevas exportaciones de maíz por los próximos 60 días que enrareció otra vez ese vínculo. De hecho, hoy está prevista una reunión virtual de la Mesa de Enlace y hay entidades allí que empujarán nuevas protestas. La argumentación que dio el Gobierno para cerrar las puertas a nuevos contratos de maíz es que no quiere faltante en el país y además busca cuidar algunas actividades que vienen padeciendo la escalada en el precio del cereal desde agosto. Si además hay existencias ajustadas es posible que se recaliente más el valor y entonces los feedlots, los criaderos de cerdos, de pollos, tambos y hasta las etanoleras tendrán ecuaciones más desequilibradas de las que actualmente muestran.
En ese enorme frente de tormenta se mantiene el Gobierno, que deberá ir cortando cables sin que nada detone, mientras en el horizonte ya asoman las decisivas elecciones de medio término.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal

