Pero hubo ahí un cortocircuito inesperado. El funcionario subió al estrado y fue levantando temperatura hasta que finalmente explotó: “Para poder llegar al todo, tenés que empezar por algo y muchos algos hemos estado haciendo estos dos años desde el Gobierno”, se envalentonó antes de hacer una notoria pausa esperando los aplausos que no llegaron. Se hizo un silencio incómodo en la sala. Fueron varios segundos que Iraeta miró al público esperando una reacción que no brotó. Y ahí redobló la apuesta: “No dije la frase esperando aplausos, pero me sorprende que no los haya”, disparó. Y luego arremetió: “Si no le ponemos un poco de flow, un poco de onda a la República Argentina y a lo que estamos haciendo, no vamos a salir nunca del pantano”.
Luego, le pidió a un colaborador suyo que estaba sentado en la primera fila, que comience a aplaudir “así alguien aplaude”. Terminó siendo casi un paso de comedia.
Pero más allá de lo anecdótico, el episodio debería ser un llamado de atención para el Gobierno, que cuenta como aliado al sector agropecuario y, tal como lo manifestó la sorpresa de Iraeta, cree que los productores deberían estar aplaudiéndolo de pie. Al parecer no hay tal ánimo en el sector. Más bien existe una preferencia marcada hacia esta gestión en contraste con la anterior, aunque en algunos comportamientos hay quienes encuentran similitudes entre lo que se presenta como opuesto.
El agro tiene una idea en común: celebra el rumbo de bajar la presión tributaria y en particular los derechos de exportación. Pero algunos memoriosos recuerdan un paso de Javier Milei justamente por Río Cuarto, cuando llegó acompañado por Roque Fernández, en plena campaña electoral. Fue exactamente un año antes de ganarle el balotaje a Sergio Massa. En aquel momento visitó la Rural local y dijo que el agro era “un sector con el que tengo mucha afinidad; creo que el campo argentino es el mejor campo del mundo. Porque la cantidad de impuestos que soportan ya hubiera quebrado a cualquier campo en cualquier otra parte. Por lo tanto, los niveles de productividad y eficiencia con los que se trabaja en Argentina es verdaderamente increíble. Por lo tanto son un actor fundamental para la Argentina del futuro. Y obviamente lo que hay que hacer es terminar con ese castigo que son las retenciones”. En ese momento, Javier Lanari, actual titular del área de Comunicación del Gobierno, resumió la exposición en su cuenta de X: “Milei expuso su plan ‘Retenciones Cero’ para el campo. Lo hizo junto a Roque Fernández en Río Cuarto. La iniciativa incluye a todos los cultivos desde el primer día de gestión”, destacó el actual funcionario.
No es entonces una rareza. La expectativa de los productores está alineada con aquella promesa de Milei que luego se encargó de sostener en reiteradas ocasiones. Pero siempre en la política se destaca que las promesas son más sencillas de sostener en campaña que en gestión.
Es que, al mismo tiempo, el equilibrio fiscal es una bandera que el Gobierno impuso desde el minuto uno y que logró desde el inicio del mandato, aún antes de lo esperado. Lo hizo a fuerza de motosierra en todo lo que pudo y con el objetivo de atacar la inflación. Alcanzó gastos superfluos, pero también sensibles como las universidades, discapacidad, salud, ciencia e investigación y obra pública, entre otros. Pero aun así, los recortes debieron continuar porque el enfriamiento de la economía es una instancia que no termina de revertir más allá de los buenos datos ocasionales, como los de marzo. Y esa dificultad condiciona la posibilidad de acelerar la baja o eliminación de retenciones. Si sigue perdiendo ingresos, la Casa Rosada deberá profundizar los recortes y es sabido que después del mundial de fútbol el proceso electoral de 2027 empezará a dibujarse en el horizonte. Más allá de su perfil, el Gobierno no querrá arriesgar el resultado electoral multiplicando el descontento con la economía. Se sabe, la economía hace ganar y perder elecciones. Y hay una parte amplia de la población que sigue sin sentir mejoras en su situación, incluyendo muchos votantes de Milei. Para revertir eso, el Gobierno debe lograr que el proceso inflacionario ratifique la caída que mostró en abril para que los salarios tengan posibilidades de mejorar su poder de compra. Porque hasta aquí siguen yendo por la escalera. En paralelo, las tasas que volvieron a encarecerse el año pasado y quitaron un elemento clave para la recuperación de la actividad como es el crédito, necesitan regresar a terrenos razonables para convertirse en combustible para el consumo y no en el lastre que potencia la morosidad.
Es el mismo crédito que reclaman también los sectores productivos para inversiones de capital para ganar competitividad. Es la micro que sigue a la espera y que será clave si el Gobierno quiere convertir una cuota del silencio en aplauso.