El estudio jurídico Storani y Asociados cumple 100 años de existencia en Río Cuarto. Fundado en el año 1917 por Teobaldo Zavala Ortiz, abuelo materno de Conrado Storani (hijo), actual funcionario nacional, tuvo desde sus orígenes una fuerte vinculación con la política. En distintos momentos a lo largo de su centenario, pasaron tres presidentes argentinos: Marcelo Torcuato de Alvear, Arturo Illia y Raúl Alfonsín (todos de la Unión Cívica Radical).
Por ser el único estudio de la ciudad en cumplir 100 años de trabajo ininterrumpido, el próximo martes 29 (Día del Abogado), el Colegio de Abogados le entregará un reconocimiento a la trayectoria. En diálogo con PUNTAL, Conrado y Luis Storani, padre e hijo, se mostraron orgullosos por el aniversario y agradecieron el acompañamiento de sus clientes.
“El estudio fue fundado por mi abuelo Teobaldo Zavala Ortiz en 1917, un año después de haberse recibido de abogado en la Universidad Nacional de Córdoba. Si bien él y su familia eran oriundos de San Luis, se instaló en Río Cuarto junto a uno de sus hermanos, Alfredo Zavala Ortiz, quien años más tarde volvió a la vecina provincia para fundar otro estudio de abogados que también está vigente en la actualidad. Tiempo después, llegó a Río Cuarto otro de los hermanos de mi abuelo, Miguel Ángel Zavala Ortiz, una de las figuras más conocidas, debido a que fue ministro de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Arturo Illia (entre octubre de 1963 y junio de 1966). Miguel Ángel fue quien logró la famosa resolución 2065 por el tema de Malvinas. Fue una tarea política brillante, ya que, gracias a esa gestión y por única vez, el territorio de las islas fue considerado colonial, y se obligaba a Gran Bretaña a discutir sobre la soberanía con la República Argentina ante la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas (situación que quedó sin efecto luego de la guerra de 1982)”, comentó Conrado Storani (hijo).
-¿Cómo siguió la historia?
-Después, se incorporó el procurador Álvaro Estévez, quien años más tarde formó su propio estudio (que hoy continúan sus nietos y bisnietos). Miguel Ángel Zavala Ortiz estuvo hasta la década de 1950, ya que fue electo diputado nacional y se fue a vivir a Buenos Aires. Mi abuelo (Teobaldo Zavala Ortiz) no se jubiló nunca. Fue abogado hasta el día que se murió, cumpliendo 54 años de ejercicio de la profesión. Tras lo cual, el estudio quedó a cargo de Luis Rodolfo Martínez, conocido por ser presidente del bloque de concejales de la UCR en la década del 70. Yo me incorporé al estudio en el año 1971, tiempo en el que también estuvo Jorge Oscar Magri, que actualmente es presidente de la Cámara Laboral de la Justicia Provincial. Compartimos varios años de trabajo, hasta que me fui a la función pública en diciembre de 1983 (asumió como secretario general de la Gobernación en el primer mandato de Eduardo César Angeloz).
-La política siempre estuvo presente en el estudio…
-Sí, efectivamente, este fue un estudio muy político, siempre tuvo una impronta radical, aunque pasaron personas de distintos lineamientos políticos. Por aquí desfilaron figuras muy importantes como el doctor Arturo Illia (presidente de la Nación entre 1963 y 1966). Años antes, cuando el estudio funcionaba en otro edificio, estuvo el doctor Marcelo Torcuato de Alvear (presidente entre 1922 y 1928). Y acá, en este mismo recinto (oficina de Storani hijo), estuvo el doctor Raúl Alfonsín (presidente entre 1983 y 1989). Alfonsín estuvo con mi padre (Conrado Storani padre no fue abogado, se dedicó a la medicina) y aquí gestaron el Movimiento Nacional de Renovación y Cambio en la provincia de Córdoba.
A todo esto, Storani (hijo) recordó que, además de los abogados nombrados anteriormente, también pasaron por el estudio Oscar Valentinuzzi, Julio Mario Rossi, Mabel Sánchez, Sandra Senn, Lucrecia Córdoba, Cynthia Sánchez y Natalia Benítez, (quien sigue vinculada a la oficina), entre otros destacados profesionales.
“En el caso de mis hijos, primero se incorporó Lucía, que dejó el estudio para ingresar a la Justicia Federal. Un año después entró mi hijo Conrado, que es el mayor, quien ahora se encuentra viviendo en la ciudad de Córdoba. Él se ocupa de la parte del estudio que tenemos en la capital provincial y también cumple funciones en la Universidad Nacional de Córdoba. El último en ingresar fue mi hijo Luis Teobaldo, que es el que me acompaña más de cerca. Luis se va a quedar con la parte del estudio de Río Cuarto (cuando Conrado hijo se jubile a fin de año). De esta manera, estamos en la cuarta generación. El estudio ha perdurado en el tiempo. Hemos llegado a los 100 años y creemos que podemos seguir por mucho tiempo más. Para nosotros, es motivo de orgullo haber llegado a esta instancia. Estamos muy agradecidos por la distinción del Colegio de Abogados, así como también estamos agradecidos con nuestros clientes, quienes nos han acompañado permanentemente”, aseguró Conrado Storani (hijo).
Etapa difícil
Más adelante, Storani contó que también vivieron momentos difíciles durante la última dictadura militar (entre los años 1976 y 1983).
“Yo era miembro del Colegio de Abogados y la verdad es que siempre me sentí apoyado por la institución al momento de defender causas sobre derechos humanos en la ciudad. No era fácil presentarse en la Justicia diciendo que uno venía a representar a un detenido. En ese sentido, el colegio nos ayudó mucho. De todas maneras, destaco especialmente a los doctores Manuel Irusta y Guillermo César Emma. Si bien ambos pertenecían a fuerzas políticas diferentes, estaban convencidos de que había que exigir el retorno de la democracia. Por aquel entonces, llegamos a hacer algunos actos institucionales que pretendían ser un tirón de orejas a la dictadura. Por supuesto que fueron cuestiones leves, pero lo cierto es que las hicimos. Fue una época muy importante, de luchas inclaudicables por los principios que hemos sostenido siempre”, aseveró.
-El ser abogado es algo que se ha transmitido de generación en generación, pese a que su padre fue médico. Sus tres hijos eligieron ser abogados, ¿tiene nietos que puedan continuar el legado?
-Tengo 6 nietos, pero son chicos todavía. El más grande tiene 14 años y el más chico tiene 9 meses, es hijo de Luis. De todas maneras, seguro alguno va a ser abogado (risas). Siempre, junto a mi esposa (María Teresa Gentile), hemos tratado de darles mucha libertad para que cada uno eligiera lo que quisiera.
-¿En qué lugares funcionó el estudio en estos 100 años?
-Al principio, cuando arrancó mi abuelo, el estudio funcionó en un local que estaba en la calle Constitución al 524. Después se trasladó a la esquina de Alvear y Moreno, donde hasta hace un tiempo funcionó el Registro Civil. Fue la época en la que mi abuelo trabajó junto a su hermano Miguel Ángel. Asimismo, también se utilizó una oficina que se ubicaba sobre calle Alvear, cerca de donde hoy es el Colegio de Abogados. Ese fue el sitio que visitó Marcelo T. de Alvear, después de haber sido presidente. Finalmente, el estudio se trasladó al edificio que ocupamos actualmente. Hace muchos años que estamos acá (calle Constitución al 1000). En mi caso, este año cumplo 46 años de profesión.
La opinión de Luis
Luis Teobaldo Storani ingresó al staff de abogados hace alrededor de 5 años. Tal como lo anticipó su padre, él es quien continuará al frente del estudio centenario.
En la charla con PUNTAL, Luis dijo sentir admiración por la trayectoria de su papá.
-¿Te sentiste presionado al momento de entrar a trabajar en el estudio familiar?
-Algo de presión hubo. Llevo con mucho orgullo el apellido de mi viejo, porque me ha enseñado muchas cosas en la vida y porque conozco su trayectoria de primera mano. Merece toda mi admiración. Mi viejo nos enseñó a cada uno de nosotros que teníamos que hacer nuestro propio camino y nos dijo que no debíamos cargar con ninguna mochila ajena. Pudimos haber estudiado cualquier carrera, tuvimos la suerte de poder elegir; se dio la casualidad de que los tres optamos por ser abogados.
-¿Cómo ves la profesión en la actualidad?
-En Río Cuarto tenemos un foro en el que cada vez hay más colegas. Esto quiere decir que hay más competencia. Sin embargo, el trato es bastante amigable. Existen algunos códigos no escritos de convivencia entre todos los colegas que se van respetando. Por otro lado, en cuanto al desempeño de la Justicia, vemos las falencias que nota todo el mundo. Los problemas no tienen que ver con las personas que prestan servicios en la Justicia. De hecho, hay una gran vocación y eso es lo que sostiene las prestaciones. Evidentemente, como se ha manifestado en reiteradas oportunidades, la ciudad necesita más juzgados, sobre todo en aquellos foros que están muy saturados, como el caso del fuero penal y el fuero laboral. Más allá de los inconvenientes, las relaciones son amenas.
“El estudio fue fundado por mi abuelo Teobaldo Zavala Ortiz en 1917, un año después de haberse recibido de abogado en la Universidad Nacional de Córdoba. Si bien él y su familia eran oriundos de San Luis, se instaló en Río Cuarto junto a uno de sus hermanos, Alfredo Zavala Ortiz, quien años más tarde volvió a la vecina provincia para fundar otro estudio de abogados que también está vigente en la actualidad. Tiempo después, llegó a Río Cuarto otro de los hermanos de mi abuelo, Miguel Ángel Zavala Ortiz, una de las figuras más conocidas, debido a que fue ministro de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Arturo Illia (entre octubre de 1963 y junio de 1966). Miguel Ángel fue quien logró la famosa resolución 2065 por el tema de Malvinas. Fue una tarea política brillante, ya que, gracias a esa gestión y por única vez, el territorio de las islas fue considerado colonial, y se obligaba a Gran Bretaña a discutir sobre la soberanía con la República Argentina ante la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas (situación que quedó sin efecto luego de la guerra de 1982)”, comentó Conrado Storani (hijo).
-¿Cómo siguió la historia?
-Después, se incorporó el procurador Álvaro Estévez, quien años más tarde formó su propio estudio (que hoy continúan sus nietos y bisnietos). Miguel Ángel Zavala Ortiz estuvo hasta la década de 1950, ya que fue electo diputado nacional y se fue a vivir a Buenos Aires. Mi abuelo (Teobaldo Zavala Ortiz) no se jubiló nunca. Fue abogado hasta el día que se murió, cumpliendo 54 años de ejercicio de la profesión. Tras lo cual, el estudio quedó a cargo de Luis Rodolfo Martínez, conocido por ser presidente del bloque de concejales de la UCR en la década del 70. Yo me incorporé al estudio en el año 1971, tiempo en el que también estuvo Jorge Oscar Magri, que actualmente es presidente de la Cámara Laboral de la Justicia Provincial. Compartimos varios años de trabajo, hasta que me fui a la función pública en diciembre de 1983 (asumió como secretario general de la Gobernación en el primer mandato de Eduardo César Angeloz).
-La política siempre estuvo presente en el estudio…
-Sí, efectivamente, este fue un estudio muy político, siempre tuvo una impronta radical, aunque pasaron personas de distintos lineamientos políticos. Por aquí desfilaron figuras muy importantes como el doctor Arturo Illia (presidente de la Nación entre 1963 y 1966). Años antes, cuando el estudio funcionaba en otro edificio, estuvo el doctor Marcelo Torcuato de Alvear (presidente entre 1922 y 1928). Y acá, en este mismo recinto (oficina de Storani hijo), estuvo el doctor Raúl Alfonsín (presidente entre 1983 y 1989). Alfonsín estuvo con mi padre (Conrado Storani padre no fue abogado, se dedicó a la medicina) y aquí gestaron el Movimiento Nacional de Renovación y Cambio en la provincia de Córdoba.
A todo esto, Storani (hijo) recordó que, además de los abogados nombrados anteriormente, también pasaron por el estudio Oscar Valentinuzzi, Julio Mario Rossi, Mabel Sánchez, Sandra Senn, Lucrecia Córdoba, Cynthia Sánchez y Natalia Benítez, (quien sigue vinculada a la oficina), entre otros destacados profesionales.
“En el caso de mis hijos, primero se incorporó Lucía, que dejó el estudio para ingresar a la Justicia Federal. Un año después entró mi hijo Conrado, que es el mayor, quien ahora se encuentra viviendo en la ciudad de Córdoba. Él se ocupa de la parte del estudio que tenemos en la capital provincial y también cumple funciones en la Universidad Nacional de Córdoba. El último en ingresar fue mi hijo Luis Teobaldo, que es el que me acompaña más de cerca. Luis se va a quedar con la parte del estudio de Río Cuarto (cuando Conrado hijo se jubile a fin de año). De esta manera, estamos en la cuarta generación. El estudio ha perdurado en el tiempo. Hemos llegado a los 100 años y creemos que podemos seguir por mucho tiempo más. Para nosotros, es motivo de orgullo haber llegado a esta instancia. Estamos muy agradecidos por la distinción del Colegio de Abogados, así como también estamos agradecidos con nuestros clientes, quienes nos han acompañado permanentemente”, aseguró Conrado Storani (hijo).
Etapa difícil
Más adelante, Storani contó que también vivieron momentos difíciles durante la última dictadura militar (entre los años 1976 y 1983).
“Yo era miembro del Colegio de Abogados y la verdad es que siempre me sentí apoyado por la institución al momento de defender causas sobre derechos humanos en la ciudad. No era fácil presentarse en la Justicia diciendo que uno venía a representar a un detenido. En ese sentido, el colegio nos ayudó mucho. De todas maneras, destaco especialmente a los doctores Manuel Irusta y Guillermo César Emma. Si bien ambos pertenecían a fuerzas políticas diferentes, estaban convencidos de que había que exigir el retorno de la democracia. Por aquel entonces, llegamos a hacer algunos actos institucionales que pretendían ser un tirón de orejas a la dictadura. Por supuesto que fueron cuestiones leves, pero lo cierto es que las hicimos. Fue una época muy importante, de luchas inclaudicables por los principios que hemos sostenido siempre”, aseveró.
-El ser abogado es algo que se ha transmitido de generación en generación, pese a que su padre fue médico. Sus tres hijos eligieron ser abogados, ¿tiene nietos que puedan continuar el legado?
-Tengo 6 nietos, pero son chicos todavía. El más grande tiene 14 años y el más chico tiene 9 meses, es hijo de Luis. De todas maneras, seguro alguno va a ser abogado (risas). Siempre, junto a mi esposa (María Teresa Gentile), hemos tratado de darles mucha libertad para que cada uno eligiera lo que quisiera.
-¿En qué lugares funcionó el estudio en estos 100 años?
-Al principio, cuando arrancó mi abuelo, el estudio funcionó en un local que estaba en la calle Constitución al 524. Después se trasladó a la esquina de Alvear y Moreno, donde hasta hace un tiempo funcionó el Registro Civil. Fue la época en la que mi abuelo trabajó junto a su hermano Miguel Ángel. Asimismo, también se utilizó una oficina que se ubicaba sobre calle Alvear, cerca de donde hoy es el Colegio de Abogados. Ese fue el sitio que visitó Marcelo T. de Alvear, después de haber sido presidente. Finalmente, el estudio se trasladó al edificio que ocupamos actualmente. Hace muchos años que estamos acá (calle Constitución al 1000). En mi caso, este año cumplo 46 años de profesión.
La opinión de Luis
Luis Teobaldo Storani ingresó al staff de abogados hace alrededor de 5 años. Tal como lo anticipó su padre, él es quien continuará al frente del estudio centenario.
En la charla con PUNTAL, Luis dijo sentir admiración por la trayectoria de su papá.
-¿Te sentiste presionado al momento de entrar a trabajar en el estudio familiar?
-Algo de presión hubo. Llevo con mucho orgullo el apellido de mi viejo, porque me ha enseñado muchas cosas en la vida y porque conozco su trayectoria de primera mano. Merece toda mi admiración. Mi viejo nos enseñó a cada uno de nosotros que teníamos que hacer nuestro propio camino y nos dijo que no debíamos cargar con ninguna mochila ajena. Pudimos haber estudiado cualquier carrera, tuvimos la suerte de poder elegir; se dio la casualidad de que los tres optamos por ser abogados.
-¿Cómo ves la profesión en la actualidad?
-En Río Cuarto tenemos un foro en el que cada vez hay más colegas. Esto quiere decir que hay más competencia. Sin embargo, el trato es bastante amigable. Existen algunos códigos no escritos de convivencia entre todos los colegas que se van respetando. Por otro lado, en cuanto al desempeño de la Justicia, vemos las falencias que nota todo el mundo. Los problemas no tienen que ver con las personas que prestan servicios en la Justicia. De hecho, hay una gran vocación y eso es lo que sostiene las prestaciones. Evidentemente, como se ha manifestado en reiteradas oportunidades, la ciudad necesita más juzgados, sobre todo en aquellos foros que están muy saturados, como el caso del fuero penal y el fuero laboral. Más allá de los inconvenientes, las relaciones son amenas.

