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Más críticas: “Se convirtió un evento obstétrico en un hecho político”

Soledad Deza, integrante de Católicas por el Derecho a Decidir, cuestionó que no se hayan respetado los derechos de la niña. Habló de un menosprecio de la autonomía de la criatura por parte de amigos y opositores.

Soledad Deza, abogada e integrante de la Red de Católicas por el Derecho a Decidir, criticó que tanto los políticos como los activistas de un lado y del otro convirtieron “un evento obstétrico en un hecho político”.

“Desde Católicas estamos acompañando a la mamá y a la nena, con las compañeras que están en el Hospital en Jujuy. Todavía no tomaron una decisión de cómo van a continuar, pero sí la mujer está fastidiada por la violación de confidencialidad que realizó el ministro de Salud con la vida de su hija”, comentó la abogada a Puntal.

-¿En qué sentido?

-Esa nena, que tiene 12, que fue violada, tiene que volver a la escuela, a su vida normal. Y ahora todo el mundo sabe que se le realizó una cesárea, qué decisión tomó, cómo se dio el proceso. Todo eso no debería haber trascendido.  Además, se sumaron sectores fundamentalistas, como también movimientos de mujeres, que con buena o mala intención terminaron hablando de la vida de la criatura y no puede el cuerpo ni la vida de una criatura ser una bandera de ningún grupo. Todo el mundo sabe que la criatura ha sido violada, que ha elegido una cesárea, nada de eso lo ha dicho ella, la voz de la niña no está en ninguna parte. Gente amiga, en contra, todo el mundo está subtitulando y menospreciando la autonomía de esa criatura. ¿En qué momento el movimiento de mujeres se erige como jueza de otras mujeres?¿En qué momento un ministro elige por conveniencia la intimidad y confencialidad de una niña?

-¿La nena tuvo acompañamiento legal?

-Ella ingresa al sistema público de salud el viernes. La acompaña una abogada de la guardia feminista, quien la ayuda a ingresar al sistema de salud. Se desencadena la atención sanitaria en San Pedro, luego se la deriva al hospital materno infantil en San Salvador, porque no le quieren hacer la interrupción. Ahí les dan las alternativas terapéuticas que incluían la cesárea y ellas eligen eso. Quiero aclarar que la derivación está contemplada en el protocolo, no estuvo mal hecha.

-¿Qué opina de la resolución del caso?

-Es un caso extremo. Yo acompañé muchos casos que encuadran en ILE. Este no es el más desafortunado pero es extremo, por la edad gestacional. Es hora que desde los feminismos aceptemos que no es lo mismo interrumpir un embarazo en el primer trimestre, en el segundo o  en el tercero.

Realizar un aborto no es fácil porque la protección de la vida es gradual. Eso se llama viabilidad, que tiene efectos jurídicos y en la ciencia. Sería hora de empezar a ser más honestos y honestas con nuestros posicionamientos. No puedo menospreciar a un profesional de la salud que ha llevado a cabo una intervención, no puedo cuestionar la decisión. Como sociedad y como feminismos tenemos que mirar más allá.  La viabilidad es un problema que está presente y por eso se está hablando de este caso. Aunque haya gente que quiera decir que es un trámite, es un caso complejo.

-En este caso la interrupción del embarazo no fue mediante un aborto...

-Técnicamente un aborto es interrumpir gestación, con el fin de producir la muerte del feto. Aquí se interrumpió la gestación y la alternativa terapéutica permitía que ocurran dos cosas: que haya un nacimiento con vida o no, esa es la realidad. Lo que se va a hacer después es lo que pasa con cualquier caso de adopción, no sé qué va a pasar con la criatura.

Defender la salud de la niña

La abogada tucumana criticó las posturas en contra de la decisión que tomaron la niña junto a su madre de acceder a una microcesárea. “Cuando uno milita aborto, quiere hacer desaparecer ciertas categorías, pero cada caso tiene que ser evaluado en su particularidad, como este”, dijo. 

“Sí lo que debemos defender es que el Estado tiene que garantizar la ILE y que no hay límites en casos de violación o si corre peligro la vida de la mujer, ella tiene derecho a proteger su vida”, agregó.

Por otra parte, “en el caso de toda niña que cursa un embarazo, lo cual supone un peligro para su salud, pongamos el interior superior en la niña y dejemos de proteger la convención de los derechos del niño para votar en contra”, indicó.

-¿Considera que la intervención realizada se instrumentalizó a la niña a favor del feto? 

-Cualquier instrumentalización de cualquier vida siempre va a estar mal. Yo no creo que haya sucedido eso, pero si lo que hizo el Estado es instrumentalizar esa niña al servicio de una gestación para lograr un nacimiento con vida es éticamente reprochable y censurable. Como también es censurable cuando desde los distintos espacios políticos partidarios se utiliza la vida. Todas las posturas son malas porque perdemos el foco: esa niña tiene que volver a su vida, recuperar su vida.

-¿Por qué cree que el caso llegó al Ministerio de Salud, cuando según el protocolo de ILE podría haber seguido su curso normal?

-Orgánicamente el ministro de Salud tiene rectoría en materia sanitaria. Ahora, ¿qué hace la vida de la criatura en boca del ministro? Se podría haber resuelto puertas adentro. La pregunta que subyace frente a cada interrupción de embarazo que encuentra algún obstáculo o barrera sanitaria en cualquier provincia es ¿cuándo un evento obstétrico pasa de ser un evento privado a ser un evento político? ¿Hasta dónde la maternidad continúa siendo un hecho público y se vuelve pública la obligación de maternar, cueste lo que cueste?



M.B. Redacción Puntal