Un recorrido por las representaciones del aborto en la literatura argentina
Las investigadoras y docentes Elsa Drucaroff e Ilona Aczel dialogan con Télam sobre cómo fue narrado el aborto en la literatura argentina y trazan un mapa de lecturas que contiene ficciones de Roberto Arlt, Jorge Asís, Washington Cucurto, Ana María Shua, Sara Gallardo y Samanta Schweblin, entre muchos otros que abordaron este tema transformando imaginarios, consolidando perspectivas o planteando nuevas preguntas.
Ambas coinciden con ubicar a "Enero", la novela de Sara Gallardo publicada en 1958, como un punto de inflexión en las representaciones sobre el aborto, ya que si bien no está nombrado, está narrado como una posibilidad (fallida) para Nefer, esa protagonista que al darse cuenta de que está embarazada producto de una violación no puede decirlo porque implica la deshonra familiar.
Con puntos de encuentro y diferencias en sus perspectivas, Drucaroff y Aczel abordan los diálogos que se fueron estableciendo entre los crecientes feminismos y la producción de ficciones en las que el aborto es representado como una experiencia compleja que implica el derecho a decidir sobre los cuerpos y su capacidad para proyectar vidas.
"Desde la vuelta a la democracia, las luchas feministas logran diversos derechos y la legalización del aborto vuelve a la agenda política. En consonancia, el tema retorna a la literatura y estalla hacia mediados de 2000", explica Aczel, quien realizó una investigación sobre aborto y literatura para el volumen "Historia feminista de la literatura argentina. En la intemperie. Poéticas de la fragilidad y la revuelta", que publicó hace poquitos meses el sello Eduvim.
En ese retorno del tema, ubica "Nadie alzaba la voz" (1994) de Paula Varsavsky, "Yo era una chica moderna" de César Aira (2004), "El curandero del amor" de Washington Cucurto (2006), "Elena sabe" (2007) y "Tuya" (2008) de Claudia Piñeiro. Además recupera las ficciones "Lanús" (2008) de Sergio Olguín, "Las primas" (2009) de Aurora Venturini, “Conservas” de Samanta Schweblin (2009), “Los años intoxicados” de Mariana Enriquez (2016), "Aborto. Una novela ilegal" de Ariel Magnus (2018) y "Jellyfish. Diario de un aborto" de Carlos Godoy (2019), en los que se cuestiona su ilegalidad y se exponen sus consecuencias.
Para Drucaroff, el creciente debate e impulso de la agenda feminista impacta mucho pero puede hacerlo mal "cuando alienta al panfleto, a escribir/publicar desde la bajada de línea y no desde las contradicciones feroces, las ambivalencias insoslayables del problema, que no es sólo el aborto sino las relaciones entre mujeres y maternidad, cuya infinita complejidad está silenciada".
"Siempre que un tema está candente aparece mala literatura que baja línea en lugar de hacer preguntas, eso no es un problema porque también aparece otra literatura que deslumbra. Entre lo deslumbrante, de raro, indirecto modo, Silvina Ocampo también es pionera, pero hoy hay potentes obras de escritoras más jóvenes", señala y nombra el trabajo de Claudia Piñeiro en "Elena sabe", gran parte de los textos de Samanta Schweblin, novelas como "Pendiente" de Mariana Dimópulos, "La huésped", de Florencia del Campo, "Una nena muy blanca", de Mariana Komiseroff y el poema "Legrado" de Soledad Castresana.
Otra escritora que sí habló sobre aborto, recuerda Drucaroff, es Ana María Shua en "Los amores de Laurita": "Salvo muy honrosas excepciones, la crítica de entonces leyó esa novela en clave Arlt-Asís: aventuras de una burguesita frívola y putita; la compleja construcción que hace esa novela del aborto casi no se entendió, se la tapó con la misma mirada masculina: el aborto como un tropezón que una billetera resuelve sin riesgos, para seguir fornicando. Pero el aborto de Laurita es un hito brutal de crecimiento y autoconocimiento, además de un punto de inflexión de una historia de amor adolescente donde Laurita y Gerardo entienden frente al aborto los límites de su deseo de estar juntos".
Como escribe Aczel en su estudio "Literatura argentina y aborto: intervención inicial sobre un corpus embrionario", "desde los primeros textos literarios argentinos el cuerpo femenino se confunde metafóricamente con el territorio de la patria. Desde esta posición naturalizada, se instituye socialmente a las mujeres como las responsables de no dejarse “conquistar”, de negar su sexualidad hasta el matrimonio y demostrar tanto su valía como la de su familia".
La apropiación
Aczel dice que "a partir de 2015, en el marco de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, los feminismos se apropian de la literatura y le devuelven su carácter radicalmente político, multiplicándola en granadas verdes", y grafica que ese año, "para transformar los imaginarios sobre aborto voluntario con misoprostol, la colectiva La Revuelta publicó 'Entre ellas y nosotras: los abortos. (Relatos de activistas feministas socorristas aborteras)' de Socorristas en Red y 'Código Rosa. Relatos sobre abortos' de Dahiana Belfiori".
En ese sentido, recupera la experiencia de 2018, cuando durante el primer debate sobre su legalización, todas las semanas se leyeron poesías frente al Congreso, y eso se plasmó en el libro "Martes verdes", y se armaron compilaciones poéticas firmadas por colectivos de artistas para circular como panfletos como "Somos centelleantes" y "Ya! Aborto legal, seguro y gratuito".
Para Drucaroff, "habilitada por la lucha del movimiento de mujeres por legalizar nuestro derecho a decidir, hoy hay gran literatura de mujeres que explora representaciones nuevas de una experiencia tan antigua como nuestra especie, intransferiblemente no-masculina y por eso enmudecida en sus contradicciones y sus complejidades. Una experiencia que ahora sí, guste o no guste, habla. Y no dice lo que la sociedad esperaba".