La larga cadena de la accesibilidad suele estar cortada en muchos de los eslabones en diferentes sectores de la ciudad, lo que termina echando por tierra el esfuerzo de algunos por sostener una mejora para las personas con dificultades motrices. Para quienes se desplazan sin dificultades muchas veces es difícil advertir los serios obstáculos que debe enfrentar alguien en silla de ruedas para moverse sin depender de nadie. En los barrios, la situación es mucho más compleja aún.
Ayer, después de insistir y golpear puertas durante mucho tiempo, en los alrededores del viejo hospital comenzó a darse un cambio significativo. Eso no implica que se trate de grandes obras, pero sí de unas que permitirán que a muchos les signifique ahora tener la posibilidad de subirse a los colectivos urbanos adaptados con rampas.
Es que la cadena de accesibilidad estaba cortada en el segundo eslabón. Comenzaron a circular colectivos adaptados, pero los accesos en las paradas de ómnibus, que correspondería que realizara al Estado, no existían. En muchas esquinas había hasta 50 centímetros de diferencia entre el nivel de la vereda de tierra y la calle. En otras no hay cordón y por lo tanto la posibilidad de que la rampa del colectivo se apoye para el ingreso de la silla de ruedas tampoco es posible. Por eso, ahora que hay unidades en la línea 2 y 18 con accesibilidad, la intención es avanzar en las paradas.
“Comenzamos a dialogar con la empresa y vimos una buena predisposición para no esperar más y en la medida de lo posible iniciar un plan de a poco para ir trabajando en las paradas con plataformas de cemento”, explicó ayer Verónica Pipino, de la Fundación Santiago Yuni.
A su lado, el presidente de la SAT, Julio Titarelli, explicó: “Empezamos con cinco paradas alrededor del viejo hospital a las que le garantizamos la accesibilidad; más allá de que es un trabajo que no le corresponde a la empresa, decidimos acompañar el esfuerzo de estas instituciones que buscan mejorarles la vida a quienes tienen alguna dificultad motriz. Vamos a seguir avanzando dentro de las posibilidades”, adelantó, aunque el camino es largo: entre el viejo hospital y la Universidad, que son los puntos que une la línea 2, hay más de 200 paradas.
A la recorrida también se sumó Germán Blanc, del departamento de Discapacidad del Municipio, quien destacó el inicio de las obras y pidió continuar un trabajo conjunto entre los distintos actores.
Sin embargo, tanto Pipino como Titarelli insistieron en la necesidad de una mayor presencia del Estado, que acompañe y facilite los trabajos. Es que, como coincidieron ambos ayer, los problemas de accesibilidad requieren de una respuesta integral que se ocupe del mal estado de las veredas, los desniveles entre las calles -muchas rotas y otras de tierra, difíciles de transitar- y las paradas, con cordón cuneta que no cuenta con rampas, entre otras barreras que se levantan para las personas con discapacidad.
La larga cadena empezó a sumar los segundos eslabones, pero quedan aún muchos deteriorados. Ahora que hay unidades de colectivos preparadas y empiezan a sumarse paradas, faltan veredas y calles. “En la vereda hay una responsabilidad del frentista y también del Estado en preocuparse. Hay que trabajar fuertemente en concientizar para que las personas adviertan sobre la necesidad de tener en condiciones, a nivel, su vereda porque eso ayuda y mucho a las personas con dificultades de movilidad”, remarcó Pipino.
Una de las paradas que ya cuenta con una mejor accesibilidad está al frente del viejo hospital. Allí, de todos modos, aún las veredas complican el tránsito por su marcado deterioro. Casualmente allí conviven desde el Espacio Illia, de adultos mayores, hasta la junta de discapacidad y un pabellón de rehabilitación, todos lugares con fuerte presencia de personas que necesitan una buena accesibilidad. Luego, sobre Mosconi al 500, en una esquina fue necesario primero nivelar la vereda, que tenía más de 50 centímetros de diferencia de nivel con la calle y no existía el cordón, luego se hizo una rampa. Otra se concretó en Mosconi y Fernández y también en Juan de Dios López.
Es que la cadena de accesibilidad estaba cortada en el segundo eslabón. Comenzaron a circular colectivos adaptados, pero los accesos en las paradas de ómnibus, que correspondería que realizara al Estado, no existían. En muchas esquinas había hasta 50 centímetros de diferencia entre el nivel de la vereda de tierra y la calle. En otras no hay cordón y por lo tanto la posibilidad de que la rampa del colectivo se apoye para el ingreso de la silla de ruedas tampoco es posible. Por eso, ahora que hay unidades en la línea 2 y 18 con accesibilidad, la intención es avanzar en las paradas.
“Comenzamos a dialogar con la empresa y vimos una buena predisposición para no esperar más y en la medida de lo posible iniciar un plan de a poco para ir trabajando en las paradas con plataformas de cemento”, explicó ayer Verónica Pipino, de la Fundación Santiago Yuni.
A su lado, el presidente de la SAT, Julio Titarelli, explicó: “Empezamos con cinco paradas alrededor del viejo hospital a las que le garantizamos la accesibilidad; más allá de que es un trabajo que no le corresponde a la empresa, decidimos acompañar el esfuerzo de estas instituciones que buscan mejorarles la vida a quienes tienen alguna dificultad motriz. Vamos a seguir avanzando dentro de las posibilidades”, adelantó, aunque el camino es largo: entre el viejo hospital y la Universidad, que son los puntos que une la línea 2, hay más de 200 paradas.
A la recorrida también se sumó Germán Blanc, del departamento de Discapacidad del Municipio, quien destacó el inicio de las obras y pidió continuar un trabajo conjunto entre los distintos actores.
Sin embargo, tanto Pipino como Titarelli insistieron en la necesidad de una mayor presencia del Estado, que acompañe y facilite los trabajos. Es que, como coincidieron ambos ayer, los problemas de accesibilidad requieren de una respuesta integral que se ocupe del mal estado de las veredas, los desniveles entre las calles -muchas rotas y otras de tierra, difíciles de transitar- y las paradas, con cordón cuneta que no cuenta con rampas, entre otras barreras que se levantan para las personas con discapacidad.
La larga cadena empezó a sumar los segundos eslabones, pero quedan aún muchos deteriorados. Ahora que hay unidades de colectivos preparadas y empiezan a sumarse paradas, faltan veredas y calles. “En la vereda hay una responsabilidad del frentista y también del Estado en preocuparse. Hay que trabajar fuertemente en concientizar para que las personas adviertan sobre la necesidad de tener en condiciones, a nivel, su vereda porque eso ayuda y mucho a las personas con dificultades de movilidad”, remarcó Pipino.
Una de las paradas que ya cuenta con una mejor accesibilidad está al frente del viejo hospital. Allí, de todos modos, aún las veredas complican el tránsito por su marcado deterioro. Casualmente allí conviven desde el Espacio Illia, de adultos mayores, hasta la junta de discapacidad y un pabellón de rehabilitación, todos lugares con fuerte presencia de personas que necesitan una buena accesibilidad. Luego, sobre Mosconi al 500, en una esquina fue necesario primero nivelar la vereda, que tenía más de 50 centímetros de diferencia de nivel con la calle y no existía el cordón, luego se hizo una rampa. Otra se concretó en Mosconi y Fernández y también en Juan de Dios López.

