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Preocupación de las ONG que trabajan con el deporte para la contención de los niños

La mayoría asegura que debió cortar las actividades ante la suba de contagios, pero que no pueden mantener los lazos por la poca conectividad y así pierden lo hecho en años de acompañamiento a los chicos. Señalan que también les faltan recursos económicos

La necesaria decisión de regresar al confinamiento para hacer frente al creciente número de casos de Covid-19 tiene muchas repercusiones en distintos ámbitos. El económico y el educativo quizás son los más resonantes y que generan más preocupación en la ciudadanía. Aquellos que practican deportes también se han manifestado en contra de las medidas, pero hay otros espacios que, invisibilizados, padecen el impacto de la pandemia y de las medidas que se deben tomar en contra de los contagios.

Este es el caso de los proyectos barriales que buscan, a través del deporte, dar contención social a las poblaciones más vulneradas. Organizaciones que con mucho esfuerzo y casi sin ayuda de los organismos gubernamentales intentan acompañar a niñas, niños y adolescentes ante complicadas situaciones.

“Ahora estamos padeciendo la necesidad de juntar algún dinero para poder pagarle a la liga, no tenemos ningún tipo de entrada”, dice Carlos Gariboglio, que agrega: “Nosotros no les cobramos cuotas a los chicos, pero siempre nos manejamos con la organización de eventos, con la cantina o la venta de comida”.

Ya en la educación se ha observado y cuestionado la falta de acceso a la conectividad en los barrios periféricos, y la experiencia de muchos clubes para mantener el vínculo con los niños es similar.

Carlos Gariboglio conduce el trabajo del Rosario Fútbol Club desde hace años y con resultados asombrosos ha llevado a muchos chicos y chicas a participar de espacios a los que les hubiera sido imposible llegar sin acompañamiento, por los costos de la disciplina, las distancias y hasta el acceso a determinados elementos para jugar. Sin embargo, en este momento la actividad se ha complicado notablemente, y su director manifiesta la preocupación.

“Este 2021 hubiera sido un año hermoso porque teníamos muchos chicos, pero esta situación nos cortó todo. Ahora estamos padeciendo la necesidad de juntar algún dinero para poder pagarle a la liga, no tenemos ningún tipo de entrada”, dice Gariboglio, que agrega: “Nosotros no les cobramos cuotas a los chicos, pero siempre nos manejamos con la organización de eventos, con la cantina o la venta de comida. Ahora no tenemos nada, nos dicen que hasta agosto no tendremos ayuda, así que esperamos ver qué pasa. Nos prometen muchas cosas, pero no nos ayudan”.

Consultado sobre cómo venían trabajando con los jugadores en el último tiempo, Gariboglio indicó que en noviembre de 2020 comenzaron con las actividades cuando se reabrió todo; “estábamos contentos porque habíamos empezado a recuperar a muchos chicos. No paramos en el tiempo de vacaciones, sumamos a muchos chicos que habían comenzado a tener problemas de obesidad por los ritmos de vida que traían. Pero hoy volvemos todo para atrás, teníamos todo planificado, seguimos trabajando dependiendo de la pandemia, pero ahora se volvió a perder”, señaló en diálogo con Puntal.

- ¿Cuánto afectan a la actividad y la contención de los chicos estos cortes?

- Estamos preocupados porque puede volver toda la deserción y tendremos que salir a recuperar los chicos que se perdieron. Esperemos que vuelva todo pronto, a ver si podemos comenzar a trabajar. Ahora es muy poco lo que podemos hacer, estamos limitados a lo que viene pasando.

Por su parte, Soledad Núñez, de la agrupación “Amigos de la Vida”, en barrio Obrero, señala que estuvieron dictando clases de fútbol hasta la semana pasada, cuando se cerraron las actividades por el regreso al confinamiento. “Esta semana el profesor comenzó a mandar videos de ejercicios, pero la mayoría de los chicos no tienen celular y si les mandamos a los padres es raro que se los presten a los chicos para que los hagan. A esto se suma que es difícil que los chicos hagan devoluciones con videos”, comentó.

Explicó que, por otra parte, se ha cortado el vínculo entre los propios compañeros y con el profesor, “no es lo mismo el contacto personal que el virtual”, asegura. En este sentido, sostuvo: “Sabemos que debemos esperar a ver qué pasa. Creo que esta situación ha afectado mucho la contención que podíamos darles a los chicos, sobre todo porque ellos en el barrio andan todo el día en la calle, y si había deporte al menos los padres saben que ellos pasan dos horas por día, dos o tres veces a la semana, en la actividad”.

Se nota mucho el no estar allí, la demanda de los chicos, porque en los barrios el contexto es muy diferente, tienen mucho tiempo libre. Se nota mucho el no estar allí, la demanda de los chicos, porque en los barrios el contexto es muy diferente, tienen mucho tiempo libre.

Soledad indicó que hace 2 años no dictan más hockey, cuando se cerró el proyecto que se había dado con el Presupuesto Participativo y no tuvo continuidad. Ahora el profesor que da fútbol lo hace como práctica antes de recibirse en Educación Física.

También en el sector sur de Alberdi, José Veas y el equipo del merendero “Más que Ángel”, realizan diversas tareas con el fútbol y con varias copas de leche que con la actividad deportiva como excusa reciben a los pibes para escucharlos, darles contención y brindarles una merienda, en un duro contexto como el actual.

“Desde que comenzó la pandemia se tuvo que suspender todo en el barrio”, dijo Veas a Puntal, y explicó que este año, cuando se comenzó a abrir el espacio deportivo, “averiguamos el protocolo que tenía la Provincia para el fútbol y decidimos darles a los chicos entrenamientos individuales”. En un predio los separaban y aplicaban a cada medida de protocolo. “Finalmente, cuando se cortó todo no hicimos más entrenamiento y como los chicos no tienen acceso a Internet o un celular, se frenó también el vínculo. El único contacto que tenemos con ellos es el que se da cuando nos cruzamos en las calles y les podemos preguntar cómo están”, concluyó.

- ¿Cuál es la situación de los chicos ante este contexto actual y la imposibilidad de volver a los entrenamientos?

- Ellos nos preguntan cuándo pueden volver a entrenar, porque se aburren por no ir a la escuela, están mucho en la calle. El afecto con los chicos no se puede mantener, porque antes en los entrenamientos podíamos saber cómo les iba, cómo estaban en la escuela, ahora es un hola y chau. A fin del 2020, cuando los chicos volvieron a entrenar, fue una gran alegría para todos, pero por la pandemia y la cantidad de contagios decidimos dejar de entrenarlos. Vemos que hay lugares en los que se entrena con niños, pero desde el merendero decidimos no hacerlo para protegerlos a ellos y a los grandes. Siempre fue muy importante ese vínculo que teníamos con ellos, es necesario darles apoyo y afecto que quizás en otros espacios no reciben, y muchos quedan expuestos a problemáticas como las adicciones.

En el sector de barrio Oncativo y en el este de Alberdi, un grupo de trabajadores territoriales al que pertenece Santiago Arcostanzo lleva a cabo actividades sociales con el deporte desde tiempo antes del inicio de la pandemia. Comenta que con las restricciones y el aumento de casos se complicó notablemente la actividad.

“Se nos complicó mucho la actividad, actualmente no estamos haciendo actividades de fútbol por las restricciones, pero ya veníamos complicados porque se podía entrenar pero no hacer encuentros contra otras copas de leche o equipos”, dijo Arcostanzo, y comentó: “Nosotros nos encontrábamos martes y jueves y los fines de semana hacíamos alguna jornada con otros chicos. Había semanas en las que se podía y otras en las que no, dependiendo de las restricciones”.

- ¿Sienten dificultades en la contención ante la falta de contacto en los entrenamientos?

- Actualmente se nota mucho el no estar allí, la demanda de los chicos, porque en los barrios el contexto es muy diferente porque no van al colegio, se quedan en la casa y tienen mucho tiempo libre, el fútbol era una opción de contención, pero ahora se nos complica mucho. Lo mismo sucede con el trato, el afecto que se les daba a los chicos, es impresionante cómo se nota que día a día va decayendo, al no entrenar, no haber una constancia, y los chicos se van desmotivando, lo que implica un gran problema.

Una buena experiencia

Quienes han logrado mantener el vínculo con los jugadores y reforzarse fueron las profesoras del equipo de hockey inclusivo Caburé, que funciona en el marco del club de Urú Curé. Vanina Bertorello, una de sus referentes, aseguró: “Pudimos sostener al equipo muy unido durante todo el año de pandemia con la actividad por videollamadas. Sumamos nuevos jugadores que se iban interesando y empezaban por Zoom”.

A fines de noviembre, cuando se pudo iniciar con protocolo, indica que empezaron todos muy contentos. “Con los más chicos nos costó un poco más, pero cada uno llenaba su declaración jurada, llevaban sus materiales y no tocaban la bocha con la mano. Ellos lo entendieron muy bien, estuvieron bien preparados por sus familias”, dijo, mientras que señaló que ahora están preparando las bases para comenzar a dictar rugby inclusivo en la institución deportiva.

“A comienzo de este año, pudimos empezar y se siguió con protocolo. Tuvimos un par de entrenamientos y en todas las clases se sumaban nuevos jugadores. Lo hicimos mientras se pudo, y ahora vemos la forma de generar de nuevo algo virtual, intercambio con otros clubes, para que no pierdan el contacto entre ellos y las coordinadoras”, concluyó.

Luis Schlossberg. Redacción Puntal