Así, un informe presentado por Coninagro y realizado por la consultora Data Miazzo, muestra que un productor que lleva su soja para comprar una cosechadora, ahora debe incluir en la operatoria un 20% más de granos. En términos absolutos, se requieren 1.650 toneladas de soja para comprar una cosechadora, 270 toneladas más que un año antes.
Con respecto al promedio de los últimos 5 años, la cuenta es todavía más negativa, se precisa 39% más de soja para comprar una cosechadora, 42% más para una sembradora y 38% más para un tractor.
Si en cambio, usa la soja para adquirir una camioneta, deberá llevar un 23% más al concesionario de lo que tenía que pagar 12 meses atrás. Frente al gasoil, el precio de la soja perdió 40% y contra el flete, algo asociado a lo primero, el retroceso fue del 34%.
En tanto, la relación de intercambio entre soja y fertilizante DAP (fosfato diamónico) viene mejorando. En enero de 2025 se necesitaron 2,9 kg de soja para adquirir 1 kg de DAP, mientras que en enero de 2024 era de 3,1 kg, representando una baja del 6% en un año. Pero si tomamos el promedio de 5 años, los valores actuales están 14% por encima del promedio, es decir, se necesita 14% más de soja para adquirir este fertilizante.
En ese esquema de comparaciones, el único saldo positivo de la soja contra los valores de hace un año se los lleva frente al glifosato, que tuvo un fuerte retroceso en su precio, y entonces el productor ahora se ahorrará 34% de su soja para comprar la misma cantidad de ese herbicida.
“La campaña agrícola 2024/2025 enfrenta un escenario desafiante debido a la baja en los precios internacionales. La caída de los precios generó una pérdida de poder adquisitivo frente a la mayoría de los insumos, costos e inversiones agropecuarias”, explica el informe.
Coninagro presentó su trabajo mensual que analiza el poder de compra de seis productos clave de la producción agropecuaria en Argentina: soja, maíz, trigo, ternero, novillito y leche. Este indicador mide la capacidad de estos productos para adquirir una amplia gama de insumos, costos e inversiones del sector agropecuario, que incluyen herbicidas, fletes y maquinaria, y 20 variables más que se analizan.
El estudio tiene por objetivo monitorear cómo evolucionan las relaciones entre precios y costos en el agro, proporcionando una herramienta clave para evaluar la competitividad de los productores. Este enfoque, basado en un análisis insumo-producto, permite observar integralmente las dinámicas de costos y precios, ofreciendo una perspectiva valiosa sobre la competitividad del sector.
“En esta edición, el análisis se centra en la soja, además de ser una unidad de cuenta para la producción agrícola, es el cultivo que mayor pérdida de poder adquisitivo ha tenido en el último año y respecto al promedio de los últimos 5 años”, remarca el trabajo.
Otro dato positivo es con relación al valor de la tierra. En enero de 2025 eran necesarias 58,9 toneladas de soja para comprar 1 hectárea. En enero de 2024 se precisaron 61,4 toneladas, lo que representa una disminución de 2,5 toneladas (-4%) en un año.
El dato más significativo se observa en el promedio de los 5 años donde se necesitaban 65,2 toneladas, lo que indica que los valores actuales son -10% inferiores al promedio histórico. En esta caída tuvo mucho que ver la reducción de la brecha cambiaria, ya que el valor de los campos está expresado en dólares MEP/Blue y el valor de la soja en dólares oficiales.
En el caso del maíz, resultó menos afectado por la pérdida de poder de compra. Cayó contra el gasoil (15%) y el flete (10%), muy levemente contra una cosechadora (2% abajo) y ganó contra la urea (46%) y la semilla (11%).