El cambio climático no es mañana, es hoy
Un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) que se publicará en septiembre indica que los fenómenos relacionados con el agua son los mayores causantes de desastres en los últimos 50 años, se lo determina como fenómenos peligrosos relacionados con el agua y vienen encabezando la lista de desastres en términos de pérdidas, tanto humanas como económicas, en el último medio siglo. “De los 10 peores desastres, aquellos que han supuesto las más grandes pérdidas humanas durante ese período han sido las sequías (650.000 muertos), las tormentas (577.232 muertos), las inundaciones (58.700 muertos) y las temperaturas extremas (55.736 muertos), según el Atlas de la OMM sobre mortalidad y pérdidas económicas debidas a fenómenos meteorológicos, climáticos e hidrológicos extremos (1970-2019)”, comunicó el Servicio Meteorológico Nacional tomando el ‘Atlas of Mortality and Economic Losses from Weather, Climate and Water Extremes (1970-2019)’ de la OMM. Los datos muestran que, durante el período de 50 años, los fenómenos meteorológicos, climáticos e hidrológicos, representaron el 50 % de todos los desastres ocurridos (teniendo también en cuenta las amenazas tecnológicas) y provocaron el 45 % de todas las muertes notificadas y el 74 % de todas las pérdidas económicas registradas a nivel mundial.
Desde Rostros & Rastros hablamos con Guillermo Folguera, biólogo, filósofo, investigador de Conicet y autor del libro "La Ciencia Sin Freno", nos comentó que el cambio climático muchas veces es descripto como “variaciones en el carbono que generan este efecto invernadero con tendencias a un aumento de la temperatura pero es equívoco pensar que es el único indicador, los efectos del cambio climático actúan en diferentes escalas no solo a nivel global, sino también regional y local, y por eso muchos de sus efectos tienen que ver con la cantidad y los regímenes de precipitaciones y lluvias”.
Según su análisis, “el agua es una de las claves de la problemática actual por tres motivos: porque las comunidades necesitan del agua potable para vivir, segundo porque los ecosistemas necesitan del agua para sus ciclos y tercero porque muchas de las actividades productivas dentro de la técnica del extractivismo se utiliza más o menos el agua; me refiero a fracking o la megaminería, pero también a los agronegocios y plantaciones forestales”.
Hay una conjunción de factores…
-Lo que se está registrado es que esta conjunción entre naturaleza y comunidades que usan agua generan un nivel de conflictividad altísimo, se ven situaciones de sequias que repercuten en los suelos y cuando llega el momento de la precipitación se transforman rápidamente en inundaciones, por eso inundación y sequía no son efectos opuestos como puede pensarse sino que son complementarios.
¿Cómo se explica eso?
-Tiene que ver con un suelo que ya no puede retener el agua, es importante marcar que el suelo tiene una capacidad de retención del agua diferencial en función de las condiciones en las que se encuentre. La mayor capacidad de retención del agua se da en los bosques nativos, cuando uno desplaza esos bosques por plantaciones o sembrados evidentemente la capacidad de retención del agua disminuye mucho y en ese sentido los procesos de desertificación y sequía del suelo con posteriores inundaciones se vuelven más frecuentes.
¿Qué es lo que está sucediendo con el río Paraná?
-Cuando sucedieron los incendios en el Amazonas, una de las cosas que marcaron los especialistas era que iba a darse una menor humedad ambiental en la región impactando directamente en las precipitaciones. Lo que pasa en el río Paraná que registra niveles que no se observaban desde hace 70 años, evidentemente involucra efectos cíclicos pero principalmente efectos antrópicos que involucra Argentina pero también a Bolivia, Paraguay o Brasil y está directamente vinculado con la pérdida de bosques nativos y la actividad productiva, además no tiene que pensarse esta situación como exenta de la actividad humana sino directamente vinculada con un sobreconsumo del agua y con una depredación de la naturaleza que le quita la capacidad que tiene el ambiente de retener agua.
Es como un círculo infinito…
-Tal cual, la situación está entrando en un espiral en donde cada vez más las condiciones ambientales son más degradadas, el ambiente se vuelve más seco, tiene más capacidad de incendiarse y una vez incendiado tiene menor capacidad de apagarse. En el momento de lluvias el agua no queda en los suelos, tenemos suelos cada vez más débiles, con menor agua y una deforestación creciente. Argentina, en los últimos 25 años, está entre los 10 países del mundo que más ha deforestado y el Chaco, en términos porcentuales, es la segunda región del mundo que más ha deforestado en los últimos 25 años. Hay que frenar este espiral.
Más datos de la OMM
En cuanto a las olas de calor generadas en América del Norte se analizó que el cambio climático, causado por las emisiones de gases de efecto invernadero, aumentó la probabilidad de que se produjese la ola de calor en al menos 150 veces.
Por el lado de las lluvias en Europa, el Servicio Meteorológico Nacional de Alemania (DWD) informó que, en solamente dos días (14 y 15 de julio), cayeron precipitaciones en una cantidad equivalente a la que suele registrarse en hasta dos meses sobre suelos que ya estaban prácticamente saturados en las regiones más afectadas de Alemania, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo.
En la parte central de China, en algunas zonas de la provincia de Henan, se acumularon, entre el 17 y el 21 de julio, más precipitaciones que la media anual.
En Zhengzhou, la capital de Henan, en el espacio de seis horas se registró un volumen de precipitaciones equivalente a la mitad de su precipitación anual.
En todas partes del mundo estudios señalan la influencia humana en la ocurrencia de precipitaciones extremas.
Por Fernanda Bireni