El Cordobazo
I) Contexto internacional.
En el año 1969 tenía plena vigencia, en el contexto histórico, geopolítico, de relaciones de poder en el mundo, el siguiente esquema:
La bipolaridad:
Todos los analistas internacionales han coincidido en destacar las dos características principales del sistema internacional emergente de la Segunda Guerra Mundial: bipolaridad y heterogeneidad. Tomando como base de referencia la configuración de las relaciones de fuerza, la bipolaridad del sistema tuvo a dos bloques como protagonistas, la OTAN y el Pacto de Varsovia, con dos superpotencias como cabeza de cada coalición y enfrentadas entre sí.
La bipolaridad no es nueva en el mundo. Desde las guerras del Peloponeso, cinco siglos antes de Jesucristo, ésta presenta tres reglas de funcionamiento que la tornan estable y predecible: la delimitación geográfica de las áreas de influencia, la ocupación efectiva de las mismas y la prohibición de la disidencia.
Las dos primeras reglas fueron consecuencia directa –por lo menos en los hechos- de la Conferencia de Yalta, de 1945. La Unión Soviética y los Estados Unidos consolidaron la división de Europa y crearon la OTAN y el Pacto de Varsovia, como una manera de afirmar su presencia militar evitando así la desagradable sorpresa de los cambios imprevistos de área de uno o más países o naciones. Moscú, además, a través de la doctrina de la soberanía limitada, enunciada por Leonid Brejnev en 1968 en ocasión de la invasión a Checoslovaquia, subordinó la soberanía nacional de los países de Europa Oriental a la defensa de los intereses de la comunidad socialista; en buen romance, a la defensa de los intereses nacionales y de la potencia URSS.
Estos procesos de consolidación de alianzas en Europa fueron seguidos por sistemas similares, tratados multilaterales o bilaterales, en otras regiones del mundo que perseguían el mismo fin, como son los casos de CENTO en Asia central. SEATO, en el Sudeste de Asia, TIAR en América Latina y los tratados de amistad y cooperación suscriptos por la Unión Soviética en su área de influencia.
En nuestro continente, la doctrina enunciada en 1947 por el presidente Harry Truman ante el Congreso de los Estados Unidos marcó el inicio de la acción política para construir un cuadro regional de alianzas que contuviera los embates del rival. El mensaje no dejó demasiado claro, sin embargo, aquello que debería considerarse como defensa del mundo libre y de los principios de occidente por todos compartidos, con la defensa del interés nacional de los Estados Unidos.
La Doctrina de la Seguridad Continental:
En nuestra área, la prohibición de la disidencia se dio través de la Doctrina de la Seguridad Nacional en la cual abrevaron todas las dictaduras militares de América Latina, nombradas en forma peyorativa como “la internacional de la espada”.
Es a través de todos esos mecanismos como comenzó a delinearse la tercera regla del juego bipolar más arriba expuesta: la prohibición de la disidencia.
La experiencia histórica nos muestra que el pasaje de un campo al otro de un aliado puede desencadenar la confrontación directa entre los rivales principales. Por ello, la prohibición o el acotamiento de la disiden- cia constituye una de las garantías de la estabilidad del sistema. Innumerables casos en los últimos años abonan esta afirmación, aunque no venga al caso citarlos todos aquí.
La otra característica central del sistema, la heterogeneidad, tuvo como fundamento la confrontación ideológica entre occidente y el comunismo que, con trazos similares a los presentados en el siglo XVI por las guerras y la religión, dividió el planeta en creencias antagónicas y con ramificaciones considerables dentro de cada nación.
Intereses nacionales aparecieron entonces mezclados con cruzadas ideológicas donde las segundas pretendían ser presentadas como la base que legitimara las primeras.
II) Contexto Nacional.
El 28 de junio de 1966, el golpe de Estado encabezado por el general Juan Carlos Onganía derroca al presidente constitucional doctor Arturo Illia. Ese gobierno había tomado medidas que a mi juicio le significaron su condena por parte de las multinacionales y la potencia hegemónica del área, EE.UU., entre las cuales podemos destacar:
a) Anulación de los contratos petroleros que expoliaban la riqueza energética del país a favor de empresas encabezadas por Standard Oil de Nueva Jersey, del grupo Rockefeller.
b) La negativa del gobierno a enviar tropas de las Fuerzas Armadas a la intervención-invasión de EE.UU. a Santo Domingo.
c) La ley de medicamentos que regulaba la producción y los precios de insumos básicos para la salud, que trajo con su aplicación una baja sustancial de dichos precios. Aquí también fueron afectados intereses de empresas suizas y de EE.UU.
d) Cumplimiento de la promesa preelectoral de levantamiento de todo tipo de proscripciones políticas y sociales.
e) Plena vigencia de la autonomía, cogobierno y extensión en las universidades nacionales basadas en los principios de la reforma universitaria de 1918.
Como agresión a la sociedad y principalmente a las universidades, es de recordar el hecho conocido como la Noche de los Bastones Largos, cuando se intervino a todas las universidades, y se prohibió la actividad política y estudiantil. Fue particularmente agredida la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, donde docentes, estudiantes y no docentes fueron castigados sin piedad por las fuerzas represoras. Entre los docentes castigados se contaban premios Nobel y cometieron la barbaridad de castigar a profesores extranjeros, lo que produjo su éxodo. Ante los hechos, renunciaron aproximadamente más de quinientos, una diáspora que benefició a las universidades de Europa, Venezuela, Chile, Perú, Brasil, Puerto Rico y EE.UU.
La Noche de los Bastones Largos se constituyó en uno de esos momentos en donde “la ignorancia tuvo poder para sojuzgar a la ciencia” y produjo como consecuencia la suspensión abrupta de un camino de excelencia académica y luminosidad de la ciencia y la cultura que nunca se volvió a recuperar en Argentina.
La realidad en Córdoba.
En momentos de producirse los hechos que hoy se conmemoran, gobernaba en nombre de la dictadura militar Carlos Caballero, quien aparte de su impopularidad, derivada de su origen ilegítimo, pretendió implementar como plan piloto un organismo institucional de neto corte fascista–falangista denominado “Consejo Asesor”, a través del cual se quería reemplazar los poderes legislativos municipal, provincial y nacional por una representación de neto corte corporativo y elegidos sus representantes por parte del poder central. Ésta aberración institucional se comenzó a practicar justamente en abril y mayo de 1969, con el rechazo de la gran mayoría de los sectores sindicales cordobeses, así como también de gran parte de los sectores de empresarios representantes de pymes. Todo esto estaba además inserto ideológicamente en la obra del falangismo “El Comunitarismo” de Jaime María de Maiheu, libro de cabecera de todos los teóricos que asesoraban al mesiánico dictador Juan Carlos Onganía.
En el ámbito universitario, la dictadura le había dado un cachetazo a todos los docentes y estudiantes que habían bregado por la autonomía y el cogobierno universitario, al intervenir a todas las universidades nacionales y nombrar decanos y rectores afines a las ideologías antes enunciadas; en el caso de Córdoba, como rector interventor, al ingeniero Rogelio Nores Martínez, hijo del rector que fue expulsado por la rebelión popular estudiantil de la reforma universitaria de 1918.
El sindicalismo cordobés.
La radicación de fábricas automotrices a mediados de los ‘50 había transformado la economía cordobesa y también al movimiento obrero local. Los nuevos trabajadores industriales dependían en su mayoría del SMATA, que en su delegación local gozaba de una mayor autonomía. Su líder Elpidio Torres siempre respetó la diversidad del movimiento obrero cordobés.
Otro de los sindicatos que conservaba autonomía frente a las organizaciones centrales era Luz y Fuerza, que a través de su secretario general Agustín Tosco, dirigente de prestigio e integridad incorruptible, fortalecieron la práctica de una democracia sindical participativa, muy sensible a las demandas de sus bases.
La otra parte era la UTA dirigida por Atilio López, de las mismas condiciones que los dirigentes anteriores, que luchaba contra la privatiza- ción del transporte en Córdoba.
El 29 de Mayo.
Ese día se movilizaron las bases y la dirigencia principalmente de los sindicatos SMATA, Luz y Fuerza, UTA y UOM. Los sectores estudiantiles reformistas convergieron en tareas coordinadas con el sindicato de Luz y Fuerza y los sectores estudiantiles agrupados en el social-cristianismo con el SMATA.
A partir de la llegada de las columnas al centro de la ciudad, se desató una brutal represión de las fuerzas policiales, que provocaron la muerte del primer mártir de la jornada, el obrero de IKA-Renault Máximo Mena, lo que desató una resistencia aún más enconada por parte de la militancia y provocó la adhesión espontánea de numerosos ciudadanos cordobeses de todo tipo de condición social, lo que provocó la retirada de las fuerzas represivas y la toma de la ciudad por parte de la protesta, que se calculó en una movilización de 200 mil personas.
Simultáneamente se desarrollaba otro tipo de disputas dentro de la propia coalición de la dictadura, negándoles el recurso de las fuerzas armadas hasta bien entrada la tarde de ese día 29, a través de efectivos del tercer cuerpo de Ejército, comandados por el general Jorge Raúl Carcagno, quien tomó control de la ciudad recién al finalizar la jornada del día 30 de Mayo.
El saldo de la violencia fue de 34 muertos, 400 heridos, 3.000 presos y el establecimiento del toque de queda, con aplicación de tribunales militares para todos los manifestantes y dirigentes apresados.
Ello derivó en injustas condenas a Agustín Tosco, Alberti, Di Toffino, Contreras, Elpidio Torres y numerosos dirigentes sindicales, estudiantes y políticos juzgados por sus antecedentes ideológico-políticos.
Conclusión.
El acontecimiento histórico del “Cordobazo” significó el principio del fin de la dictadura militar y la posibilidad en sucesivos episodios políticos sociales de que se abriera una instancia de salida democrática, lo que ocurrió en 1973. La enseñanza que deja para todas las épocas es que la unidad del pueblo argentino es la garantía de la vigencia de la democracia que facilita los medios idóneos para efectuar las correcciones o ratificaciones de acuerdo con la expresión libre de los consensos y los disensos, para lograr una mejor calidad de vida en todos los sentidos de los habitantes de nuestro país.
Finalmente, el reconocimiento a los mártires que ofrendaron su vida, a los que fueron perseguidos e injustamente condenados y especialmente a los militantes estudiantiles: Luis Rubio, Carlos Azócar, Raúl Carignano, Ernesto Aracena, Héctor y Rodolfo Silvestro, Carlos Becerra, Carlos Alonso, Antonio Sánchez, Eduardo Simionatto y tantos otros, entre los que me cuento, que dieron su impronta para el desarrollo de esta fecha histórica.