Temprano en la mañana la ciudad era un desierto, como desde hace 10 días, cuando comenzó la cuarentena dispuesta por el gobierno nacional en todo el país como medida preventiva para cerrarle el paso al Covid-19, la pandemia más grande de este siglo en el mundo y que hasta ayer ya se había cobrado casi 34 mil vidas, de las cuales 20 eran argentinos. Debía ser un domingo de elecciones municipales; sin embargo, el avance de la enfermedad dejó ese y otros planes colectivos e individuales para más adelante.
Sólo había un par de imágenes que rompían con el paisaje desolado y estaban asociadas al recorrido que las brigadas de vacunadores realizaban ya en distintos cuadrantes de la ciudad. Enfundados en un traje blanco con capucha y barbijos, caminaron y recorrieron casa por casa para encontrar a los mayores de 65 años y cumplir con la vacunación contra la gripe. La intención no es otra que proteger a esa población de adultos mayores de la influenza, lo que va a redundar en menor presión sobre el sistema de salud, que requiere estar lo más despejado posible para atender la sobredemanda que recibirá en las próximas semanas por el Covid-19. Los casos ya empezaron a llegar y la capacidad de respuesta es acotada y más en momentos en que el otoño empieza a avanzar.
Renzo y Stefani tomaron el cuadrante desde la avenida Perón hasta Rivadavia y de Alberdi a Sobremonte. Es un sector de la ciudad con alta tasa de adultos mayores y muchos edificios, por lo que el trabajo fue arduo. Más allá del mameluco blanco que los identificaba desde lejos, portaban credenciales para despejar cualquier duda de los vecinos. Sin embargo, casi no les fueron necesarias ante la predisposición que encontraron del otro lado. Los adultos mayores agradecían la visita y la presencia del equipo de salud, más aún después de varios días de encierro. Eso también fue una excusa para muchos que pudieron intercambiar charlas con los profesionales que los visitaban. Claro que hubo también mucho de contención porque la angustia se colaba en las charlas, como la pareja que sobre calle Yrigoyen les relató el dolor aún intenso que tenían por la reciente e inesperada muerte de su única hija a fines de enero. Las lágrimas sobre la mejilla fueron inevitables en la señora de 82 años que era mirada de cerca por su esposo de 80. Él prefirió darse vuelta e ingresar a su casa nuevamente. La emoción lo cubrió.
En la casa contigua, una señora de más de 65 estaba junto a sus padres: el hombre, postrado en una cama, y la madre en silla de ruedas. El equipo tuvo que ingresar allí al domicilio para vacunar al padre de familia, en una acción que buscan evitar en todos los casos para no ponerse en riesgo y también para proteger a todos los vecinos. La vacunación se hace en la vereda en todos los casos posibles.
Los equipos de salud también se encuentran a menudo con estas historias y más aún en poblaciones de adultos mayores.
El trabajo comienza con un listado previamente elaborado en base a datos cruzados con organismos nacionales. Allí están detalladas las direcciones, nombres y apellidos. Pero a la par, en la carpeta, hay planillas en blanco para ir sumando a quienes no fueron incorporados pero sí están en la población objetivo. Hubo muchos casos de estos que fueron sumados al plan de vacunación sobre la marcha.
“Parecemos astronautas caminando en la Luna, porque además por suerte no hay casi nadie en la calle”, bromeaban entre ellos mientras avanzaban por las veredas con la conservadora, los listados y los trajes blancos. La recorrida se extendió hasta las 20, ya cuando la delgada luna brillaba en lo alto. Pero el trabajo continuará porque esta semana todos los equipos se concentrarán en barrio Alberdi y luego llegarán a Banda Norte.
Según el balance oficial, al final del domingo se aplicaron 1.300 dosis en el centro, que se suman a las 1.500 que se habían hecho en geriátricos y personal de salud durante los días previos. Para Alberdi están preparadas 2 mil vacunas también para adultos mayores.

