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Hasta dónde llegará el efecto Alberto

El expresidente tiene la capacidad de caer cada vez más bajo. Sin embargo, ¿las consecuencias de la denuncia de Fabiola se agotarán en Fernández o serán un lastre para un PJ ya golpeado?El escándalo, un enorme favor para Milei

¿Alguien esperaba algo de Alberto Fernández? Ese político gris, que por una pirueta de la historia se convirtió en presidente y que a duras penas llegó al final de su mandato, desprestigiado y solo, ya no despertaba ninguna expectativa. Nadie, o casi nadie, imaginaba de él una mejor versión: se fue de la Casa Rosada dejando tras de sí la imagen de ser un incompetente en la gestión y en la política, con su palabra tan devaluada que los opositores le decían “Alverso” y repudiado por propios y ajenos. Sus supuestos aliados se habían referido a él, incluso en público, con términos tan poco edificantes como borracho o inútil.

Nadie esperaba más de Alberto. Confinado a la categoría de meme, su carrera política estaba acabada. Aunque, tal vez, tampoco nadie esperaba que fuera capaz de ser menos, de caer aún más bajo de lo que ya había caído, de construirse una reputación aún más oscura que la que ya arrastraba. Sin embargo, lo consiguió. Ahora lo persiguen dos sospechas con olor a certeza:el escándalo de los seguros, que hace tambalear aquella frase en la que se jactaba de haber vuelto al llano sin manchas de corrupción, y la denuncia de Fabiola Yáñez, su expareja, que lo acusó judicialmente de golpearla y humillarla, de hostigarla física y psicológicamente.

El descrédito de la política fue edificándose, entre otras cuestiones, porque no sólo existe un juzgamiento de la sociedad sobre lo que los dirigentes hacen sino por la correspondencia que suele faltar entre las palabras y las acciones. En ese punto, Alberto llega a límites sorprendentes. Ha sido y es un eximio cultor del doble discurso: se vanagloriaba de su honestidad y ahora está investigado por negociados con seguros;decretaba el fin del patriarcado y de la violencia contra la mujer mientras le habría hecho vivir un infierno a su propia pareja en la Quinta de Olivos, mientras recibía a otras mujeres y encima tenía la imprudente y adolescente actitud de filmarlas tomando alcohol y escribiéndole cartitas de amor.

Hay una dimensión personal y una política en la parábola de Alberto. En la personal puede deslizarse, después de recapitular la historia reciente del hombre que llegó a ser la máxima autoridad del país, una pregunta y arriesgar una respuesta:“¿Alberto Fernández es capaz de hundirse siempre un poco más?Sí, lo ha demostrado y lo sigue haciendo.

Cristina Fernández, su mentora, le dio además un cariz ontológico: “Delata lo más sórdido de la condición humana”, disparó en un tuit.

Pero Alberto no es solamente él y sus circunstancias sino que, además, ni bien se conocieron las denuncias y las imágenes de Fabiola golpeada empezó a circular en el ámbito político, fundamentalmente en el peronismo, un interrogante:¿Fernández se llevará todo el daño, se agotará en sí mismo, o el escándalo tendrá una onda expansiva de alcance todavía incierto?

En ese punto hay dos hipótesis: una señala que el efecto negativo del escándalo tendría un alcance considerablemente mayor si Alberto fuera una figura política con algún tipo de proyección. No es lo mismo que una denuncia como la de Fabiola se refiera a un candidato con chances que a un expresidente sin partido, sin prestigio y sin futuro político.

La causa Fernández no sólo genera un costo político sino que deslegitima todo un discurso.

La segunda hipótesis le escapa al optimismo. Incluso en sectores del peronismo que no comulgan con el kirchnerismo señalan que el caso Alberto-Fabiola tendrá un efecto profundo. “Todo lo que remita o huela a peronismo va a pagar las consecuencias. Algunos más, otros menos pero al golpe lo vamos a sentir todos”, indicó un dirigente nacional.

En esa interpretación puede haber una dosis no menor de razón. Porque Alberto podría consumirse en sí mismo si hubiera protagonizado un escándalo aislado y propio;sin embargo, es un eslabón de una larga cadena que va de Lázaro Báez a José López, de Ricardo Jaime a Julio De Vido y que llega a capítulos más recientes como el idílico y sensual viaje en yate de Martín Insaurralde y Sofía Clérici por Marbella.

Esos nombres y sus historias, sumados a los juicios por el patrimonio de Cristina, afianzan el concepto de que se trató de un modus operandi, de una práctica de poder que combinó el robo y la lascivia con un discurso altruista negado por los hechos.

El affaire Alberto opera sobre un peronismo nacional ya golpeado y confundido. “El que piense que de esto se sale con una lavada de cara y poniendo candidatos que no estén tan desgastados, se equivoca. Hay que iniciar un proceso de reconstrucción mucho más trabajoso y lento, por fuera del kirchnerismo”, indicó un veterano dirigente del PJ.

Los diagnósticos son, por supuesto, especulativos. Cuál será la profundidad final del daño aún está por verse. Lo que sí es obvio es que la denuncia contra Alberto es sumamente oportuna para el gobierno de Javier Milei.

El propio presidente le habría dado instrucciones a sus funcionarios para que ninguno salga a interrumpir el proceso en que está inmerso el peronismo. Sólo declaraciones públicas de acompañamiento a la víctima. Es la vieja práctica de dejar que el adversario se cocine solo, en su propio jugo.

Desde que la causa por violencia de género se inició comenzaron además las especulaciones de todo tipo. Hay quienes le adjudican las filtraciones a la Side de Santiago Caputo. “¿Vos viste las imágenes y los videos que estaban en los celulares de los copitos que quisieron matar a Cristina? No. Cuando no quieren que se filtre, no se filtra. Ahora estamos viendo todo lo que estaba en los celulares de Alberto y de Fabiola”, relató un asesor político nacional.

Quienes se inclinan por esta hipótesis remarcan que la exposición de las imágenes y los relatos, que excacerban el morbo, coinciden con el peor momento del gobierno de Milei en las encuestas. “La economía no se recupera, el poder adquisitivo sigue destruido y lo que necesitan es ganar tiempo. No quiere decir que lo de Alberto no sea cierto sino que lo están usando para eso:para ganar tiempo”, indicó un consultor.

La industria cayó un 16,1% en el primer semestre y a la construcción le fue aún peor:se derrumbó un 32,7. La crisis se está resistiendo a obedecer los pronósticos que supo hacer el Presidente.

Un encuestador que realiza relevamientos periódicos en provincia de Buenos Aires señaló que en el Conurbano, principalmente en la tercera sección electroral, el malestar con el Gobierno se va acrecentando. “Se está formando un fenómeno que puede ser para Milei lo que fue para Alberto la franja central del país. No existe todavía un clima explosivo pero para cuando lleguemos a la elección de 2025 se pueden combinar las frustraciones de los pobres estructurales con las de los nuevos pobres”, indicó el consultor.

Otro encuestador coincidió en que el deterioro de la imagen del Gobierno es constante, auque no a niveles dramáticos, y que es fruto de que no existe una correspondencia entre las expectativas que generó Milei y los resultados que se están obteniendo.

Al Presidente, Alberto, sus videos, sus contradicciones y sus causas judiciales le convienen. No sólo por el efecto negativo sobre sus adversarios políticos sino, sobre todo, porque deslegitiman un discurso. Todo lo que suene a progresismo, derechos, feminismo, distribución del ingreso seguirá apareciendo en el lado oscuro de la política actual. Y, ante una elección, quien hace prevalecer su cosmovisión y sus conceptos en la realidad, quien impone el marco interpretativo, corre, por supuesto, con ventaja.