El Día de las Américas y la reafirmación de la fe
Celebrar el Día de las Américas es volver al corazón de la OEA, cuyo principio es, sin duda, proteger al hombre.
El primer Día de las Américas fue celebrado a lo largo del continente americano en 1931; se eligió el 14 de abril por ser la fecha de 1890 en que, mediante resolución de la Primera Conferencia Internacional Americana (celebrada en Washington, D.C., entre octubre de 1889 y abril de 1890).
La OEA busca consolidar una agenda con temas comunes. El espíritu de esa unión responde a la consolidación de relaciones diplomáticas para velar por los estados de paz en el continente.
Es importante comprender, y “cambiar nuestra mentalidad”, para darnos cuenta de que si entre los propósitos “de promover la igualdad jurídica de los Estados, alcanzar la solución pacífica de controversias y actuar en cooperación para el desarrollo económico, social y cultural”… es prioritario tener el “encuentro con Jesucristo vivo”, para que Él nos ayude a encontrar el camino para la conversión, la comunión y la solidaridad. Para que estos deseos sucedan de verdad en el corazón de todo hombre.
Hoy es un día para agradecer el mayor don que América ha recibido del Señor es la fe, que ha ido forjando su identidad cristiana. Hace ya más de quinientos años que el nombre de Cristo comenzó a ser anunciado en el continente y le ha ido dando una fisonomía religiosa americana, impregnada de los valores morales que, si bien no siempre se han vivido coherentemente, pueden considerarse patrimonio de los habitantes de América.
Hoy es un día para agradecer que América ha visto florecer los frutos de la santidad desde los comienzos de su evangelización. Tiene a santa Rosa de Lima, la primera flor de santidad en el Nuevo Mundo, proclamada patrona principal de América en 1670.
Bien sabemos que el santoral americano se ha ido incrementando hasta alcanzar su amplitud actual. Ellos ofrecen al continente de la esperanza modelos heroicos de vida cristiana en la diversidad de estados de vida y de ambientes sociales.
Hoy es un día para orar por los poderosos del mundo y por los dirigentes de los Estados Americanos, para que puedan comprender con el corazón que la existencia de un Estado de derecho implica en los ciudadanos y, más aún, en la clase dirigente, el convencimiento de que la libertad no puede estar desvinculada de la verdad.
Celebrar el Día de las Américas es volver al corazón de la OEA, que se formó en 1931, cuyo principio es, sin duda, proteger al hombre.
Y no debe ser indiferente frente a los graves problemas que amenazan la dignidad de la persona, la familia, el matrimonio, la educación, la economía y las condiciones de trabajo, la calidad de la vida y la vida misma.
Hoy es un día para tomar conciencia de que el laico comprometido con la verdad y la vida, con la ayuda del Espíritu Santo, puede hacer un camino, y estar presente sin miedo para enfrentar a los poderosos, y ser sal y luz en los órganos legislativos, en el gobierno y en la administración de la justicia, para que las leyes lleven a los principios y los valores morales para el bien común.
Hoy es un día también para agradecer la globalización, y las ciertas consecuencias positivas, como el fomento de la eficiencia y el incremento de la producción, y que, con el desarrollo de las relaciones entre los diversos países en lo económico, puede fortalecer el proceso de unidad de los pueblos y realizar mejor el servicio a la familia.
Hoy es un día también para reclamar que si la globalización se rige por las meras leyes del mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos, lleva a consecuencias negativas. Tales son, por ejemplo, la atribución de un valor absoluto a la economía, el desempleo, la disminución y el deterioro de ciertos servicios públicos, la destrucción del ambiente y de la naturaleza, el aumento de las diferencias entre ricos y pobres, y la competencia injusta que coloca a las naciones pobres en una situación de inferioridad cada vez más acentuada.
Hoy es un día también para no callar que el comercio y el consumo de drogas son una seria amenaza para las estructuras sociales de las naciones en América. Y, como anunció Juan Pablo II, “contribuye a los crímenes y a la violencia, a la destrucción de la vida familiar, a la destrucción física y emocional de individuos y comunidades, sobre todo entre los jóvenes. Corroe la dimensión ética del trabajo y contribuye a aumentar el número de personas en las cárceles, en una palabra, a la degradación de la persona en cuanto creada a imagen de Dios”.
Hoy es un día para pedir perdón por todo lo que no se ha cumplido, según los objetivos de la organización; dejando de lado el bien común. Bien sabemos que por esta causa, muchas veces y en ocasiones varias, el hombre, ya sea por su indigencia, pobreza, se ha desmoralizado, ha decrecido su fe, y ya no le encuentra sentido a la vida.
Pedir perdón, porque el modelo presentado con sus exigencias lleva al excesivo consumismo, a vivir como si Dios no existiera.
Este es nuestro tiempo, debemos concientizar de que es posible el cambio si nos abrimos de corazón, al corazón misericordioso del Señor, para sanar el pasado, purificar la memoria, y perdonar para amar hasta el extremo.
Hoy es un día para dar gracias por la presencia de la Virgen de Guadalupe, quien es invocada en el continente como “Patrona de toda América y Estrella de la primera y de la nueva evangelización”, nos trae con su rostro maternal y misericordioso la cercanía del Padre, de Cristo, y del Espíritu Santo, para que entendamos la palabra que dice: “A los pobres siempre los tendréis con vosotros, más a mí no siempre me tendréis”. (Jn. 12:7,8).
Jesús no está aprobando la pobreza, sino mostrando una realidad universal debido a la naturaleza egocéntrica del ser humano.
Él en su tiempo comenzó una obra, y este es nuestro tiempo de continuarla, llegar al corazón de los poderosos de este mundo, para que en sus objetivos, y, a veces altruistas, eslogan de: “Vamos a erradicar la pobreza”, no pierdan de vista que “No sólo de pan vivirá el hombre”… Es decir no siempre el desastre moral de una Nación viene sólo por la pobreza material. Si no, ¿cómo entender los grandes crímenes en países con menos pobreza? Recordemos entonces: “A los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis”.
Por Albina Moreno y Osvaldo José Chiaramello
La OEA busca consolidar una agenda con temas comunes. El espíritu de esa unión responde a la consolidación de relaciones diplomáticas para velar por los estados de paz en el continente.
Es importante comprender, y “cambiar nuestra mentalidad”, para darnos cuenta de que si entre los propósitos “de promover la igualdad jurídica de los Estados, alcanzar la solución pacífica de controversias y actuar en cooperación para el desarrollo económico, social y cultural”… es prioritario tener el “encuentro con Jesucristo vivo”, para que Él nos ayude a encontrar el camino para la conversión, la comunión y la solidaridad. Para que estos deseos sucedan de verdad en el corazón de todo hombre.
Hoy es un día para agradecer el mayor don que América ha recibido del Señor es la fe, que ha ido forjando su identidad cristiana. Hace ya más de quinientos años que el nombre de Cristo comenzó a ser anunciado en el continente y le ha ido dando una fisonomía religiosa americana, impregnada de los valores morales que, si bien no siempre se han vivido coherentemente, pueden considerarse patrimonio de los habitantes de América.
Hoy es un día para agradecer que América ha visto florecer los frutos de la santidad desde los comienzos de su evangelización. Tiene a santa Rosa de Lima, la primera flor de santidad en el Nuevo Mundo, proclamada patrona principal de América en 1670.
Bien sabemos que el santoral americano se ha ido incrementando hasta alcanzar su amplitud actual. Ellos ofrecen al continente de la esperanza modelos heroicos de vida cristiana en la diversidad de estados de vida y de ambientes sociales.
Hoy es un día para orar por los poderosos del mundo y por los dirigentes de los Estados Americanos, para que puedan comprender con el corazón que la existencia de un Estado de derecho implica en los ciudadanos y, más aún, en la clase dirigente, el convencimiento de que la libertad no puede estar desvinculada de la verdad.
Celebrar el Día de las Américas es volver al corazón de la OEA, que se formó en 1931, cuyo principio es, sin duda, proteger al hombre.
Y no debe ser indiferente frente a los graves problemas que amenazan la dignidad de la persona, la familia, el matrimonio, la educación, la economía y las condiciones de trabajo, la calidad de la vida y la vida misma.
Hoy es un día para tomar conciencia de que el laico comprometido con la verdad y la vida, con la ayuda del Espíritu Santo, puede hacer un camino, y estar presente sin miedo para enfrentar a los poderosos, y ser sal y luz en los órganos legislativos, en el gobierno y en la administración de la justicia, para que las leyes lleven a los principios y los valores morales para el bien común.
Hoy es un día también para agradecer la globalización, y las ciertas consecuencias positivas, como el fomento de la eficiencia y el incremento de la producción, y que, con el desarrollo de las relaciones entre los diversos países en lo económico, puede fortalecer el proceso de unidad de los pueblos y realizar mejor el servicio a la familia.
Hoy es un día también para reclamar que si la globalización se rige por las meras leyes del mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos, lleva a consecuencias negativas. Tales son, por ejemplo, la atribución de un valor absoluto a la economía, el desempleo, la disminución y el deterioro de ciertos servicios públicos, la destrucción del ambiente y de la naturaleza, el aumento de las diferencias entre ricos y pobres, y la competencia injusta que coloca a las naciones pobres en una situación de inferioridad cada vez más acentuada.
Hoy es un día también para no callar que el comercio y el consumo de drogas son una seria amenaza para las estructuras sociales de las naciones en América. Y, como anunció Juan Pablo II, “contribuye a los crímenes y a la violencia, a la destrucción de la vida familiar, a la destrucción física y emocional de individuos y comunidades, sobre todo entre los jóvenes. Corroe la dimensión ética del trabajo y contribuye a aumentar el número de personas en las cárceles, en una palabra, a la degradación de la persona en cuanto creada a imagen de Dios”.
Hoy es un día para pedir perdón por todo lo que no se ha cumplido, según los objetivos de la organización; dejando de lado el bien común. Bien sabemos que por esta causa, muchas veces y en ocasiones varias, el hombre, ya sea por su indigencia, pobreza, se ha desmoralizado, ha decrecido su fe, y ya no le encuentra sentido a la vida.
Pedir perdón, porque el modelo presentado con sus exigencias lleva al excesivo consumismo, a vivir como si Dios no existiera.
Este es nuestro tiempo, debemos concientizar de que es posible el cambio si nos abrimos de corazón, al corazón misericordioso del Señor, para sanar el pasado, purificar la memoria, y perdonar para amar hasta el extremo.
Hoy es un día para dar gracias por la presencia de la Virgen de Guadalupe, quien es invocada en el continente como “Patrona de toda América y Estrella de la primera y de la nueva evangelización”, nos trae con su rostro maternal y misericordioso la cercanía del Padre, de Cristo, y del Espíritu Santo, para que entendamos la palabra que dice: “A los pobres siempre los tendréis con vosotros, más a mí no siempre me tendréis”. (Jn. 12:7,8).
Jesús no está aprobando la pobreza, sino mostrando una realidad universal debido a la naturaleza egocéntrica del ser humano.
Él en su tiempo comenzó una obra, y este es nuestro tiempo de continuarla, llegar al corazón de los poderosos de este mundo, para que en sus objetivos, y, a veces altruistas, eslogan de: “Vamos a erradicar la pobreza”, no pierdan de vista que “No sólo de pan vivirá el hombre”… Es decir no siempre el desastre moral de una Nación viene sólo por la pobreza material. Si no, ¿cómo entender los grandes crímenes en países con menos pobreza? Recordemos entonces: “A los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis”.
Por Albina Moreno y Osvaldo José Chiaramello