Aprender a comer de nuevo, pero juntos
Oriundos de Alejandro Roca, Carolina (43) y Mariano (42) Grandi son hermanos con poca diferencia de edad y aseguran que las cosas hubiesen sido más difíciles si no se acompañaban en este camino, como en la vida misma. Ellos contaron, a Salud & Ciencia, cómo transitaron su intervención bariátrica de la mano del Dr. Guillermo Rebaudino y su equipo en Instituto Médico Río Cuarto. La operación por la que recibieron un bypass gástrico se realizó a mediados del año pasado y desde entonces aprendieron una nueva forma de comer (*).
“Siempre fuimos muy sanos los dos porque los análisis nos daban bien, pero nos dio mal la prueba del sueño, un análisis que se realiza con un aparato que se coloca cuando dormís, lo tenes toda una noche y te mide si haces apneas al dormir, son cortes en la respiración que si exceden cierto tiempo es malo”, comenzó contando Carolina (C).
Ella agregó que desde la adolescencia tenía algo de sobrepeso, sin embargo el cambio abrupto de su cuerpo fue luego de la maternidad. Sus familiares les mencionaban alguna preocupación por su estado de salud, aunque admiten que nunca sufrieron por eso.
Carolina llegó a pesar 160 Kg y Mariano (M) 152, sin embargo en el proceso previo a la cirugía tuvieron un tratamiento para bajar de peso y acondicionar su cuerpo antes de la intervención bariátrica.
¿Llegaron a padecer la obesidad como un complejo personal?
C: Yo te diría que los últimos dos años, sí, empecé con un poco de complejo en lo social. Me preocupaba el tema de tener que vestirme para salir. Pero no porque mis amigos me lo hicieran sentir, ni mi grupo, si no que yo sola me sentía así. También me pasó que no me sacaba fotos en el último tiempo.
¿Cuándo empiezan a pensar en la cirugía?
C: Él (por Mariano) siempre me decía: ‘vamos a operarnos…’. Lo cierto es que en 2019 hago un control ginecológico y en ese momento pesaba 145 kilos y la doctora me habló de que era mucho, que era un exceso, me empieza a hablar del bypass gástrico, pero no lo tenía decidido. Años atrás una endocrinóloga también me habla del bypass gástrico y en ese momento estaba con 130 kilos. A principio del año 2021, yo hago otro control ginecológico y ahí no me pesaba la balanza, porque estaban en más de 150 kilos. Entonces la doctora, me dijo: ‘basta’. Ella me pone en contacto nuevamente con la endocrinóloga que trabaja con el equipo del doctor Rebaudino, me dio esa consulta, la hice yo sola, llama al doctor y yo le dije: ‘la próxima vez que venga voy a venir con mi hermano’. Y así fue. Desde ahí todas las consultas las hicimos juntos.
¿Qué siguió después?
M: Luego de la primera consulta, empezamos con una serie de análisis, muchos. Nosotros siempre con incertidumbre, preguntando todo, sacándonos dudas. Sin embargo, nos sentimos muy acompañados desde el primer día, nos explicaron cómo iba a ser la cirugía, nos explicaron bien qué se podía hacer, porque teníamos posibilidades de manga gástrica o bypass gástrico.
Pasaron por todo tipo de profesionales…
M: Veníamos a Río Cuarto a una especie de circuito de profesionales y cada tanto con Guillermo (Rebaudino). Nos dimos cuenta que podemos tener problemas de salud ya con 40 y pico de años y que no hace falta llegar a tener 150 kilos. En el medio de todo eso pasamos por muchas incertidumbres pero el acompañamiento de todos fue total; endocrinóloga, cardiólogo, psicológico, nutricionista, ellos nos acompañaron y agotamos muchas consultas.
El acompañamiento también fue familiar…
M: Totalmente, aunque también acá hay un combo distinto en realidad, que es estar acompañado. No sé si se podrá hacer difícil hacerlo solo, no creo que sea imposible de hacerlo solo. Pero a nosotros nos pareció más fácil acompañarnos.
¿Cómo se prepararon para la cirugía?
M: La preparación previa es con una dieta estricta a base de líquidos y luego de la cirugía también, fueron 7 días previos muy dificiles y 7 días después a base de caldos.
¿Cuáles fueron los hábitos que cambiaron?
M: El hambre se te va como si te tocaran con una varita, después de la cirugía se te va, se te va la ansiedad. Después empezas a darte cuenta de hábitos que haces por acostumbramiento. Llegar a casa y abrir la heladera, por ejemplo, cuando no tenes hambre. Luego de los días a base de caldos, creo que recién en el día 20 agregamos atún, pero todo muy triturado, es muy de a poco porque te genera intolerancia y el vómito casi inmediato.
C: Te diría que luego de la cirugía la porción se reduce un 50 %, tenés que hacer actividad física sí o sí, ese era un hábito que no teníamos. La vida sigue normal, yo soy kinesióloga y mi hermano, contratista rural.
¿Qué más fueron agregando en las comidas?
C: Harinas y carnes fue lo último que sumamos, fue todo paulatino. Yo creo que después de los tres o cuatro meses, ya teníamos la libertad de que podíamos comer de todo. Lo primero de carne que nos dieron fue la hamburguesa por ser molida. Comíamos con muchísimos suplementos, como calcio, por ejemplo. Hoy a poco de cumplir un año de la cirugía casi estamos comiendo normal, la carne es la que más cuesta acostumbrarse. Empezas a comer diferente y te frenas solo. Siempre nos íbamos consultando si al otro le pasaba lo mismo en cuento a reacciones de nuestro cuerpo o tolerancia a alguna comida más que a otra.
M: Yo voy a comer asado con mis amigos y estoy feliz de comerme dos costillas, y antes creo que comía 600 gramos, 700 gramos, o un kilo.
También fue un cambio familiar…
M: Absolutamente, la familia misma se acopló muchísimo a nosotros. Algunos bajaron de peso con nosotros. Y después con el tiempo, nos damos cuenta qué mal que comimos. Me parece que es una educación para todos. Es una decisión muy personal, pero una nueva educación para aprender a comer y hasta masticar.
(*) La experiencia de estos pacientes es personal y ha sido indicada por profesionales de la salud para cada uno de ellos de acuerdo a cada caso. Seguir una dieta similar sin la consulta a un médico puede ser perjudicial para la salud.
Por Fernanda Bireni