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Alimentos y bebidas: lo que costaba $ 1.000 en 2017, ahora vale $ 51.000

Quien tenía ingresos en aquel momento por $ 20 mil, hoy debería tenerlos por $ 1.020.000 para no haber perdido poder de compra, al menos del rubro central de la canasta. La mayoría cedió terreno en esa comparación

Como en muchos otros planos, la vorágine del día a día tal vez hace perder dimensión del proceso. La foto por foto, distrae sobre la película. En la vertiginosa carrera inflacionaria se vuelve complejo tomar referencias. Pero cuando se traza la línea y se hacen balances en períodos más o menos prolongados de tiempo, las cifran leudan rápidamente.

En el último trabajo referido a los precios realizado por la Fundación Fada, bajo el tradicional nombre de “Changómetro”, se advierte que en el rubro más básico del costo de vida, como es el de Alimentos y Bebidas, los valores se multiplicaron por 51 desde diciembre de 2017 y marzo de este año.De acuerdo a ese cálculo, el mes en que salió a circulación, el billete del hornero permitía comprar una serie de productos en el súper que hoy cuestan $ 51.645.

A modo comparativo, vale recordar que a fines de 2017 el salario promedio del Ripte era de $ 29.646 mientras que el registro de diciembre de 2023 (último dato disponible), fue de $ 485 mil. Si los ingresos promedios hubiesen tenido el mismo comportamiento que los alimentos y bebidas, el valor a diciembre tendría que haber sido de un millón de pesos. Para ese mes, el “Changómetro” de Fada había multiplicado por 34 los valores del último mes de 2017. Es sorprendente la escalada en los últimos tres meses, cuando pasó de 34 veces a 51.

Por la aceleración inflacionaria de 2023, el salto entre diciembre de 2022 y el cierre del año pasado también fue muy significativo. Pasó de multiplicar casi 10 veces los valores de 2017 a 34 veces.

Claro que no es el único rubro en el que el proceso inflacionario impactó de lleno. Ropa y calzado también tuvo un comportamiento algo menor, pero igualmente importante. Tomando los $ 1.000 de fines de 2017, hoy equivalen a 42.175 pesos. Un año antes, eran $ 31.680, algo más apegado a los valores de Alimentos y Bebidas. Es decir, en el último año hubo una distancia mayor entre ambos por subas de precios más relevantes en este último rubro.

El tercer ítem que muestra el informe fue el de Restaurantes y Hoteles, que tuvo una multiplicación de 45 veces con respecto a los valores de cierre de 2017. Es decir, una comida para cuatro personas que hoy cueste $ 45 mil, en aquel momento se pagaba con un hornero.

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Tomando de nuevo el comportamiento del último año, Hoteles y Restaurantes creció levemente por encima de la vestimenta, pero muy por debajo de Alimentos y Bebidas. Pero en todos los casos hay una coincidencia: los ingresos del Ripte estuvieron lejos de poder competir.

Los alimentos habían multiplicado 10 veces su valor de 2017 al cierre de 2022. A partir de allí aceleraron: llegaron a 34 en 2023 y en tres meses más, a 51.

Esto explica a su vez por qué la economía ingresó en un callejón recesivo sin posibilidad de reversión en el corto plazo. Recuperar todo ese terreno perdido no será posible con alguna mejora esporádica de los ingresos, sino que será necesario un proceso extenso, sostenido, para que la actividad económica empiece a rebotar. El consumo es un motor central y por ahora se encuentra con daños profundos.

Muchos economistas coinciden en que primero habrá que esperar una baja mucho más significativa de la inflación que mostró el trabajo de Fada y que viene reflejándose con más fuerza desde la devaluación aplicada por el actual Gobierno en diciembre del año pasado. Esa decisión de política monetaria generó un fogonazo en los precios que arrojó una inflación del 25% en diciembre, del 20% en enero y del 13% en febrero. Finalmente, en marzo, el registro fue del 11%, un dato que el Indec publicó en el cierre de la semana pasada. Esa cifra generó optimismo en el oficialismo, aunque los alimentos y bebidas, el más sensible de los rubros, se mantuvo por encima de los dos dígitos, al alcanzar el 10,5%.