Opinión | alimentos

La inflación llegó al 58%, pero es sólo una parada técnica

Al menos hasta agosto el acumulado anual irá en alza. Alimentos y bebidas sigue entre los que registran mayores incrementos. El impacto sobre la actividad económica es un nuevo riesgo que comienza a advertirse por el freno del consumo
Llenar el carrito en el supermercado es cada vez más costoso y los cambios de precios aumentan la frecuencia.  

Una familia que a comienzos de enero gastaba 25 mil pesos por mes en la compra de alimentos necesitó en abril destinar 32 mil para seguir poniendo lo mismo en el carrito. Su ticket aumentó 7 mil pesos. Si a su vez tienen un vehículo al que le llenaban dos veces al mes el tanque de 50 litros, ese mismo grupo familiar tendrá un costo extra de 3.200 pesos si utiliza nafta súper. Es decir que en apenas 120 días sus gastos aumentaron en más de 10 mil pesos para alimentarse y pagar el combustible de su auto. Nada más.

Eso es lo que está notando de manera constante el grueso de la población, que siente, con razón, que sus ingresos le rinden cada vez menos, más allá de tener mejoras nominales en sus bolsillos. Lo que entra avanza más lentamente que lo que sale. Y esa realidad tiene garantía de continuidad al menos en los próximos meses.

En lo que va del año, el rubro Alimentos y Bebidas subió 28% y en los últimos 12 meses llegó al 62%. Sólo lo superaron Hoteles y Vestimenta y Calzado con 73,4%.

Es que según el informe del Indec que se conoció en los últimos días la inflación de abril volvió a marcar un valor extremadamente elevado al alcanzar el 6%, luego del 6,7% de marzo. En febrero había sido del 4,7% y del 3,9% en enero. Esa aceleración del primer cuatrimestre deja una par de certezas: el piso alcanzará un nuevo nivel que superará el 60% cuando termine 2022. Cuánto más que esa cifra, dependerá de cómo el Gobierno acierte, o no, en lo que queda del año. Pero además, el otro dato es que seguramente cuando se conozca el número de agosto, habremos alcanzado el 65% de piso. ¿Por qué? Es que el año pasado a esta misma altura el país tenía un ritmo de inflación algo menor: en mayo, junio y julio hubo alzas del 3,3%, 3,2% y 3%. En agosto bajó aún más y fue del 2,5%. Es decir que ahora cada mes que se vaya conociendo va a reemplazar para el cálculo del acumulado anual a esos valores. Si se considera como probable que haya cifras más altas que aquellas, entonces el anual irá en alza.

Por eso, con el dato de abril, los últimos 12 meses sumaron 58% de inflación, pero al menos hasta agosto seguiría creciendo.

Con esta inflación, hay otro riesgo para el Gobierno, que es el de un efecto negativo fuerte sobre la actividad económica que hasta acá es su único dato positivo.

Pero también habrá que tener en cuenta algunos otros ingredientes que pueden empujar un poco más el proceso. En abril no hubo aumento de combustibles como sí ocurrió en febrero, marzo y, ahora, en mayo. Por lo cual el próximo dato incluirá ese impacto que podría tener una traducción final en el IPC de medio punto por el alza del 10% en los surtidores.

Y ya en junio comenzará el recorte de los subsidios a la energía -si el Gobierno cumple con el cronograma que impulsa el Ministerio de Economía- que se reflejará como un incremento tarifario en el momento de mayor frío y de menos horas de luz, lo que empuja el consumo de gas natural y de electricidad en los hogares.

A su vez, las industrias, cuando reciban las nuevas boletas, ya anticiparon que inevitablemente trasladarán al menos una parte a los productos que salen de las plantas. Los combustibles y la energía, en general, son motores que traccionan los precios por varias razones: impactan en los procesos productivos, pero además lo hacen también en la logística. Y en particular, en la de los alimentos.

Es que ese es el rubro más sensible dentro del Índice de Precios al Consumidor que releva el Indec porque es el que impacta de lleno en las familias de menos recursos porque destinan una mayor porción de sus ingresos a ese fin. En lo que va del año, esa canasta subió 28% y en los últimos 12 meses llegó al 62%.

Sólo hay dos rubros que superaron al de Alimentos y Bebidas y fueron Restaurantes y Hoteles con el 73,4% y Vestimenta y Calzado, con el mismo porcentaje.

Naturalmente que si los niveles de inflación se mantienen a este ritmo y se consolida el nuevo escalón por arriba del 60 o 65 por ciento anual, hay otro riesgo para el Gobierno que es el de un efecto negativo fuerte sobre la actividad económica que hasta acá es algo que la gestión de Alberto Fernández y el ministro Martín Guzmán, en particular, repiten constantemente: que pese a todo el PBI de 2021 recuperó lo perdido en 2020 y que esperan que este año se expanda otro 5%. Pero eso es justo lo que está en riesgo.

El proceso inflacionario acelerado le ganará la carrera a los ingresos de la mayoría, con algunas excepciones. Y menor ingreso real es menor consumo y finalmente menor producción. Ese círculo vicioso es el que podría esmerilar el último bastión económico de Fernández a las puertas de un año electoral. Si la actividad no crece, no habrá más empleo.

Más allá de las explicaciones que salen de Casa Rosada vinculadas a la pandemia y su indiscutible efecto negativo en la economía; y más tarde la guerra en Ucrania, lo cierto es que Fernández necesitará resultados y no explicaciones para enfrentar con alguna expectativa el camino hacia las urnas.

En el medio, la interna del oficialismo atenta contra la posibilidad de revertir el cuadro de situación, al tiempo que genera el interrogante de si esos desencuentros se exacerban por las dificultades económicas o si las diferencias políticas generan más ruido en el escenario económico y lo agravan. Sobre esto último hay pocas dudas.