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Se cumple un sueño: el Santa Eufrasia arrancará las clases en su nueva casa

Después de años de lucha y de trabajo a pulmón de toda la comunidad educativa, los niveles inicial y secundario comenzarán el ciclo lectivo 2022 en el amplio y moderno edificio que está avanzando en Dinkeldein al 100

Después de varios años de lucha y de trabajo constante de toda la comunidad educativa, el colegio Santa Eufrasia está por cumplir su sueño: iniciar las clases en su nuevo edificio de calle Dinkeldein al 100. Aunque en principio se trasladarán los niveles inicial y secundario, se espera que a mediados del 2022 o a principios del 2023 haga lo propio el primario, para dejar para siempre las viejas instalaciones ubicadas en la manzana comprendida entre las calles María Olguín, Colón, Santiago del Estero y Moreno (donde funcionó una cárcel y un hogar para madres solteras).

Durante todo el verano, pese a estar de vacaciones, los docentes y el personal de la escuela se sumaron a las tareas que se están desarrollando para llegar a tiempo para el 2 de marzo, fecha en el que se dará comienzo al ciclo lectivo. Si no fuera por ellos, el arranque sería imposible, debido a que todo se hace a pulmón, sin financiamiento del Estado ni de ninguna organización o congregación.

“Los chicos son felices y eligen venir a la escuela. Contra eso, no hay nada”, aseguró Gabriela Comugnaro, directora del nivel secundario.

La nueva casa se caracteriza por su amplitud (el proyecto final tendrá más de 8 mil metros cuadrados) y modernidad, pero también por la inclusión, ya que cada rincón fue pensado y diseñado para que nadie quede afuera.

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El sentimiento de pertenencia es el que mueve a todos los que colaboran.

El sentimiento de pertenencia es el que mueve a todos los que colaboran.

Puntal recorrió las flamantes instalaciones y dialogó con el presidente de la asociación civil, Mario Selinger, y las directoras de los niveles inicial, Ivana Gersinich, primario, Silvia Pirri, y secundario, Gabriela Comugnaro, quienes se mostraron felices por el paso que están por dar y repasaron cómo surgió la necesidad de tener un lugar propio para continuar con una de las propuestas educativas más elegidas de la ciudad.

“Siempre quisimos trasladarnos a un lugar propio, pero recién en el 2008 se pudo adquirir el terreno. Desde ese tiempo se empezó a trabajar con la esperanza de que el edificio se construyera lo más rápido posible, pero el dinero para financiar las tareas se consigue a partir de las cuotas que pagan los papás y es complicado. Además, en el medio, tuvimos una pandemia. Por otro lado, a pesar de invertir en el nuevo edificio, apelamos a no resentir el proyecto pedagógico y eso implica inyectar recursos sobre cada propuesta. Esta institución siempre ha estado marcada por su manera interactiva de trabajar con la sociedad, por lo que hay una reciprocidad. Por eso, contamos con fundaciones e intendentes que nos han ayudado de distintas maneras. Como todo se hace de a poco, la mudanza se hará en dos etapas. Al nuevo edifico le faltan cosas (se espera que esté totalmente terminado para 2027), pero se nos vence el contrato del lugar en el que estamos y tenemos que dar el paso”, aseguró Comugnaro.

Entre los tres niveles, el Santa Eufrasia tiene alrededor de 1.700 alumnos. Por ahora, no se ampliará la matrícula, pero no se descarta a futuro.

Respecto al trabajo de los docentes, la directora del nivel secundario dijo que los proyectos colectivos siempre han sido parte del espíritu del Santa Eufrasia.

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Mario Selinger, Ivana Gersinich, Silvia Pirri y Gabriela Comugnaro recorren las instalaciones y destacan cada avance.

Mario Selinger, Ivana Gersinich, Silvia Pirri y Gabriela Comugnaro recorren las instalaciones y destacan cada avance.

“Nunca nos imaginamos de otra manera. Ante la necesidad de mudarnos y como la plata no alcanzaba para contratar para que limpien y pinten, los profesores hicieron un trabajo voluntario. Han pasado todas sus vacaciones aquí. Todos han colaborado de alguna manera, siempre con la guía de los arquitectos”, destacó Comugnaro.

-¿Cuándo tienen que dejar definitivamente el viejo edificio?

-Selinger: El 31 de diciembre de 2023 tenemos que dejar el edificio. Negociamos un contrato a largo plazo por la parte que les corresponde a las hermanas. Hay que recordar que la manzana está dividida en tres. La esquina de Santiago del Estero y Moreno le corresponde a un grupo de abogados. Otro sector, el mayoritario, es de la Municipalidad. Asimismo, la parte que ocupaba el antiguo Dichiara y el hogar de madres solteras, en la esquina de Santiago del Estero y Colón, está muy deteriorado.

-¿Piensan ampliar la matrícula de alumnos a partir del nuevo edificio?

-Comugnaro: Por ahora seguiremos con la misma. De todas maneras, pensamos que el edificio nos va a permitir otras cosas con el paso del tiempo. Nos imaginamos un terciario, por ejemplo.

-Gersinich: Es un edificio que tiene mucho para dar hacia adelante.

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Las docentes se esfuerzan para llegar a tiempo con los trabajos.

Las docentes se esfuerzan para llegar a tiempo con los trabajos.

-¿Cuántos alumnos y docentes hay actualmente?

-Selinger: La nómina de trabajadores asciende a 147 y los alumnos son alrededor de 1.700.

-¿Qué creen que traerá el cambio de edificio, tanto para los docentes como para los alumnos?

-Comugnaro: Ojalá nunca perdamos la esencia. Me parece que eso nos enseñó a amar la docencia desde otro lugar. Queremos que se cumpla eso de que a los lugares los hacen las personas. Más allá de lo deteriorado del viejo edificio, ese lugar nos hizo mejores personas a todos nosotros. Por eso, ahora que la realidad va a ser distinta, no debemos perder la esencia. Ahora hay nuevos desafíos por delante, pero no debemos perder las raíces.

-¿Cuántos años tiene el colegio?

-Pirri: En 1944 las monjas arrancaron como congregación en la asistencia de madres solteras que llegaban presas. El colegio empezó a funcionar en 1961. Siempre fue un colegio luchador. Muchas veces estuvo por cerrarse, pero las maestras salían a buscar alumnos para que siguiera adelante. Siempre hubo problemas, por eso decimos que la escuela es lucha y una ama ese espacio por eso.

-Gersinich: En cada momento hubo luchas que llevaron adelante distintos grupos de docentes. Al principio fue para buscar alumnos; después, para ampliar los espacios, pero siempre fue así, de lucha.

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-¿Qué características tiene el nuevo edificio?

-Comugnaro: Fue pensado para que sea accesible. Es una escuela nueva y no hay manera de que no integre a todos. Las aulas son espaciosas y tienen una mirada inclusiva para que todos los que quieran puedan ser parte del proyecto.

-Gersinich: El edificio tiene una galería que unirá a toda la escuela y eso dice mucho. Si bien cada nivel tiene su lugar, la galería nos une.

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-¿Por qué creen que tanto los padres como los estudiantes eligen a la escuela?

-Comugnaro: Porque son felices. Los chicos son felices y eligen venir a la escuela. Contra eso, no hay nada. Hay algo genuino que nos han legado.

-Pirri: Hay contención y mucha calidez humana. Acá los chicos siempre son escuchados. Pasa en los tres niveles. Hay contención y amor.

-Gersinich: Hemos tenido personas que nos han dicho “nos dijeron que el colegio era lindo, pero nunca pensamos que era tan lindo”. Eso es muy fuerte.

Nicolás Cheetham. Redacción Puntal