Daniel Verzeñassi, integrante del Foro Ecologista de Paraná, también apunta a la deforestación como causante de esta gran bajante e indica que la lluvia que hace caudaloso al río Paraná o exuberante a la selva misionera “es producto de un fenómeno único: los ríos voladores de la Amazonía. Estos procesos extensos de evaporación y precipitación en el bosque crean baja presión atmosférica que atrae constantemente al aire húmedo del océano, de ahí el nombre de ‘bomba biótica de humedad’”.

Indica que esta bomba sólo funciona en los bosques naturales prístinos. “Ni la vegetación de los bosques clareados artificialmente y explotados, ni de las plantaciones, pastizales o cultivos son capaces de activar la bomba biótica y mantener la humedad suficiente para la vida óptima”, señala Verzeñassi.

En tanto, precisa que, además, la selva amazónica, “corazón de la Madre Tierra, no sólo riega al Amazonas, también brinda las lluvias que dan vida a decenas de millones de personas más allá de la selva tropical. Cuando los ríos voladores de vapor de agua alcanzan la barrera de los Andes, fuertes lluvias caen al pie de las montañas, en las laderas orientales de la selva amazónica ecuatoriana, peruana, boliviana”.

Y concluye: “Los ríos voladores también giran hacia el sur y traen la humedad vital hasta Paraguay, el norte de Argentina y el centro y el sur de Brasil. Allí está el Gran Chaco Americano, que se está arrasando para la ampliación del agronegocio. Ese modelo arrasa culturas, pueblos originarios que ya no tienen sus montes. Comunidades que mueren, otras son desplazadas, otras persisten en soledad”.