Lucas Espósito nació en Villa del Rosario, a casi 80 kilómetros de la capital provincial, pero rápidamente comenzó con las mudanzas y primero fue a la provincia de Buenos Aires, más tarde a Brasil y, desde septiembre, cruzó el Atlántico, y se radicó en Luanda, la capital de Angola. Desde allí, sigue teniendo vínculo con la Argentina porque trabaja en una multinacional que compra trigo cosechado en el centro de nuestro país.
Y si bien destaca que los salarios que cobran los profesionales extranjeros allí son muy altos, advierte rápidamente que el contexto “es duro”. Y una cosa tiene relación con la otra. Porque aún con niveles de ingresos altos, el tiempo de rotación de los extranjeros es de dos años o tres. Pocos resisten más tiempo. Algunos, mucho menos.
Desde el otro lado del Atlántico, y desde el otro lado del mostrador en la cadena de los granos, asegura que la Argentina se observa en los mercados como “poco confiable” y admite que es necesario que el país se sostenga sin cambios en sus exportaciones durante varios años para que los compradores vuelvan a poner fichas aquí.
“Mi formación inicial es de técnico en molinos de trigo y maíz, pero mi carrera estuvo más vinculada casi en su totalidad al trigo”, comienza relatando desde Luanda, en diálogo con TranqueraAbierta.
¿Cómo llegó Angola a tu vida?
Los últimos 14 años viví en Brasil donde también recibía trigo argentino y trabajaba para Los Grobo. Antes trabajé para la misma empresa en Argentina. Y desde septiembre del año pasado, después de un proceso muy largo, llegué a África; fue todo muy burocrático.
¿Qué hacés en Luanda?
Trabajo para un grupo libanés muy grande que está acá y que se dedica a tradear: compra mercadería y la distribuye. Angola se está transformando en un país industrial porque viene de una guerra que terminó en 2002 y que destruyó todo. Pero a partir de allí comenzó la recuperación.
¿Y cuál es tu tarea?
Trabajo en un molino de 1.200 toneladas diarias que está en el puerto de Luanda, más grande que cualquier otro de Argentina. Soy gerente industrial o de producción del molino. La empresa tiene puerto de descarga propio y carga de pellet propia también. Es una empresa multinacional de capitales libaneses que está presente en todo el país. Tiene escritorios en Argentina, en Buenos Aires; pero también está en Suiza, Portugal, Dubai, Beirut. En Angola tiene la base industrial con dos molinos, fábrica de leche, de fideos, una de vinagre y con una proyección expansiva. Y desde hace un tiempo se asoció con Arcor y la primera fábrica que la empresa argentina abrirá en África será en Angola, puntualmente en Luanda, en sociedad con la empresa para la que trabajo.
¿Con el nombre de Arcor?
No, acá se llama Dulcería Nacional.
Y a ese puerto, para descarga, llegan barcos de Argentina con trigo...
Exacto. Aunque Argentina no es el único lugar de origen del trigo justamente por todos los problemas que tiene el país. De hecho el barco que acabamos de descargar en estos días es el último que traemos hasta la nueva cosecha probablemente porque se viene la cosecha europea y Francia tiene una enorme cantidad de trigo y compite de otra forma con precios. También por cuestiones logísticas coincide en que Argentina empieza a sacar la soja y los puertos entonces dejan de trabajar con trigo y se concentra mucho en soja.
¿Qué volumen del trigo que llega al molino es argentino?
De lo que molemos y aunque varía de año a año por disponibilidad y precio, podría decir que fue un 25% en el último año, sobre 400 mil toneladas; un poco más de 100 mil toneladas diría.
¿Sos el único argentino en la empresa?
No. Si bien la empresa es de capitales libaneses, pasó por conducciones portuguesas (antiguos colonizadores de esa región africana), luego brasileñas y finalmente ahora hay una preeminencia argentina que también en parte explica y facilitó la sociedad con Arcor. Hoy en la empresa hay 8 argentinos con cargos jerárquicos y completarán una docena en poco tiempo más.
¿De Argentina sólo compran trigo?
Se compra trigo pero podría haber algo más en un futuro.
¿Cómo se ve Argentina como productor y proveedor de granos?
Se ve como poco confiable. Ese es el mayor problema. Y lo digo mirando desde Angola, pero también por mi paso por Brasil, en donde la situación era peor porque Brasil tiene mucha más dependencia del trigo argentino. En el molino que trabajo hoy traemos trigo argentino, pero también de Francia, de Rusia, de Alemania. Por la localización geográfica, que estamos en el centro del mundo, podemos traer de distintos lugares. Hay alternativas. Y cuando estaba en Brasil, hasta por cuestiones del Mercosur, era más difícil traer de otro lugar que no sea Argentina, Uruguay o Paraguay, pero estos con producciones mucho más chicas; pero que crecieron cuando Argentina hizo muy mal las cosas, allá por 2011 y 2012 que cosechamos 8,4 y 8,7 millones de toneladas. Nos volvimos un país poco confiable.
Al estar del otro lado, ¿es preferible la certeza aunque sea más cara?
Absolutamente, el mercado prefiere eso. Está dispuesto a pagar más pero la certeza de tener producto para moler. Imaginemos los molinos parados por falta de producto; eso es lo más caro. Con una producción de 20 millones de toneladas y consumiendo 6 millones más otras 2 de stock, a la Argentina le quedan 12 millones de toneladas de exportación y resulta fantástico. Pero sería fantástico si lo hiciera durante 10 años seguidos para que el mercado vuelva a creer en el país. No sirve hacerlo 2 años y luego dar marcha atrás con un cambio de Gobierno y así.
¿Y Rusia?
Muy complejo, porque afecta directamente el precio del trigo. Todo el mundo que se dedica a esto sabe lo que pasó con los commodities por la guerra, cosa que no pasó ni con el Covid. Y complica mucho por el precio y por la oferta de barcos y el costo de ese transporte. La tarifa pasó de 35 dólares a 75 u 80.
¿Rusia dejó de estar en el radar de los compradores?
Por la guerra no tenemos comprados barcos rusos a futuro. Tenemos compras hechas hasta agosto y si miramos las planillas no hay rusos. Pasa lo mismo que Argentina, no es confiable. La incertidumbre pasa por el tiempo que durará la guerra. Todo lo que genere incertidumbre queda de lado porque puede ser muy caro. Barato sin certeza de entrega puede generar un problema gigantesco.
La vida en Angola
“La vida en Angola es dificilísima. Por un lado está el expatriado, los extranjeros, que vivimos en una burbuja tremenda. Con sueldos que también son una burbuja y que podría decir que muchos argentinos podrían venirse nadando a Angola por las cifras. Son muy altos porque es difícil traer mano de obra acá.
¿Cuánto es muy alto?
Diría que entre un gerente industrial y un director cobran entre 7 y 12 mil dólares. Y la verdad es que da no sé qué hablar de eso y me pasa con mis padres en Córdoba porque es lo que allá puede ganar una persona por año y tal vez ni siquiera. Es una locura, porque además hay que sumarle que te dan la casa con los gastos pagos, el auto con todo pago, pasajes para ir a tu casa para la familia, empleada doméstica y en algunos cargos hasta chofer.
¿Y el costo de esa vida es muy caro?
El costo de vida para el extranjero es caro. Pero del sueldo que te mencioné puede gastar 1.500 dólares mensuales. Pero cada mes acá son 6 meses en cualquier otro país del mundo. Es muy dura la vida acá. Y además, por más plata que ganes, no tenés en qué gastarla. Y por ahí alguien puede pensar “pero con esos sueldos”. Pero la verdad que es un país muy duro. Y por eso la rotación de gente es de dos años, aún con esos sueldos. Yo llegué en septiembre y un mes más tarde llegó una directora financiera, con un sueldo muy alto, que aguantó un mes y medio. Dijo “están todos locos” y se fue. Le agarró un ataque de pánico, no podía andar en la calle.
Y después está la vida del angoleño medio...
Claro, exacto. El expatriado tiene como comodidades extremas, pero después salís a la calle y ahí te encontrás con la más pura África que te puedas imaginar, con contrastes muy fuertes. En las avenidas hay mucha gente vendiendo cosas, desde veneno para ratas, cables para celulares, discos, garrapiñadas, palta, ananá y todo tipo de frutas. Y al lado pasan autos de primera marca mundial como Porsche, Land Rover o Hummer. Es muy difícil ese contraste entre los angoleños multimillonarios, los extranjeros y la población más pobre del país.
¿Qué hacen los angoleños multimillonarios que mencionás?
Viajan mucho a Portugal y Dubai. En un fin de semana largo por ejemplo, no queda nadie.
¿Y actividad económica?
Su principal actividad está vinculada a la extracción de piedras preciosas y minerales. Hay mucho diamante. De hecho hay una playa a la que no se puede entrar, cercana a Namibia, porque hay diamantes en la arena. Es una locura.
¿Y el paso de la pandemia dejó muchas muertes ahí?
Lo que pasa es que los números no sé si son demasiado confiables. La verdad es que no sé si pasó de 1.700 fallecidos en toda la pandemia. Pero a la vez hay que tener en cuenta que la gente acá se muere mucho de otras cosas. Nosotros ya tuvimos malaria, salmonela, hepatitis y el Covid. Y gente allegada tuvo tifoidea, dengue. Pero pese a todo, es una población muy alegre, baila mucho, hace muchas fiestas. Y hay una fuerte presencia de la religión con evangelistas especialmente y también católicos.
¿Con quién vivís en Luanda?
Con mi esposa y mi hija. Y tengo un varón en Córdoba estudiando Producción Musical. Y la de 16 que vive acá a mitad de año se va de intercambio a Estados Unidos. El mayor nació en Villa del Rosario y la nena en Alberti, en provincia de Buenos Aires, pero llegó a Brasil con tres años.
¿Cuánto hace que dejaste Villa del Rosario?
Casi 20 años. Tengo 44.
¿Y la primera parada dónde fue?
Bahía Blanca. Empecé con los molinos en 1999.
Siempre cerca de los puertos y los granos...
Siempre cerca de los molinos y la verdad que me tocó un molino en el puerto de Bahía Blanca que fue el primero que tuvo Los Grobo en su historia. Y de ahí me fui a Brasil y también al primer molino que tuvo ahí la empresa.
¿Y cómo llega África en esa ruta, por el ambiente y la actividad misma?
Por Linkedin. Laboralmente hablando no me canso de recomendarla porque es de las redes sociales más fructíferas. Uso Twitter para divertirme y distraerme, pero Linkedin es muy importante en lo laboral. Yo contraté gente y me contrataron a través de esa red.
¿Cómo es Luanda?
Todavía sigue siendo una ciudad muy militarizada y con presencia de armas de guerra que uno ve todo el tiempo. Por lo cual uno va al supermercado o a un shopping para extranjeros y en la puerta hay un guardia con un AK-47. Vas al indio de la esquina, que sería el chino de Argentina, y tenés un guardia con un AK-47; también en las tiendas. Es parte del paisaje de todos los días.

