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El desafío de mantener un lugar entre los mejores

La publicación en la revista norteamericana Time de un estudio de la Universidad de Columbia que incluye a la Argentina en la lista de países que mejor han respondido a la emergencia sanitaria por la pandemia de Covid-19 constituye un significativo espaldarazo a las políticas oficiales, aunque no deja de contener advertencias a las que debe prestarse atención teniendo en cuenta que se transita un terreno desconocido cuya evolución futura resulta en gran medida imprevisible.

En un momento en que crece en intensidad el debate sobre las opciones disponibles para enfrentar la pandemia de Covid-19, la publicación en la revista norteameri- cana Time de un estudio académico que incluye a la Argentina en la lista de países que mejor han respondido a la emergencia constituye un significativo espaldarazo a las políticas oficiales que, aunque siguen gozando del respaldo mayoritario de la población, también ven crecer los cuestionamientos en su contra. No obstante, el aval no deja de contener advertencias a las que debe prestarse atención teniendo en cuenta que se transita un terreno desconocido cuya evolución resulta en gran medida imprevisible.

El trabajo fue elaborado por un equipo de la Universidad de Columbia, en Nueva York, que cotejó las cifras de contagios y decesos relevados por la Universidad Johns Hopkins -consideradas las más confiables y actualizadas de todo el planeta- con ponderaciones sobre la base de tres criterios: manejo del sistema de salud, respuesta política y respuesta financiera. La evaluación no solamente colocó a la Argentina entre los ejemplos de mejor desempeño -junto con países como Taiwán, Singapur, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Australia- sino que la destacó como “el caso más sorpresivo de la lista”, considerando el estado recesivo de la economía y la situación de default de la deuda pública.

Los investigadores destacan las “estrictas medidas de distanciamiento social” adoptadas por la Argentina poco después de la irrupción de los primeros casos, como consecuencia de lo cual “sus números se ven mucho mejor que los de sus vecinos”. Pero también hacen hincapié en que esas disposiciones han contado con “la cooperación de gobernadores y miembros del Congreso de ambos partidos”. Una observación que acaso podría relativizarse ante la profundización de los cortocircuitos políticos de los últimos días, pero que en cambio resulta exacta y atinada si el comportamiento de la dirigencia local se compara con las salvajes peleas entre jurisdicciones que se observan en Brasil o en el propio Estados Unidos, que no casualmente son hoy los países peor posicionados.

En lo referente al impacto económico del coronavirus, el trabajo reconoce como necesaria la decisión de desviar recursos hacia quienes como consecuencia de las restricciones vieron reducir o directamente desaparecer sus ingresos, pero no deja de advertir sobre la posibilidad de que el peso de esas erogaciones en el PBI y en las cuentas fiscales provoque un colapso financiero. Es uno de los motivos por los cuales, dentro de la lista mencionada, la Argentina aparece junto con Grecia, otro país en dificultades económicas de buena respuesta ante el coronavirus, dentro de una categoría titulada “Un buen arranque, pero con desafíos por delante”.

Más allá de las objeciones que pueda merecer un juicio que por formularse a distancia no está en condiciones de tomar en cuenta muchos detalles y particularidades, no parece desatinado compartir desde aquí la conclusión de que el curso adoptado por la Argentina fue, por el momento, “la mejor elección entre malas alternativas”. Pero sin congratularse en exceso por logros que todavía son apenas parciales, ni olvidar que a esta historia todavía le quedan muchos capítulos por desarrollar, en un tono no necesariamente idéntico al utilizado hasta ahora.