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Los pocos salvavidas para la economía vendrán del agro

Las commodities alimentarias resisten más el embate de la pandemia que otras vinculadas a la minería o la energía. Lo que ocurrió con el barril del petróleo es una muestra. Igual hay luces amarillas en la carne y el maíz

El número de botes va a ser escaso para la necesidad en materia económica que va a dejar el golpe contra el iceberg que comenzará a palparse más acabadamente a partir de ahora y se puede agravar en la medida en que los contagios por coronavirus en el país aceleren. La situación en el conurbano bonaerense y en Córdoba son señales de alarma que claramente obligan a imaginar un escenario en el que lo peor esté ubicado adelante y no atrás. Por eso es imperioso trasladar a la población la idea base de que flexibilizar no debe ser sinónimo de relajar. Como ocurrió hasta aquí, mantener la guardia en alto logró que los contagios a esta altura del año sean mucho menores a los que se hubiesen registrado si las autoridades no tomaban las cosas en serio. Y para eso sólo hace falta comparar lo que ocurre en México, Brasil o Estados Unidos. Y aquellos que se esfuerzan en sostener que para esos países el daño económico fue menor, deberán esperar a que termine la película para la cuenta final. A lo que habrá que sumar las vidas humanas perdidas.

Pero mientras el futuro sigue incierto y dependiendo de una infinidad de variables que nadie conoce con certeza, pueden recortarse algunos datos sobre los que hay más margen de probabilidad para imaginar por dónde caminará la Argentina en los tiempos que vienen. Que serán muy complejos.

Sin dudas esta semana habrá un mojón importante: hasta el jueves hay tiempo para que el Gobierno y los bonistas alcancen un acuerdo y así evitar la caída en default. De todos modos, tampoco hay que creer que allí se jugará todo el futuro del país. En la infinidad de problemas que azotan a la Argentina y los que generará (o agravará) la pandemia no parece de lo más relevante. Aunque claramente será mejor arreglar que no. Y eso ya lo dejó en claro el presidente Alberto Fernádez, quien pone la difusa barrera de la sostenibilidad como condición.

El acuerdo en sí mismo no cambiará demasiado, pero permitiría en un segundo momento tener más opciones sobre la mesa para tratar de combatir sí problemas graves como la pobreza, la indigencia, el desempleo, la aniquilación de empresas, o la inflación. En esta última variable no hay nada resuelto más allá del dato de abril que dio algo de tranquilidad en su promedio general con el 1,5%. Sin embargo, Alimentos y Bebidas sumó 3,2%. Tomando el escenario de extrema excepcionalidad, sin muchas actividades en marcha durante el mes pasado y con tarifas congeladas, al dato general habrá que tomarlo con mucha cautela. A nadie sorprendió demasiado que sea el más bajo en 31 meses. Esa misma característica de excepción permite que la fuerte intervención del Estado con una emisión (necesaria) fuera de los parámetros normales no mueva la aguja, al menos por ahora, en los índices inflacionarios. Hasta aquí, el combo sólo muestra presión sobre el dólar no oficial, lo que puede ser una primera luz de alerta. Sin embargo, por el lado del mercado cambiario, el Gobierno no tiene un horizonte tan amenazante, más allá de las escaladas del blue. Las importaciones son mínimas y sin turismo en el exterior, la salida cayó fuerte. Además, el cepo sobre el oficial y el superávit comercial que permite la baja de importaciones debido a la escasa actividad suman en esa línea.

Justamente en las exportaciones puede estar parte de la recuperación si es que algunas señales se concretan. De todos modos, cuando se piensa en las ventas al mundo, se piensa en el agro. No hay hoy otros sector más competitivo en medio de la pandemia. A nivel mundial está claro que de las materias primas, las vinculadas a la alimentación son las que mejor resisten el embate de la crisis mundial. Energía y minerales se desplomaron con la parálisis internacional. Pero el mundo sigue comiendo y por eso los granos se mantienen en niveles más o menos similares a los preCovid-19. El petróleo y su precio subterráneo evidencian lo que pasa con el consumo de combustibles en el mundo.

Sin embargo, ese mismo problema en la demanda de petróleo generó un impacto negativo en los biocombustibles que en la zona de Río Cuarto, Villa María y Alejandro Roca impactó de lleno. Las etanoleras de Estados Unidos demandan mucho menos maíz de lo imaginado y eso está provocando una abundancia del grano en los mercados internacionales. Por supuesto que eso presiona a la baja la cotización del cereal. En Argentina, la industria del sector padece lo mismo. En abril, el derrumbe en el consumo de naftas superó el 80% y si bien esperan que para mayo se recupere y muestre una baja del 50%, no es nada para alegrarse. Es una señal negativa para los precios del maíz en línea con una producción mundial importante que redundará en una oferta firme.

El otro elemento de comercio exterior de alimentos que tiene Argentina con signos de interrogación es la carne vacuna. El principal mercado es sin lugar a dudas China, y allí hay una buena y una mala. La primera es que comienza a rebotar la demanda después de la pandemia y los embarques empiezan otra vez a crecer.

La mala es que desde noviembre, el gobierno asiático derrumbó los precios que se venían convalidando y eso pone en jaque a la cadena puertas adentro del país. Ya hay eslabones que empiezan a sufrir la presión que sale desde el comprador, que fija precios y condiciones.