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Es riocuartense y logró subir al cerro Aconcagua y al volcán Lanín

A sus 49 años, hizo cima en el volcán que se encuentra en el Parque Nacional Lanín, aunque resalta que "la cumbre de uno no es tanto la cumbre en sí, sino la puerta de tu casa"

Leonardo Brollo, de profesión veterinario, logró ascender en 2019 junto a un grupo de amigos, al pico más alto que posee Argentina, el Aconcagua. En noviembre de 2022 fueron por más y realizaron con éxito la escalada del volcán Lanín, que se ubica a 3.776 metros sobre el nivel del mar.

Brollo comenta que empezó a practicar actividades al aire libre desde su infancia, debido a que pertenecía a un grupo de boys scouts. Añade, además, que este nuevo hobby le surge ya que su vida gira en torno a realizar actividades en la naturaleza.

Relata que su primera escalada fue a Plaza Francia, en el Aconcagua, junto al grupo del Club Andino de Río Cuarto. “Yo había ido al Champaquí, pero allá -en el Aconcagua- es todo grande, monstruoso, desde Plaza Francia se ve todo nevado, imponente, se ve todo gigante”, relata con entusiasmo al recordar su primer contacto con el pico más grande de América.

Comenta que su contacto con la escalada también comienza de una manera particular. Cuando se funda el Club Andino Río Cuarto, Brollo comienza a alquilarle una torre que se encuentra en su terreno. Torre que luego sería usada para practicar escalada en roca, y a la cual él se uniría, dando comienzo a lo que sería su nueva actividad de preferencia. En este sentido, relata: “Empecé a salir con ellos, las amistades con las que fui al Aconcagua salieron de ahí” y añade que, gracias a dicho club, en 2019 pudo hacer su primera cima en la montaña más alta que posee nuestro continente.

Comenta que a ese ascenso “lo tenía pensado con más tiempo, primero como sueño, desde que fui la primera vez, que lo vi de abajo, desde Plaza Francia, dije yo quiero estar allá arriba, pero parecía muy difícil, las cosas se fueron dando de a poquito, de decir, che, yo podría”.

Al mismo tiempo, resalta que para poder realizar la expedición, se deben tener en cuenta tres aspectos fundamentales.

El primero de ellos, comenta, fue comenzar a dialogar con otros excursionistas que ya poseían varios ascensos a diferentes picos montañosos, como así también asistir a charlas de profesionales de la escalada a nivel internacional.

Otro aspecto a considerar es la condición física. “Llevé un año firme de entrenamiento en el gimnasio. Pero fundamentalmente al subir cerros. Al estar en altura, el cuerpo reacciona de otra forma. No solamente es la caminata en el cerro, sino que uno se tiene que alimentar, tiene que dormir. Uno no está acostumbrado a dormir a esa altura, con tanto frío, incómodo, uno se tiene que ir adaptando”, explica el ahora escalador.

Pero, a su consideración, la más importante de las cuestiones no tiene que ver con la montaña, ni con el físico, ni con el equipamiento. La cuestión principal es la familia, los amigos y la parte psicológica.

-Se te cruzó por la cabeza, ¿y si no vuelvo?

-Sí, uno lo piensa. La cumbre de uno no es tanto la cumbre en sí, sino la puerta de tu casa. Volver y encontrarte con tu familia. Ese es el objetivo, ir y hacer todo lo que uno tiene ganas y disfrutar, pero volver a tu casa.

La puerta de tu casa es más cumbre que la cima

-¿Hubo algún día que dijiste: “Me bajo”?

-No, yo siempre iba para delante. Uno siempre fue generando experiencia, conocimiento. Aparte de los amigos, la familia te tiene que apoyar, falté veinte días a la casa para poder ir a la Cordillera. Nunca tuve un día de decir: “Me bajo”. Uno cuando tiene un objetivo es más fácil lidiar con el tema del gimnasio, hago cosas que no son tan agradables, no son vida en la naturaleza, pero uno va poniéndose como norte la cumbre, entonces es más fácil hacer todo eso.

-¿Cómo son los días previos?

-Preparar los equipos, generalmente uno tiene una lista de cosas que tiene que ir preparando, desde muy técnicas como las botas, hasta sencillas, lo que vas a comer, elementos de higiene.

Al mismo tiempo, el veterinario de Río Cuarto comenta que otra de las partes fundamentales para comenzar a realizar los ascensos es el poder contar con los equipamientos necesarios. Resalta que, por ejemplo, para ascender a cerros como el Champaquí, es posible acceder a la adquisición de accesorios en el país. Pero en el caso de intentar subir a picos más altos, elementos, como botas, crampones o guantes, se deben adquirir en el exterior debido a que a nivel nacional no se pueden adquirir.

Al respecto, Brollo sostiene que muchas veces, cuando se escala, se suelen contratar servicios como domos y carpas. Asimismo, si uno contrata las excursiones y los guías, se suelen facilitar los elementos para realizarlas, como los crampones, bastones, piquetas, entre otros accesorios.

Respecto de la alimentación, indica que lo que se consume suele ser comida liofilizada. “Le echás cierta cantidad de agua, esperás diez minutos y ya lo podés comer”, señala y agrega que, por día, se suele consumir un paquete.

Aunque los paquetes deshidratados son de gran ayuda, un elemento vital que no debe faltar es el agua. Ante esto, el escalador local sostiene que, por ejemplo, “en el Aconcagua no hay agua líquida, está todo congelado. Gran parte del día te lo demanda derretir nieve. Esa agua no tiene sal, uno tiene que prepararla porque si no el agua pasa por el organismo sin hidratarte”.

El ascenso al Lanín, su última escalada

En noviembre de 2022, el veterinario local emprendió, junto a sus compañeros, la subida al volcán que se encuentra situado en la Cordillera de los Andes y que limita con el país vecino Chile.

Comenta al respecto que en el Parque Nacional Lanín, sólo se permite, a quienes quieran realizar la actividad, escalar por dos días, entre ascenso y descenso.

Frente a esto, señala que “no es que vos podés subir hasta el último campamento y esperar indefinidamente para subir, porque estás en un lugar donde la altura no hace que puedas permanecer ahí siempre, le llaman ¨la línea de la muerte¨. Por arriba de esa línea vos te empezás a morir, el tiempo está contado, tenés que subir y bajar, porque los hidratos de carbono ya no se absorben de la misma forma, las proteínas no se asimilan de la misma forma, entonces es el momento, subir, sacarse la foto y bajar”.

Aunque de escucharlo, puede sonar fácil y no imposible de lograr el ascenso, el vecino de nuestra ciudad deja en claro que no todo es lo que aparenta.

“Es un ambiente hostil, porque hay poca humedad, uno empieza estar siempre medio congestionado. Entonces no es un ambiente amigable, uno sabe que como la cumbre está ahí, uno quiere llegar. Los vientos que corren son bravos, todo eso empieza a jugar con la persona. No es tan fácil vivir en ese lugar” y agrega: “Yo del Aconcagua vine con ocho kilos menos, vine más flaco”.

-¿Cómo fue la subida?

-El primer día que estuvimos, llegamos hasta el campamento intermedio a 2.700 metros de altura, nos llevó seis horas.

Los guías nos dieron la comida porque ellos nos iban a cocinar.

Descansamos, nos hidratamos, y al otro día a las dos de la mañana nos despertaron, nos dieron el desayuno y empezamos a caminar. Demoramos siete horas más para llegar a la cumbre.

Nos abrazamos con los amigos, con el guía. Uno de los chicos decía que él sentía que esa cumbre era la amistad. Para mí fue muy significativo, llegar a la cumbre fue un hito.

Aunque lo que más rescata Leonardo Brollo, además de haber logrado subir a dicho volcán, es el respeto hacia la naturaleza que desde los guías se les inculca a todos aquellos que están por realizar el ascenso. En este sentido, comenta que “los guías están bien preparados, son muy amables, pero siempre imponiendo el respeto, vos tenés que hacer lo que dicen ellos, no es que cada cual se autogestiona”.

Un dato fundamental que comenta el ahora montañista es que en determinados campamentos, como es el caso de Plaza Argentina en cerro Aconcagua, uno se encuentra con un sector en donde médicos especialistas en montaña les realizan de forma obligatoria un chequeo médico a los andinistas. Al respecto, explica: “Vos cuando llegás, tenés que hacerte un control, y ellos deciden si te dejan seguir o no. Hay toda una estructura en el Aconcagua. Los rescates son carísimos”.

Finalmente, Brollo declara que subir al Everest sería un sueño, aunque el costo para llevar a cabo dicha escalada es demasiada costosa y requiere de una gran cantidad de días lejos de casa.

Este año, las temporadas de escalada, en el caso del Aconcagua, es desde el primero de noviembre al treinta de abril, mientras que en el caso del volcán Lanín, la fecha de subida es desde octubre hasta el mes de abril.

En cuanto a precios, entre equipamiento, hospedaje, entrada a parques, entre otras actividades, Brollo señala que podría estar costando alrededor de un millón de pesos.