Si algo quedó claro luego del 30° Congreso de Aapresid que se celebró en Rosario la semana pasada, es que la Argentina está nuevamente ante una oportunidad muy particular que el mundo le ofrece, pero que sin embargo por ahora está haciendo poco para tomarla, cuando tiene la capacidad, las herramientas y los recursos para hacerlo.
“Estamos desaprovechando oportunidades. No significa que no puede haber nuevas, pero ya desaprovechamos varias. El mundo demanda lo que producimos y deberíamos tomar una decisión inteligente que sería producir todo lo que más podamos porque hay un mundo que lo demanda, y además para que ingresen divisas que necesitamos tanto y luego vemos qué hacemos con eso. Pero no al revés. Hoy se presiona al que produce pensando que esa es la mejor manera de solventar al país. Lo primero es generar la riqueza y después vemos cómo seguir. Pero si boicoteamos al que puede generar riqueza, difícilmente estemos en el buen camino. Pero sí tenemos grandes oportunidades que el mundo nos vuelve a dar”, reflexionó David Roggero, presidente de Aapresid, en diálogo con Tranquera Abierta.
¿Está el potencial para dar un salto?
Totalmente, porque hoy los productores pensamos en cómo acomodarnos para seguir subsistiendo y no en cómo crecer cada vez más aprovechando el potencial. Hoy la jugada debe ser lo suficientemente conservadora por las dudas, por la incertidumbre que hay.
¿Qué balance les dejó el Congreso?
Tuvimos una muy buena repercusión, algo que nos llena de orgullo. Incluso muchos llamados del exterior. La verdad que es un grupo grande de personas que trabaja para organizar el Congreso y ver que tiene este reconocimiento es muy positivo. Faltaron muy pocos para alcanzar los 5 mil participantes presenciales, que es un dato muy alentador. Se lograron bien los objetivos que planteamos, incluso a último momento tuvimos que ampliar espacios para que entraran las empresas que querían estar. Y al final casi alcanzamos las 150 charlas cuando comenzamos con un objetivo de 90.
Además regresando a la presencialidad tras la pandemia...
Ese es otro ingrediente que ayudó a que la gente se volcara. Porque los que vivimos muchos congresos sabemos lo que pasa ahí, cuando nos encontramos, interactuamos, nos conocemos. Y además entrás en contacto con lo último en tecnología, las novedades y también los especialistas de cada temática. Pero insisto en que los vínculos son muy importantes y el ecosistema que se genera.
Siempre Aapresid está con un ojo en el recurso suelo, este año en un marco mundial muy especial, con gran demanda de alimentos...
Es la realidad. Todavía estamos bajo los efectos de la pospandemia especialmente en lo que hace al acceso de insumos necesarios y el costo adicional que todavía deja la pandemia en la logística. Hay toda una problemática sin normalizarse vinculada a eso. Y se suma ahora lo de la guerra entre dos potencias en referencia a los alimentos, granos y también los fertilizantes. Es un combo bravo, pero nosotros vinimos a reforzar que como productores hay ciertas cosas que deberíamos ya estar confirmando sobre lo aprendido para no cometer errores del pasado.
¿Por ejemplo?
Una de las cosas que se abordó bastante es el de no volver a las labranzas innecesariamente. Puede haber excepciones, pero no como algo frecuente.
¿Hay preocupación porque notan que hay más labranza?
Se lo observa de manera más frecuente, más común que antes. Cuando uno va por las rutas es más habitual ver lotes trabajados. Y eso tiene estadística explícita como la del RETA que elabora la Bolsa de Cereales de Buenos Aires en donde se ve cómo va bajando 1, 2 o 3 por ciento por año el uso de la siembra directa. Pero quizá esté disimulado o amortiguado ese número, que puede ser mayor.
¿Y entonces?
El desafío que tenemos como institución es insistir en que la no labranza es el punto número uno. Porque después la estrategia se completa con rotación de cultivos, el balance de nutrientes, el uso responsable de fitosanitarios, que es el combo exitoso del sistema de siembra directa. De lo contrario lo único que hacemos es producir sin labranza, pero ahí comienzan los problemas de maleza, compactación, infiltración, que son parte de los argumentos por los cuales algunos productores piensan que la labranza es una alternativa viable.
¿Las malezas son el principal argumento para volver?
La maleza es una de las problemáticas. Pero el hombre vio hace 10 mil años en la labranza una manera de producir porque era la que permitía controlar malezas. Pero hoy, con el aprendizaje de miles de años, con la labranza, lejos de mejorar esa situación, empeora. Quizá en un primer momento sirve, pero luego llegan los problemas y el ciclo empieza a ser cada vez más veloz y encima tiene el agravante de que el suelo labrado se queda con menos humedad disponible para el cultivo que se implanta, y además pierde cantidades de materia orgánica que se transforman en gas y se va al aire. Es un circulo vicioso bastante explosivo por los perjuicios que se acumulan. Es el desafío que tenemos como organización, transmitir estas cosas para que el productor opte por la mejor salida. Y sabiendo que para que la siembra directa sea exitosa, no sólo es tener la máquina para sembrar sin labrar.
Entonces es peor el remedio que la enfermedad...
Sí, sí. Es así. Y no lo decimos porque sí, lo dice la ciencia.
A todo ese combo explosivo hay que sumar la erosión, más en zonas como las del sur de Córdoba...
Ni que hablar, tanto en la eólica como hídrica. Porque además se lleva la mejor parte del suelo, que es la superficial. Insistimos, no es una buena herramienta, salvo excepciones.

