Arquitectura | arquitecto | proyecto | Hotel

"Los espacios del futuro no serán obra de un solo arquitecto"

Marcelo Joulia, riocuartense radicado en Francia, es uno de los cinco arquitectos de renombre que el empresario irlandés Patrick McKillen contrató para construir un hotel de lujo en la costa del mar Mediterráneo. Diseñó y dirige la ejecución del restaurante del complejo que tendrá por chef al argentino Mauro Colagreco.

“Trabajar con otros arquitectos en una misma obra es como tomar a cinco escritores para hacer cinco novelas, pero que se editan en un mismo libro. Cada uno tiene su impronta”.

Marcelo Joulia transcurrió su adolescencia en Río Cuarto y fue la formación técnica del Colegio Industrial la que despertó su pasión hacia las figuras y las formas. En su etapa de juventud debió mudarse junto con su familia a Francia y en ese país europeo fue consolidando su vocación y formación de arquitecto.

Hoy, a los 62 años, transita un presente profesional exitoso y en diálogo exclusivo con Puntal ADC comparte la experiencia de poder ser uno de los cinco arquitectos que el empresario irlandés Patrick (Paddy) McKillen contrató para ejecutar el Maybourne Riviera Hotel, un complejo de lujo emplazado a la vera del Mar Mediterráneo.

Marcelo Abre Hotel.jpg

En ese desafío, Joulia tiene a su cargo el diseño y ejecución del restaurante que tendrá por chef a Mauro Colagreco, otro distinguido argentino ganador de tres estrellas Michelin, un reconocimiento internacional a la excelencia en gastronomía.

“Se trata de un proyecto muy interesante y bastante complejo. El propietario (McKillen) es un empresario irlándes que vive en Londres que ya cuenta con tres hoteles cinco estrella en Londres (Claridge’s, The Berkeley y The Connaught, pertencientes al Maybourne Hotels Group) y que ahora quiere hacer los mejores hoteles de Europa al borde del Mediterráneo”, señala Joulia a Puntal ADC.

Para el megaproyecto, McKillen ha seleccionado a cinco estudios de reputación internacional, con sedes en Reino Unido, Nueva York, Hong Kong y uno de esos cinco es el estudio que Marcelo Joulia posee en París.

El piso del Maybourne Riviera donde Joulia dirige la ejecución del restaurante

“Nosotros, desde mi estudio, nos ocupamos del último piso del emprendimiento, que es un restaurante con vista panorámica. Esta propuesta significa una convocatoria muy fuerte, porque el hotel que se hace es muy ambicioso, muy moderno. Cada sector tiene a su arquitecto o a su diseñador muy importante y, en mi caso, me ocupo de la parte más alta”, sostiene el arquitecto de raíces riocuartenses.

Para tomar dimensión de los profesionales que participan en el proyecto, menciona que el responsable de llevar adelante el sector de habitaciones del hotel es el arquitecto y diseñador Andre Fu, de Hong Kong, uno de los mejores interioristas del mundo por estos tiempos.

Visuales privilegiadas

Joulia describe que el hotel cuenta con cinco pisos que “están colgados” de una gran roca y suspendido hacia el mar Mediterráneo. “Todas las habitaciones y todos los espacios nobles del hotel miran al mar y una particularidad muy interesante que posee es que desde el restaurante se ve del lado izquierdo, a Italia, y del otro lado se ve Mónaco, en Francia. Es decir, estamos colgados arriba de Mónaco”, grafica el arquitecto.

image.png

Y agrega: “La ubicación es ultraespectacular. Es increíble la emoción que uno tiene cuando estamos en el lugar que estamos construyendo nosotros o en el sector de las habitaciones, por las vistas que se obtienen. El mar es maravilloso y, en cuanto a la arquitectura, es una proeza técnica muy fuerte”.

Hacer esa especie de nido de águila colgado sobre una estructura de piedra fue una locura. Y me doy cuenta de ello cada vez que hacemos algo nuevo, porque necesitamos de grúas para subir materiales. Hacer esa especie de nido de águila colgado sobre una estructura de piedra fue una locura. Y me doy cuenta de ello cada vez que hacemos algo nuevo, porque necesitamos de grúas para subir materiales.

Joulia cuenta que representa un verdadero desafío trabajar para el irlandés Patrick McKillen porque es uno de los tres empresarios hoteleros más importantes del mundo y conoce mejor que nadie respecto de arquitectura y hospitalidad.

Es que McKillen es también propietario del denominado Chateau La Coste, uno de los proyectos enológicos y arquitectónicos más increíbles y reconocidos de La Provenze francesa. “Él (McKillen) tiene un territorio de 120 hectáreas en el sur de Francia y allí ha convocado en su viñedo a los mejores artistas y a los mejores arquitectos del mundo”, comenta Joulia.

image.png

Chateau La Coste no es sólo una bodega sino un verdadero centro de arte que incluye estructuras diseñadas por cinco de los mejores arquitectos del mundo: Tadao Ando, Jean Nouvel, Frank Gehry, Sir Norman Foster y Renzo Piano. “Por estos días, está terminando en ese lugar una galería de arte que hizo el arquitecto inglés Richard Rogers y un edificio de conferencias diseñado por el brasilero Oscar Niemyer. Allí tiene obras de grandes artistas como Richard Serra o Lafaourie Ellerson”, señala el arquitecto franco-argentino. Para agregar: “Entonces, trabajar en un proyecto tan visionario y tan ambicioso, en el sentido de la calidad de la arquitectura y en lo que es la experiencia, con este señor, para mí es muy interesante.

Joulia.jpg

Él (McKillen) tiene una visión muy fuerte de lo que es ‘the hospitality’ (la hospitalidad) de hotelería y tiene una vasta experiencia con Chateau Le Coste y con los tres hoteles en Londres”.

-¿Cómo es trabajar con otros cuatro arquitectos en un mismo proyecto?

-No hay mucha pelea (sonríe). Cada uno tiene sus sectores y lo que es muy interesante de este proyecto es que cada uno tiene sus espacios y son muy diferentes entre sí. Ningún arquitecto tiene la misma forma de escribir o de pensar. Y es interesante porque los hoteles a futuro, o los espacios a futuro, o casi muchos a edificios a futuro no serán solo la obra de un solo arquitecto. Mi proyecto, por ejemplo, es muy espectacular porque estamos en el último piso. Y sobre lo cual yo he planteado algo muy muy simple, trabajando mucho con el techo y despejando al máximo las visuales del entorno. La idea es que la gente mire, admire y observe, y quede irradiada por el mar y el cielo. No quiero que la arquitectura que yo diseñé venga a molestar o distraer lo importante que es la sensación de estar flotando sobre el mar y el cielo. Entonces, ese es mi punto de vista. Por darte otro ejemplo, un arquitecto interiorista que está trabajando en la planta baja en lo que es el bar resolvió espacios más cerrados, más cargados. Algo más parecido a un bar de hotel. Y así, cada uno va trabajando sobre el sector asignado en el proyecto y cada mes, o mes y medio, nos juntábamos para comentar. No tanto para trabajar juntos, sino para comentar. Cada uno tiene su propia escritura.

image.png

-¿Había tenido una experiencia previa similar?

-Sí. Lo que yo estoy haciendo desde mi estudio en París desde hace varios años ya es que no comparto con arquitectos pero invito a artistas y artesanos a dialogar con nosotros sobre nuestros proyectos. No es solamente compartir, sino también interactuar. Cada arquitecto tiene una propia visión de su territorio pero el hecho solamente de dialogar con ellos es interesante. Lo que pienso es que no todos los proyectos, pero algunos interesantes, van a ir por este camino. Porque en vez de tener un hotel o un sector comercial hecho por un mismo arquitecto en donde muchas veces es todo repetitivo, el cliente, el pasajero o el consumidor se va a enriquecer muchos más por tener varias propuestas en una misma problemática pero vista por creativos diferentes. Y eso también como arquitecto significa un “challenger”, porque, si tu camarada arquitecto viene con una propuesta muy interesante, eso también nos debe activar para llevarle una propuesta fuerte también. Y eso no es competición, es emulación creativa. Nosotros tenemos dos o tres proyectos de envergadura por año y realmente nos ha dado buenos resultados trabajar de esta manera, que de forma monocreativa. Por ejemplo, en este hotel, estoy trabajando con este señor (McKillen) que es uno de los tres empresarios hoteleros más grandes del mundo. Por ende, cada vez que yo vaya a presentarle algo, yo quiero presentarle lo mejor de mi parte, de mi ser. Y si yo sé que, el mismo día que voy a ir yo, él a la mañana vio el proyecto de otro arquitecto, seguramente yo voy a querer presentar uno mejor y así el nivel de competición es muy alto. Entonces yo, cuando tenga que verlo a la tarde, sé que ese señor ha estado trabajando con gente interesantísima por lo que yo mismo tengo que tratar de sacar, inventar, pensar y dibujar lo mejor que tengo en mí.

Javier Borghi