El Dr. Juan Gallo, oftalmólogo, investigador del Conicet y director del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (Universidad Austral-Conicet), se convirtió en el primer oftalmólogo latinoamericano en recibir el premio ARVO Gold Fellow (Asociación para la Investigación en Visión y Oftalmología, por sus siglas en inglés). El Dr. Gallo, quien también es médico del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Austral, fue reconocido por la organización de investigación en visión y oftalmología más grande y respetada del mundo. Fundada en 1928 en Washington, hoy cuenta con cerca de 10.000 investigadores en más de 75 países. El galardón se otorga en reconocimiento a sus logros, liderazgo y contribuciones a la Asociación.
Vivió ocho años en Estocolmo, Suecia, trabajando en el Instituto Karolinska, conocido por ser la institución que entrega los premios Noble de Medicina y Fisiología.
Uno de sus trabajos a lo largo de su trayectoria fue sobre secuela ocular de la prematuridad. “Los niños nacidos prematuros, sobre todo por debajo de los 1.500 gramos de peso de nacimiento y hoy en día mucho menos también, 700, 800 gramos de peso, con una edad gestacional de alrededor de 26, 27 semanas, a veces menos; tienen riesgo de desarrollar una enfermedad que se llama la retinopatía del prematuro. En esos años pude hacer mi tesis doctoral a través de un estudio epidemiológico en toda la ciudad de Estocolmo, tuvo gran impacto a nivel local y a nivel internacional”, dijo a Salud & Ciencia.
Sobre otro trabajó basado en los daños que pueden generarse en la retina como consecuencia de la diabetes, el profesional dijo que tiene “ciertos aspectos parecidos (al trabajo anterior) se dan algunos mecanismos similares. La diabetes es una enfermedad que trae importantes secuelas a nivel ocular, causando una complicación secundaria que se denomina retinopatía diabética. Es la causa más importante de ceguera en la edad laboralmente activa. Actualmente, en todo el mundo, hay un incremento de la incidencia de la retinopatía diabética”.
¿Cómo ha combinado el consultorio con la investigación?
Yo nunca he dejado la oftalmología clínica. No ha sido fácil en algunos momentos, porque aparecen oportunidades a lo largo de la vida, y uno se ha tenido que adaptar a esas circunstancias. Desde que comenzó el Hospital Universitario Austral hace 20 años, soy el coordinador del servicio de oftalmología y veo alrededor de 80 a 100 pacientes por mes. Estos pacientes requieren muchas veces cirugía de láser, que también realizo, inyecciones intravítreas, que es un nuevo tratamiento que comenzó hace aproximadamente 15-20 años y han tenido un impacto muy favorable sobre todo en los casos de retinopatía diabética.
¿Qué significa este reconocimiento que la Asociación le hace por “sus logros, liderazgo y contribución a la institución”?
Pienso yo que es como un premio a una trayectoria, pero una trayectoria que está sobre todo imbuida de trabajo, de etapas en las cuales uno parece ser que está hip-optimista y otras etapas en las cuales parece que las cosas no van tan bien. Entonces creo que es importante que estos premios también se interpreten por ese lado, por el lado del esfuerzo, del trabajo, de la constancia. Un desarrollo que se hace también junto con gente joven, que te beneficia muchísimo.
¿Le preocupa el deterioro del sistema de salud de la Argentina?
Creo que la oftalmología argentina realmente se mantiene en un buen nivel. El problema está en que, los pacientes siguen a su financiador, a su obra social, a la hora de llevar adelante un tratamiento médico, y a veces ya no pueden elegir el más adecuado. Creo que la libertad de elección del médico es un tema clave, muy importante, porque ayuda también a que haya una adecuada competencia. Por otro lado, es muy importante que tanto en oftalmología, como en otras especialidades médicas, se respete la incumbencia del médico especialista. No puede ser que surjan personas disfrazadas de oftalmólogos, y se pongan a trabajar como tal. Es una barbaridad que va realmente en contra de la salud visual de la población.
Por Fernanda Bireni

