La campaña electoral en Córdoba se contagió durante la semana pasada de la temperatura que cubrió a buena parte del territorio nacional. De pronto el termómetro alcanzó valores impensados para el cierre de octubre, con marcas de 36 y 37 grados en las provincias del centro y algunos grados más en las del norte. Más propias de enero que del corazón de la primavera. En la política fue igual. Venía de primavera y de pasar a tirarse flores de pronto empezaron a volar palos.
Y la causa estuvo vinculada con la maraña de subsidios que siempre empieza a cobrar más relevancia cuando la situación económica se hace demasiado frágil, como ahora. En ese momento, quienes no reciben las bondades de recursos que le ayuden a pagar la factura de un servicio o el pasaje de colectivo, el reclamo está a la vuelta de la esquina. Y fue lo que decidió poner sobre la mesa otra vez Hacemos por Córdoba a partir del domingo 24: reflotó el tema de la inequidad real que hay en la distribución de recursos entre el AMBA y el resto del país para plantearlo como eje de campaña. Y le dio resultados, porque además desde la Nación recogieron el guante y eso le facilitó al Frente de Todos al menos subirse al sector más iluminado del escenario electoral y abandonar por un momento la oscuridad en la provincia. Incluso entretuvo a los electores durante los últimos 8 días y eso le permitió incluso descontarle protagonismo a Juntos por el Cambio. Para lograr ese doble movimiento, las dos fuerzas del peronismo no ahorraron recursos y subieron al ring a Cristina Fernández de Kirchner y a Juan Schiaretti, entre muchos otros.
Hay brechas marcadas entre AMBAy el interior. Pero lo primero que hay que remarcar es que no se trata de algo nuevo, ni la inequidad ni la discusión.
Lo cierto es que hay brechas marcadas entre jurisdicciones. Concretamente entre el AMBA y el resto del país. Lo primero que hay que remarcar es que no se trata de algo nuevo, ni la inequidad ni la discusión.
Y en el largo listado se incluyen el transporte, la electricidad, el gas, agua y cloacas. Este último servicio tiene una particular situación por la existencia de una empresa nacional como Aysa que sólo brinda prestaciones en AMBA pero lógicamente que está incluida en el presupuesto nacional. Sus gastos y sus inversiones salen de esas partidas, pero sus servicios y ejecuciones apenas salen de la Ciudad de Buenos Aires y llegan a 26 partidos del conurbano. Claramente hay algo que no está bien. ¿Por qué CABAy las demás jurisdicciones del Gran Buenos Aires no tienen una empresa a su cargo como la tiene Río Cuarto con el Emos desde que Obras Sanitaria de la Nación se retiró?
Aysa tiene previsto recibir 193 mil millones de pesos en 2022 de parte del Tesoro. “Hace 14 años que recibimos recursos”, explicó la empresa nacional con jurisdicción en AMBA.
Curiosamente el viernes salió publicada en el Boletín Oficial de la Nación una Resolución de Economía en la que se aprobaban los números de Aysa para este año. Allí se detalló una pérdida de operación por $ 36.575 millones; un resultado económico -que en la resolución se menciona como desahorro- por $ 18.463 millones; y finalmente un déficit financiero por $ 25.279 millones, lo que implica que con su recaudación logra cubrir sólo un 45% de sus costos de funcionamiento. En suma, el déficit de la empresa para este año será de $ 131.000 millones. Como contracara está previsto que Aysa reciba transferencias por parte del Tesoro por $ 93.940 millones. Hubo una explicación por parte de la empresa que publicó el diario La Nación: “Hace 14 años que el Tesoro aporta fondos a la empresa”. Para el año próximo, en tanto, tiene previstas transferencias por $ 193.866 millones ($ 47.746 millones para gastos corrientes y $ 146.120 millones para inversiones de capital). Aysa cuenta con casi 8 mil empleados.
El caso de la energía eléctrica es más paradigmático y allí los cruces fueron interesantes y con verdades repartidas. Hay un contraste importante entre lo que pagan por el mismo consumo en AMBA que en el interior. Pero desde la Nación advirtieron que en Córdoba hay una situación propia que explica la tarifa, más elevada que en otras provincias. Lo cierto es que el dato es que en Buenos Aires se paga mucho menos por igual consumo. Eso no sólo impacta en los hogares: hay una brecha enorme para los sistemas productivos o para atraer inversiones. Una capital que quiera comenzar a producir tiene menos incentivos para hacerlo en el interior que en AMBA.
El ministro de Servicios Públicos de la provincia, Fabián López, llevó la voz cantante en estos temas y remarcó que Edenor y Edesur acumulan fuertes deudas con Cammesa (la mayorista eléctrica) y que eso es parte de lo que marca la brecha. Incluso el funcionario sugirió que ese rojo “lo termina compensando en algún momento la Nación”. Pero en los últimos días, un informe destacó que en el caso de Edesur acumuló pérdidas por $ 14.836 millones en los primeros 9 meses del año. Entre enero y septiembre de 2020, su rojo había sido de $ 5.326 millones. Esto se da pese a que el Enre (Ente Nacional) le aprobó a partir del 1° de mayo un aumento del 9% en la tarifa. Para Edesur, el aumento resulta insuficiente para compensar la suba de costos. La firma sugirió que “necesita una pronta solución por parte del Gobierno”. La solución para Aysa y para la distribuidora eléctrica parecen similares porque terminan golpeando la misma puerta. ¿Es correcto que el Estado nacional asista a sólo a empresas que prestan en AMBA?
Por último, otra emblemática diferencia se da en el transporte. Las empresas del interior reclaman porque reciben 270 mil pesos mensuales de subsidios por colectivo para no trasladar toda la suba de costos al boleto. En AMBA reciben 800 mil pesos. El resultado es obvio: en AMBA el pasaje cuesta $ 13 y en Río Cuarto, $ 42.
Por eso, más allá del contexto electoral y las motivaciones políticas de la discusión, es necesario que después del 14N haya decisiones para ir cerrando esta otra grieta que recorre de punta a punta al país y que castiga o premia depende el lugar de residencia de cada uno.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal

