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Lula se impuso por casi 5 puntos a Bolsonaro y habrá segunda vuelta

Tras ir atrás durante gran parte del recuento, ganó por un margen mucho menor que el anticipado por los sondeos

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva se afirmaba anoche al frente del escrutinio en Brasil, al superar por casi un cinco por ciento de los votos al actual mandatario, Jair Bolsonaro, con el 99 por ciento de los sufragios contados, según datos del Tribunal Superior Electoral (TSE).

Durante las primeras horas del escrutinio, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) se venía manteniendo por debajo del mandatario de ultraderecha, y aunque finalmente revirtió la tendencia terminó por obtener un número de votos insuficiente para consagrarse anoche mismo como presidente electo.

Para ganar en primera vuelta se necesita el 50% más uno de los votos. Como ninguno de los candidatos alcanza esa cifra, ya que Lula obtenía un 48,2 por ciento y Bolsonaro un 43,4, la Presidencia de Brasil se definirá en un balotaje el 30 de octubre.

El Tribunal Superior Electoral contabiliza solamente los votos válidos para elegir presidente, es decir, no incluye a los sufragios en blanco o los anulados.

Voto silencioso

La campaña del Partido de los Trabajadores (PT) cree que hubo un "voto silencioso" a favor del presidente Bolsonaro que no detectaron las encuestas, que le daban a su candidato entre el 50 y 51 por ciento de los votos.

"Se esperaba un voto silencioso hacia el presidente, que debería tener más del 36% de los votos. La campaña fue atípica por eso", dijo a Télam uno de los históricos dirigentes del PT, que habló en condición de anonimato.

El dirigente, consultado cuando el recuento todavía mostraba al frente a Bolsonaro, comentó que en su fuerza tenían la expectativa de que los votos de los de los estados del nordeste, especialmente los más populosos como Pernambuco, Ceará y Bahía, donde el escrutinio estaba más atrasado, habrían de revertir la tendencia.

Así fue en definitiva como ocurrió, aunque con una diferencia mucho menor que los 14 o 15 puntos que pronosticaban las encuestas de consultoras como la reconocida Datafolha.

El equipo de campaña de Lula se reunió en el hotel Novotel Jaraguá de San Pablo para el seguimiento del escrutinio.

Bolsonaro, por su parte, estaba siguiendo el resultado en el Palacio de Alvorada, residencia oficial de Brasilia, después de haber votado en Río de Janeiro por la mañana.

Las mesas abrieron puntualmente a las 8 y cerraron en general a las 17, aunque muchas de ellas continuaron abiertas a la espera de que votaran los ciudadanos que estaban formando fila a esa hora.

La jornada, que transcurrió sin mayores incidentes, se caracterizó por la gran afluencia de ciudadanos, en su mayoría ataviados con ropa verde y amarilla o roja, según fueran simpatizantes de Bolsonaro o Lula, que convivieron en paz en las largas filas formadas frente a los colegios.

El exmandatario votó cerca de San Pablo, donde forjó su actividad sindical y política en las décadas de 1970 y 1980 y lideró el mayor movimiento obrero contra la dictadura militar que gobernó el país desde 1964 a 1985.

"Estoy votando con la posibilidad de volver a ser presidente para que el país vuelva a la normalidad", dijo Lula, en línea con un discurso que reiteró durante toda la campaña.

Voto futbolero

A unos 430 kilómetros de distancia, el presidente y excapitán del Ejército votó en Río de Janeiro, en una escuela del barrio Villa Militar, a la que llegó en una caravana de autos negros, vestido con la camiseta de la selección de fútbol de Brasil.

Bolsonaro, en el poder desde 2019, fue consultado sobre si reconocerá los resultados, tras haber amenazado varias veces con no hacerlo en medio de afirmaciones de que no solo las encuestas no son creíbles, sino que tampoco lo es el sistema de urnas electrónicas que se usa en Brasil, con el cual él mismo ganó la elección de 2018.

"Unas elecciones limpias deben ser respetadas", dijo a medios, entre ellos Télam, antes de votar, pareciendo insinuar que sólo reconocerá los resultados si considera que el proceso, que es supervisado por observadores internacionales, fue transparente.

Más de 156 millones de brasileños estaban habilitados para participar de los comicios, en los que se eligieron además los gobernadores de los 27 estados, 21 senadores, 513 diputados federales y más de 1.000 legisladores regionales.

El voto en Brasil es obligatorio para los ciudadanos de entre 18 y 69 años y opcional para los que tienen 16 y 17 años y para los mayores de 70.

Sea quien sea el ganador, asumirá la Presidencia el 1° de enero de 2023 y, con ella, las riendas del país más grande y más poblado de Sudamérica, así como su mayor economía, la décima del mundo, según calcula el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la base del PBI nominal.

“Habrá que conversar más”

El expresidente de Brasil y candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula Da Silva, ganador de la primera vuelta en las elecciones de ayer, exhortó a la ciudadanía a acordarse “lo que pasaba hace 4 años” y celebró la chance de un futuro debate “cara a cara” con el mandatario Jair Bolsonaro antes de la segunda vuelta del 30 de octubre.

A minutos de que se conozcan los números finales de los comicios, Lula –saco oscuro y con su esposa al lado y Dilma Rousseff atrás- afirmó que en los días que quedan hasta el balotaje “habrá que conversar más con la gente y convencer a la sociedad” de qué es lo conveniente para el país.

Lula, quien anoche recibió las felicitaciones del presidente argentino Alberto Fernández, definió el lapso que se abre hasta el balotaje como una “prórroga”, para graficar su confianza en que la diferencia que le sacó a Bolsonaro es casi imposible de revertir teniendo en cuenta que quedó a menos de dos puntos del 50 por ciento más uno de los votos que necesitaba para ser electo anoche.

Luego de conocidos los resultados, los candidatos Simone Tebet (tercera con el 4,2 por ciento de los votos) y Ciro Gomes (cuarto con el 3 por ciento)señalaron que en las próximas horas informarán si apoyan a alguno de los participantes de la segunda vuelta.

Bolsonaro, por su parte, habló después de que lo hiciera Lula, y advirtió que “los cambios que algunos quieren pueden ser peores” para Brasil, reforzando el mensaje negativo que predominó durante la campaña.

“Vamos a hacer alianzas para ganar las elecciones”, anticipó el Presidente.

Mientras tanto, con la convicción de una victoria y acusaciones de fraude, seguidores de Bolsonaro se reunieron en Barra da Tijuca, Río de Janeiro, la cuna política del excapitán del Ejército.

La palabra que más se escuchaba anoche entre los bolsonaristas en el barrio carioca donde está la casa en la que vivía el mandatario antes de llegar a Brasilia era "fraude".

Jornada pacífica y multitudinaria en San Pablo

El temor a la violencia en la campaña electoral brasileña no se reflejó ayer en los principales centros de votación de San Pablo, la mayor ciudad de Sudamérica, donde los colores amarillo y verde, de los seguidores del presidente Jair Bolsonaro, y el rojo, del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, convivieron en las filas para emitir el voto.

"Fue una elección tranquila, en clima ameno", dijo el presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE), Alexandre de Moraes, al hacer el balance parcial de la jornada electoral.

Las filas eran largas y nutridas, a tal punto que el presidente del Senado, Rodrigo Pacheco, debió esperar más de dos horas hasta llegar a la urna desde que comenzó a formar la suya, en una escuela del barrio Sao Bento, en Belo Horizonte.

Paralelamente, la poderosa Orden de Abogados exhortó a los ciudadanos a que no abandonaran las filas y emitieran sus sufragios.

Una recorrida de Télam por escuelas de los barrios de Butantan, Morumbi, Pinheiros, Itaim Bibi, Moema, Mirandópolis e Interlagos encontró que en las filas de los centros de votación, en barrios con favelas y donde se concentra la clase más alta, había personas con los colores rojos y amarillo.

Sin violencia

"No va a pasar nada, el pueblo brasileño es pacífico; lo de la violencia fue alentado por Lula y la izquierda, yo convivo con petistas y creo que si van a poner a un ladrón en la presidencia no habrá violencia", dijo Eduardo Bolinho Bellizia, vestido con los colores de Brasil, un votante de Bolsonaro.

"Eso sí, agregó, no hay nadie que pueda llenar las calles como Bolsonaro, ni Lula".

Allí, en la zona del Parque Ibirapuera, en el barrio de Moema, una pareja vestida de negro pero con adhesivos con la cara de Lula también dijo que para votar nadie insultó a nadie.

Como nunca, el parque que es el pulmón de esta ciudad de 12 millones de habitantes en un domingo soleado estaba vacío.

"Era muy raro ver la fila con bolsonaristas, pero no tuvimos ningún problema", dijo Jorge Souza Neves, que vive en el municipio vecino de Guarulhos pero tiene el domicilio electoral en la región central de San Pablo, por lo que aprovechó para ir al parque el fin de una semana gris de garúa.

Durante toda la jornada todos tuvieron la sensación de que hubo más votantes que en 2018, año de la elección de Bolsonaro.

"Me llama la atención que mucha gente vino a votar identificada. Creí que iba a haber más temor a mostrarse en la fila de votación. Pero queremos que gane Lula y la verdad que mucho uno no piensa en eso, piensa en festejar", dijo Creuza Da Silva, votante del barrio de Butantan, vecino a la Universidad de Sao Paulo.

En la escuela privada Cocept, una de las más caras de América Latina, en el barrio de Jardim Europa, los votantes llegaban en automóviles de alta gama importados. Era un desfile de personas vestidas con camisetas amarillas. Apenas dos votantes llevaban gorras color rojo identificadas con Lula, del Movimiento Sin Tierra de Brasil.

La sensación de que hubo alto grado de asistencia la confirmó el presidente del Tribunal Superior Electoral en el balance de las 14.15: "En el exterior votó aproximadamente un 50 por ciento más que en 2018".