"Esta vez nos congregamos bajo la consigna 'Una víctima, un pañuelo', que remite a víctimas de femicidio y de violencia estatal perpetrados en la ciudad de Río Cuarto y en la región. En esta ocasión estaremos acompañadxs por familiares de víctimas a los que hemos invitado a participar", indicaron desde la agrupación en un comunicado.
La de mañana, será la séptima ronda de bordado desde la conformación del grupo, en octubre del año pasado. Para formar parte de la propuesta solo se necesita asistir con tijera y bastidor (en caso de tener), el resto de los materiales son brindados por la organización.
"Somos mujeres y hombres que tomamos el bordado como forma de intervenir en y visibilizar problemáticas sociales como los femicidios, la dictadura, la transfobia, la seguridad laboral, entre otras", sostienen.
Origen de la propuesta
“Bordamos por la paz”, “bordando por la paz” o “Bordados por la paz” surge inicialmente en México, en el año 2011, ante la iniciativa de una serie de colectivos y organizaciones como forma de protesta por la violencia, los asesinatos y la desaparición de personas que generaba la guerra contra el narcotráfico, algo que el gobierno mexicano consideraba “daños colaterales”.
Este movimiento se expandió a distintos países del mundo. En Córdoba se conformó inicialmente un grupo de tres bordadoras que periódicamente se reúnen con telas, hilos y agujas en espacios públicos convocando a distintas personas a que se sumen a la movida.
Las acciones que desarrolla Bordamos por la paz Río Cuarto son las mismas que lleva adelante el movimiento a nivel mundial, pero adaptándolas a la realidad local y regional.
La propuesta consiste en bordar sobre un tejido blanco el nombre y algunas características de las víctimas, o los pensamientos y sentimientos que cada uno tiene con respecto a la situación que se aborda. La actividad se lleva a cabo en un espacio público donde se invita a transeúntes a bordar y, al terminar, los pañuelos se exponen en la calle. A través de esta acción colectiva, se intenta generar la participación ciudadana para exteriorizar los sentimientos de dolor, de rabia y de impotencia que permanecen, la mayoría de las veces en silencio, y para sensibilizar a cada ciudadano con respecto a los dramas colectivos.