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Miguel “Miki” Lirangi, el campeón de los barrios

Comenzó a jugar al fútbol. Dice que era muy rápido, pero como le pegaban mucho lo frustraron. Tuvo un paso fugaz por el ciclismo y terminó en el boxeo, en el que tuvo una carrera meteórica del amateurismo al profesionalismo

Te acordás de...Miguel Lirangi. Para los más memoriosos del deporte de los puños sin lugar a dudas que tienen todavía en la memoria a aquel flaco que surgió del famoso campeonato de los barrios. Miki, como lo apodan, hizo una carrera meteórica y con pocas peleas pasó del amateurismo al profesionalismo.

Puntal dialogó con él para recordar cómo es que llegó a subirse a un ring: “Fue algo insólito porque nunca pensé que iba a ser boxeador. De chico tenía un carácter apocado, no era un chico pendenciero. No era de pelear. Yo estaba muy enojado porque no podía jugar al fútbol, porque me pegaban mucho. Me gustaba correr fuerte. Era muy veloz. Pero me cortaron la inspiración por el fútbol. Después intenté andar en bicicleta, pero sin saber salía a pedalear después de comer y me descomponía, así que desistí del ciclismo.

Y la verdad que me sentía que no servía para nada y fui entonces primero al médico, luego a un psiquiatra y hasta a los curanderos me llevó mi mamá. Y después de hacerme muchos estudios, pasaron como cuatro años, de los 14 a los 18 años, el doctor Sergio Castillo me mandó al gimnasio para ‘echar cuerpo’, como se suele decir. Fui al gimnasio en el que estaba mi hermano y nos pusieron a hacer guantes. Y él, sin darse cuenta, me pegó una piña en el hígado y me tumbó.

Yo era su hermano mayor y me daba cosa que me haya ganado. Así que fui a otro horario para aprender. Al mes siguiente volví con Ángel Olivieri y empecé a ayudarles a Raúl Bianco, a Mario Vizcaya, entre otros. Ellos me enseñaron mucho. Así que rápido, en tres meses, aprendí el oficio y debuté en el campeonato de los barrios.

Me acuerdo que Raúl (Bianco) me decía: ‘Dale que vos podés. Acá estás veinte minutos o media hora y allá son sólo seis minutos nada más -tres rounds de 2x1-’. Y me decidí y llegué a ser campeón en 1978. Todavía recuerdo a los boxeadores a los que me enfrenté. Debuté con Erasmo Ramos, luego me enfrenté con un tal Quinteros, después con Juan Carlos Machó. Fueron cuatro peleas y logré el título.

Recuerdo que decían:  “Mirá vos aquel chico del Bimaco rubiecito y pálido pudo contra los chicos malos del Alberdi”.

Y después fui escalando. La quinta pelea la hice con Mochi Trava en La Pampa. Empatamos. A la semana siguiente él estaba debutando como profesional en Canal 9. Fijate vos lo difícil que había sido ese combate.

Luego peleé en Baigorria donde estaban mis amigos de la infancia. Ellos me decían que cómo iba a pelear con ese físico. Hice un peleón ahí.

- ¿Y despúes?

- El boxeo me fue descubriendo mi carácter. Eso de contenerse y sacarlo cuando vos deseás y no cuando el otro quiere. Eso es lo bueno que tiene el boxeo y es lo que yo estoy haciendo ahora. Estoy enseñando el boxeo recreativo.

- ¿De qué se trata?

- Hace mucho tiempo que se viene haciendo, primero en Estados Unidos y luego en Centroamérica.

Acá en Argentina se comenzó a difundir con el suceso de Maravilla Martínez. Él fue un boxeador diferente, con estudios y otro intelecto. Él fue el que descubrió un poco que el boxeo era para todo el mundo y no sólo para los elegidos.

Esto me llevó a incursionar en la enseñanza del boxeo recreativo que está orientado para el público en general menos para los boxeadores.

Se trata de poder sacar todos tus problemas con la bolsa y no con la sociedad. Se trabaja con las necesidades de la gente. A las clases vienen profesionales.

-¿Es la primera vez que sigue ligado al boxeo después de haber colgado los guantes?

- Sí, después de dejar de pelear tuve un mal paso por la vida, pero gracias a Dios me pude recuperar. Y cuando te entra el deporte por la sangre no hay mejor remedio.



Darío Pablo Palacio