Opinión | brote

El indeseado "regreso al hogar" del Covid-19

Aun cuando a la luz de la experiencia aparece como muy probable que el brote de Covid-19 registrado en Beijing sea contenido más veloz y eficazmente que el originario de Wuhan, está claro que desde una perspectiva más amplia lo ocurrido refuerza el mensaje de que se está frente a un problema que persistirá en el tiempo aun después de que haya sido superada la coyuntura más crítica y aguda.

El complejo cuadro de situación trazado a nivel global por la pandemia de Covid-19, que combina ciertas señales alentadoras como el lento regreso a la normalidad de algunos de los países europeos más afectados con la persistencia del descontrol que se observa en parte de Latinoamérica, ha incorporado como un elemento de fuerte impacto la reaparición de la enfermedad en China, escenario de su nacimiento y de la más exitosa lucha por ponerle freno. Aun cuando a la luz de la experiencia aparece como muy probable que el brote registrado en Beijing sea contenido más veloz y eficazmente que el originario de Wuhan, está claro que desde una perspectiva más amplia lo ocurrido refuerza el mensaje de que se está frente a un problema que persistirá en el tiempo aun después de que haya sido superada la coyuntura más crítica y aguda.

Han pasado pocos meses desde la difusión de las terribles imágenes del comienzo de la pandemia, cuando el panorama de muerte y desolación ofrecido por Wuhan aparecia como una pesadilla cuyo traslado a distantes geografías resultaba tan difícil de asimilar que muchos de los primeros países a los que se extendió fueron tomados completamente por sorpresa cuando el flagelo les llegó. Es notable el contraste con la situación actual, cuando China ha salido hace tiempo de la lista de naciones más golpeadas, y no solamente en comparación con las que ocupan los primeros lugares como los Estados Unidos.

Basta considerar que la proporción de muertos por millón de habitantes de China es de 3,3, seis veces menor, por dar el más familiar de los ejemplos, de un país bien considerado a nivel mundial por la manera en que se manejó frente a la pandemia como la Argentina. Ni hablar si la comparación se efectúa con los países europeos más afectados: en el caso del peor, Bélgica, el número de víctimas fatales por millón de habitantes alcanza los 847.

En este contexto, la experiencia invita a anticipar que los efectos del brote de Beijing no serán tan impactantes como los del inicio de la pandemia, y resulta muy probable que sea contenido inclusive con mayor velocidad y menos tropiezos que el anterior. Pero de cualquier forma, tal como había ocurrido con otras reapariciones del Covid-19 en países donde daba la impresión de estar controlado, la señal es inequívoca en cuanto a que ni siquiera las estrategias más rigurosas y el mayor grado de disciplinamiento social -algunos de los argumentos ensayados para explicar el éxito de China en la lucha frenta a la pandemia- garantizan una eficacia absoluta.

¿Podría hacerlo el desarrollo de una vacuna? Es posible, pero el brote de Beijing hasta pone reparos a esa posibilidad, ya que se especula con que sea producto de una mutación, frente a la cual la inmunidad adquirida respecto del original no sería útil. En definitiva, se trata de un elemento más para concluir que en torno de este gigantesco desafío lo que se ignora tiene tanto peso como lo que se sabe, y queda por delante mucho ensayo y error hasta encontrar la mejor manera de lidiar con él.