La gran semana de un revolucionario de espíritu juvenil, rebelde y festivo
Lunes 9.- “Mi vocación revolucionaria de joven la sigo manteniendo viva”.- Aunque es comprensible que algunos analistas menos avezados se hayan visto superados por la asombrosa capacidad de producir hechos políticos, uno atrás del otro, de nuestro Presidente, nosotros no vamos a caer en la confusión de dejar pasar el pronunciamiento con el que puso en marcha la semana más rutilante de su rutilante gestión. Al dirigirse a una pendejada que lo preocupa por cierta tendencia a dejarse seducir por los cantos de sirena del neoliberalismo ultraconservador, nada mejor que invitarla a identificarse con él, que ya les “picó el boleto”, con una sentida evocación de los ideales de sus años mozos, que, como Néstor, no dejó colgados en la puerta de la Casa Rosada al asumir la Presidencia. Le faltó, eso sí, dar algunas precisiones:cuando iniciaba su carrera política como candidato de la lista de Domingo Cavallo, ¿ese joven idealista formaba parte de un proyecto que enmascarado en una imagen amigable para los mercados planeaba patear el tablero y hacer la revolución desde adentro una vez en el poder?; ¿o era él mismo un infiltrado quintacolumnista en esa expresión del neoliberalismo ultraconservador, que apuntaba a transformar desde adentro en un azote contra el statu quo? Seguramente nos enteraremos en próximas entregas discursivas de la apasionante autobiografía de este revolucionario tan típicamente argento, que no sabemos si asociar con Mariano Moreno, al Che Guevara o, guitarra en mano, al Bombita Rodríguez de Peter Capusotto.
Martes 10.- “Nuestros errores siempre son en favor de la gente”.- Y como para demostrar que no habla en vano, que lo de la vocación revolucionaria va en serio, empecemos por revolucionar la desgastada lógica corriente que adjudica de manera poco imaginativa un sesgo positivo a los aciertos y uno negativo a los errores. Piénsese si no en el genial descubrimiento de que combinar vacunas inmuniza mejor que usar dos dosis de la misma, que permanecería en la oscuridad, o se habría alcanzado mucho más tarde, si algunos de nuestros talentosos vacunadores de la provincia de Buenos Aires no le hubieran pifiado algunas decenas de miles de veces en la marca que tenían que aplicar en cada caso. ¡Por ahí, error virtuoso mediante, descubrimos que nuestros organismos no sólo han quedado blindados al coronavirus sino que tampoco corremos riesgo de infectarnos con el Ebola si participamos en alguna próxima misión a Angola una vez que tengamos la vida que queremos! O pensemos en los grandes beneficios de los supuestos errores de contratar vacunas con proveedores que no nos cumplen, pese a lo cual, como bien recordó Alberto en el mismo discurso, “estamos entre los veinte países que más han vacunado”, lo que constituye un logro casi casi equiparable a otros que no recordó de puro modesto, como los de colocarnos entre los ocho con más infectados y entre los doce con más muertos. Será por eso que por primera vez en la historia los nuevos jubilados son menos que los jubilados que dejan de cobrar por pasar a mejor vida, con lo cual se gasta menos en jubilaciones y, por supuesto, equivocarse en favor del sistema previsional es también equivocarse en favor de la gente.
Miércoles 11.- “Tenemos que abrir el debate sobre la legalización de la marihuana”.- Lo bueno de equivocarse siempre en favor de la gente es que uno puede ir tranquilo para adelante sin miedo a que le reprochen estar cometiendo un error. Otro por ahí se preguntaría:“Che, Alberto, con más de cinco millones de contagiados y más de cien mil muertos, 50 por ciento de inflación anual, el Bailando de Tinelli sin levantar cabeza, 45 por ciento de pobres, los piqueteros amagando con un estallido social y la posibilidad de que Messi se nos deprima cuando todavía no tenemos asegurada la clasificación al Mundial de Qatar, ¿no quedará medio desubicado largar el tema de la legalización de la marihuana en plena campaña electoral?”. “¿Y cómo querés que convenza a los jóvenes de que soy un revolucionario, Alberto? ¿Invitándolos a las clandes de la Quinta de Olivos?”, respondería nuestro pendex mayor antes de desechar la segunda opción porque en ningún lado encuentra las canciones de “Élegant” -según había bautizado la jefa a este chico L-Gante- para entretener a los invitados. En cualquier caso, el beneficio es múltiple:miles de felices usuarios pueden dar fe de que es mucho más fácil perdonar los errores, o entender que se cometen “en favor de la gente”, en medio de la somnolienta lucidez que sólo te proporciona un buen porro.
Jueves 12.- Tras la difusión de la foto del cumpleaños de Fabiola Yáñez, la oposición pide el juicio político del Presidente.- Que 24 horas después de lanzada la propuesta no saliera ningún joven revolucionario a respaldarla ni ningún viejo conservador a putearla sugiere que en el lanzamiento de lo de la marihuana hubo al menos un error de timing. Pero bueno, quién iba a imaginar que en la Argentina de hoy se iba a hacer pública una foto privada. Igual, queda demostrado que para este Gobierno los errores no acaban de ser descubiertos como medio de derramar bendiciones sobre el pueblo sino que constituyen una política de Estado. Y, paradójicamente, los primeros en reconocer que este error se cometió “en favor de la gente” son los contreras:“Claro que sí, y la gente somos nosotros”, podrían proclamar al unísono. Es que la cuestión del vacunatorio vip se les estaba agotando y los tenía aterrorizados a idea de que tuvieran que basar la campaña en salir a explicar, mientras se arrancan los pelos entre sí, cómo harían en caso de volver al gobierno para conseguir que les vaya un poquito mejor que a Mauricio. Suponemos que el juicio político no va a prosperar:con las trayectorias históricas de los presidentes argentinos, echar a uno por esta foto sería como condenar a Hitler por haber pintado un cuadro con un pigmento con exceso de contenido de plomo. Salvo que a la que debería asumir en caso de destitución le empiece a entusiasmar la idea, en cuyo caso la opo se encontraría con que incurrió en un error un serio, al lado del cual los de Alberto serían simples chambonadas de aficionado.
Viernes 13.- “Lamento lo que ocurrió, no va a volver a ocurrir”.- En fin, luego de un día entero en que trató de guardar silencio para no andarse jactando de otra equivocación en favor de la gente, Alberto parece haber llegado a la conclusión de que no era, después de todo, uno de esos errores como para sentirse orgulloso. Y como no es ningún “careta” de esos que se esconden cuando tienen que asumir una responsabilidad, salió valientemente a indicar que su querida Fabiola se zarpó al invitar a unos amiguitos a brindar -y brindaron a conciencia, entre las nueve y media y las dos de la mañana según los registros de la quinta-, que él se pasó toda la pandemia trabajando para cuidarnos, y que, tal como aclararon Cafiero y Kicillof entre otros, la culpa es de “los que le pedían a la gente que no se cuidara”, al parecer lo pidieron con tanto poder de convencimiento que hasta consiguieron que el propio Alberto los escuchara. En fin, lo importante es que ese descarado oportunismo de criticar a un presidente por un simple error que, si se cumplieran las normas que dictó él mismo, como mucho le puede costar de seis meses a dos años de cárcel, “no se pierda de vista lo que está en juego en esta elección”, que vendría a ser la mayoría parlamentaria imprescindible para que podamos volver realidad los juveniles sueños revolucionarios de Alberto.