Burn out: "el estrés es el sponsor oficial de este estado"
Lejos de ser un estado conocido o un titular agotado, el burn out nos exige volver a leerlo, decirlo e indagarlo año a año. Este síndrome de estar quemados nos exige no dejar de atenderlo, ser conscientes de lo que nos pasa y entender que somos los responsables de decir ‘hasta acá llego’.
Gabriela Cantore es psicóloga (MP 9371) y explica que el burn out “es un síndrome, cuando hablamos de síndrome hablamos de una sucesión de datos y síntomas que se agrupan en un determinado contexto, eso es un síndrome”.
¿Cómo es el síndrome del burn out, puntualmente?
-Este síndrome incluye agotamiento mental, emocional y físico. Todo esto tiene que ver, generalmente con consecuencias que también van a acarrear alguna discontinuidad en el dormir, entonces va a aparecer el insomnio, la irritabilidad, con todo que conlleva arrancar un día, hay que sumarle todo esto dado vueltas.
¿Lo vivimos en lo laboral y lo familiar?
-Hace 25 años hablé de burn out tratando de explicar de qué se trataba y en aquel tiempo se asociaba exclusivamente a cuestiones inherentes al trabajo, pero en la descripción, hoy lo podemos ampliar a ámbitos familiares también, porque efectivamente es bastante compatible.
Se suman los síntomas de los dos ámbitos…
-Así es, esta cuestión de sentir ansiedad, sentir que hay mucha hostilidad ambiental, esto hoy se llama violencia, sentir que necesito un rendimiento al que no alcanzo, esto tiene que ver con sentirnos un poco frustrados, un poco culpables. En aquel tiempo se asociaba a lo laboral y hoy se está vinculando con el ámbito familiar, básicamente cuando hay niños en edad de crianza y donde nos encontramos con muchísimos más factores estresógenos (de estrés) que nos exigen respuesta: se suman el trabajo, las deudas, las boletas que pagar, las mochilas, los deberes, el llevar y traer.
¿Hay una cuota aportada por volver a tener un año más o menos normal después de la pandemia?
-Estamos volviendo, pospandemia, a un ritmo que hasta antes de la pandemia era natural, no es que estaba bueno, no sé si nos hacía tan bien. Uno de los componentes esenciales que este síndrome exhibe tiene que ver con la falta de reconocimiento de uno mismo. Hay algo fuera de foco como si estuviéramos descentrados, esto en términos conductuales es un lio importante. Cuando no sabemos quiénes somos, llegamos a preguntarnos ‘qué me pasa que estoy tan malhumorado, irritable’. Durante la pandemia estuvimos quietitos en casa, algunos componentes se exacerbaron en términos de estrés interpersonal, y hoy se exhibe una sobre carga de tareas que, por muy naturalizadas que pensemos que estén o mucho perfeccionismo que pretendamos, no nos da el ánimo para llevarlas adelante.
¿Qué podemos hacer?
-Lo que seguro podemos hacer todos, dentro de los niveles de compromiso que tengamos y en las condiciones en que estemos, es saber que si no te cuidas vos no te cuida nadie. Y esto es un principio bastante basal de la autorregulación. Esto de decir, ‘no doy más’, ‘hoy no puedo’, ‘hoy no tengo ganas’, y está muy bueno que así sea.
-También, una suerte de recuperación comenzaría con un descanso, que no es irme a Cancún dos meses como soñamos quizás, si no entender que somos los responsables a cargo de decir ‘hasta acá llego’, esto hay que hacerlo cotidianamente como si fuese un entrenamiento físico. Tenemos que adecuar nuestra actividad a una conducta que permanentemente este aportándonos alguna dosis de bienestar, no será todo el tiempo pero sí la mayoría. No puede ser al revés, no podemos estar todo el tiempo fatigados, chinchudos, enojados con medio mundo y pretender que eso es salud, no es así, es a la inversa. Y si eso requiere que la casa está menos prolija, o que en mi trabajo no sea todo excelente, así será.
Después llega el momento en el que el cuerpo te pasa factura
-El momento en que empezamos a transgredir metemos la pata y la metemos gravemente. Porque empieza siendo una incomodidad interna y termina siendo una incomodidad de salud seguramente. El cuerpo, la mente y el alma están todo el tiempo interactuando. Entonces si estamos mal, enojados, mal dormidos, peleándonos con las personas que amamos, lo más probable es que a corto o mediano plazo empiece a fallar nuestro cuerpo en alguna dosis. Cuando eso pasa, estamos llegando bastante tarde. No tenemos que esperar a que la bomba nos explote en la cara.
¿Y logramos darnos cuenta, o nos lo hace saber nuestro entorno?
-Tenemos que sincerarnos para decir, ‘che la verdad que hace una semana no hay una persona que me haya caído bien’. Digo esto porque no todo el mundo vive en contextos familiares amables, siempre este freno lo tiene que marcar uno mismo, porque si tiene que venir alguien a pedirte que cambies nos desligamos de una responsabilidad que podríamos haber atendido solos. Hay que tratar de que ese nivel de desconexión no sea ese que no nos permita ver que alguien de nuestro entorno nos está tirando un lazo, o nos está diciendo ‘che para porque estas insoportable’. Ese voluntario no está siempre. El estrés es el sponsor oficial de este estado, y nos impide vernos a nosotros mismo y no poder ver al otro. No podemos esperar a que alguien nos frene, porque a veces no es tan fácil frenar a alguien.
¿Hay frustración también por la situación social y económica?
-Absolutamente, ver que te levantaste temprano toda la semana y que laburaste todo el mes y que la plata no te alcanza, es frustrante. Pero aun así tenemos derecho al bienestar. No creamos jamás que el bienestar esta solamente vinculado al resultado, que tu jefe te felicite o tu mamá o hermano. Nuestro bienestar no esta supeditado a un estándar económico, porque si no somos demasiado vulnerables. La vida tiene un valor superador del lio que puede haber en tu trabajo, del sueldo o de la discusión con el otro. Tenemos que entrenarnos en sentirnos bien, pase lo que pase, hablamos de plata, de angustias económicas o de salud, o de fallecimientos, sin embargo, pase lo que pase, tenemos que respirar y poder habitar nuestro cuerpo, mi casa, mi pequeño espacio con un poquito de amor. Las cosas nos pueden doler pero hay que entrenar esto de sentirnos bien, tengamos el éxito que tengamos, el sueldo que tengamos.
Por Fernanda Bireni