En el peor momento de la pandemia en cuanto a la ocupación de camas en la provincia y en la ciudad, muchos son los que se preguntan por qué no se amplía la oferta de unidades de internación o se utilizan las plazas que se montaron en instituciones como la Universidad Nacional de Río Cuarto, con el objetivo de contar con mayores posibilidades de asistencia a los infectados de coronavirus. Sin embargo, pocos conocen que hoy el verdadero problema pasa por la disponibilidad de espacios de internación en terapias intensivas.
Es decir, las camas de piso, como se las conoce habitualmente (aquellas que no cuentan con alta complejidad) no representan la dificultad más importante, debido a que “el cuello de botella” se da en el sector de cuidados intensivos y, dichas zonas, no pueden montarse en cualquier lugar, además de que requieren de toda una aparatología compleja que, muchas veces, no está disponible.
Al mismo tiempo, las camas de terapia necesitan estar conducidas por distintos profesionales capacitados para tal fin y, actualmente, los recursos humanos son limitados.
Aunque es real que se ha aumentado la capacidad original, no hay mucho margen para seguir en ese camino, por lo que resulta fundamental el cuidado de la población para evitar el contagio.
Paralelamente, con el objetivo de descomprimir el sistema sanitario, en las últimas semanas se ha reforzado la atención domiciliaria de pacientes diagnosticados con Covid-19. La idea es que se recuperen lo más rápido posible sin tener que ser internados.
En Río Cuarto, las clínicas y el Hospital han incrementado el número de camas de terapia intensiva (hay unas 120), pero están en rojo.
En tanto, el gobierno provincial también sumó unidades y prevé incorporar otras 350 en el corto plazo.

