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Andruet: “Me mezclé con los presos ¿y sabe qué queja me transmitieron? ¡Nada!”

El juez de Ejecución Penal hizo visitas sorpresivas a las celdas y dijo que no constató falencias ni reclamos

Para los familiares de los presos, Emilio Andruet es la cara visible de Tribunales. Como juez de Ejecución Penal, Emilio Andruet tiene a su cargo la situación de 550 internos alojados en la cárcel de Río Cuarto.

Semanas atrás, a su despacho llegó una madre indignada por la paliza que había recibido su hijo, presuntamente a manos de los guardiacárceles. En diálogo con PUNTAL, el funcionario no eludió ese tema y también se refirió al reciente fallo de la Justicia Civil, que responsabilizó al Servicio Penitenciario Número 6 por el desenlace fatal de Silvio “Diablito” Robledo.

Pero, más allá de esos episodios, la percepción que se llevó de sus últimas visitas al Servicio Penitenciario Número 6 es positiva. “La cárcel funciona bien, por eso he felicitado al nuevo director”, dijo.

-Pocos días atrás hubo un reclamo por la golpiza a un interno que sufrió la fractura de su maxilar, ¿tomó nota de ese episodio? 

-En relación al interno Rocha, que sufrió una golpiza, debo decir que está a mi cargo como juez de Ejecución y cuando ocurrió el suceso nos llegó la comunicación desde el Servicio Penitenciario y yo se lo comuniqué a la fiscalía de turno para que comience a investigar qué paso. Este sujeto manifiesta que estaba en “los nichos”, y yo debo aclarar que no existen más los nichos porque cuando se reestructuró el edificio se hizo un nuevo pabellón utilizando la parte donde otrora estaban los famosos nichos. Ahora, en ese nuevo pabellón se aloja a internos que han sido policías, o del Servicio Penitenciario, y a internos que por cuestiones de seguridad no pueden estar junto al resto de la población. Rocha dice que una noche, estando allí, lo trasladaron al puesto sanitario y en ese ínterin fue golpeado por personal del Servicio Penitenciario. Frente a eso, se hace la comunicación con el fiscal de turno y a este señor se lo traslada a Córdoba, donde debieron hacerle una intervención quirúrgica en el maxilar.

-¿Habló con los familiares? 

-Los familiares me vinieron a ver y les he dado esta respuesta. Además, sé que se iban a constituir como querellantes particulares y creo que está muy bien: deben recurrir a la fiscalía de instrucción. El director de la cárcel se comunicó a su vez con la dirección general y con el Tribunal de Conducta para que se dilucide y se investigue qué pasó, si fue como lo dijo la víctima o no. Pero quiero destacar que el director actuó inmediatamente y en ningún momento trató de tapar o soslayar algo de lo que pasó.

-¿Cree que la golpiza es una práctica habitual en la cárcel?

-No, mire, yo hace 8 años que hago las visitas a la cárcel como camarista y hace un año y medio que tengo a mi cargo el Juzgado de Ejecución y nunca hemos tenido un hecho de esta naturaleza. Que la persona está golpeada, está golpeada, que ha tenido un golpe muy fuerte en el maxilar también es real y de hecho tuvieron que operarlo.

-Está también el antecedente de Silvio “Diablito” Robledo, un caso que usted conoce bien porque absolvió a los penitenciarios que estaban acusados. A diferencia de lo que usted resolvió, un juzgado civil de la ciudad entendió que hubo responsabilidad del Servicio Penitenciario en el desenlace fatal de Robledo.

-Desconocía eso, pero es posible. La responsabilidad penal va por un carril, la responsabilidad civil va por otro. Más allá de que pueda parecerle extraño a quien no conoce el derecho, la realidad es que puede no haber una responsabilidad penal y sí haber una responsabilidad civil. Y acá el hecho ocurrió dentro del Servicio Penitenciario, por eso es que es válido que haya responsabilidad civil. No conozco el fallo que usted me menciona, pero no implica una contradicción entre el ámbito penal y el civil. Yo resolví que no había una responsabilidad penal del médico y del jefe de seguridad de la cárcel. Mi sentencia fue casada y todavía el Tribunal Superior no se expidió.

-¿Con qué panorama se encontró usted en la última visita a la cárcel?

-Las visitas son sorpresivas. Normalmente nos cedían el despacho del subdirector, donde se llamaba a los internos que entrevistamos en cada oportunidad. Sin embargo, en las últimas visitas decidí ingresar a los pabellones de sorpresa, con el director y los funcionarios. Hablé con un interno a través de las rejas para conocer las falencias de ese pabellón y me dijo que los baños estaban rotos, entonces ingresé a los baños y chequeamos canillas y tocamos botón por botón los inodoros y funcionaba todo perfecto. Empecé a divisar, entonces, que no era la situación caótica y crítica que se había planteado en su momento en una nota periodística. A las dos semanas, en una nueva visita ingresé a otro pabellón, esta vez con las celdas abiertas. Me mezclé con los internos para demostrar que el juez de ejecución está para escucharlos y ¿sabe qué queja me transmitieron? ¡Nada! No hubo ningún reclamo. Todos me dijeron que estaban bien. Bien, entre comillas, porque sabemos que estamos hablando de un servicio penitenciario. Es más, ese día fuimos en el horario en el que a los internos les reparten el rancho, porque muchas veces el reclamo que escuchamos es por la mala calidad de la comida. En ese momento vi la comida y por lo menos ese día era un churrasco con una ensalada. O sea, no es la comida del Howard Johnson pero es una comida decente. En esa oportunidad lo felicité al director y le dije: “Esto funciona”.

Andruet fue uno de los jueces que, 5 años atrás, denunció el deplorable estado ambiental y edilicio de la cárcel local. La impresión que se llevó de sus últimas visitas es muy diferente.

“Si uno hace un racconto de cosas, está bastante bien. Puede eventualmente pasar lo que supuestamente pasó con Rocha, pero estamos hablando de un lugar que aloja a personas a las que hay que saber manejar. Dentro de ese contexto creo que lo llevan muy bien.  En líneas generales, la cárcel ha cambiado mucho en el último tiempo, la cúpula del Servicio está atenta a todo. Nunca nos olvidemos de que estamos hablando de un sitio con 650 personas en conflicto con la ley penal, algunos de ellos con condena firme. Entonces, no son lo mismo los chicos del San Ignacio que los muchachos que están alojados en el Servicio Penitenciario. Eso hay que tenerlo en cuenta, no es fácil conducir una sociedad como esa”.
Alejandro Fara

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