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Novillo Challenge: una apuesta para revalorizar la carne de animales más pesados

En un evento organizado por el IPCVA, productores y consumidores se reunieron para degustar carne de distintas categorías de animales, con el objetivo de demostrar que el novillo puede igualar o superar a la ternera en sabor y calidad.

La asociación entre terneza y ternera está tan arraigada en el imaginario del consumidor argentino que casi parece semántica. Sin embargo, esa percepción es justamente lo que el IPCVA intenta modificar a través de encuentros de degustación donde la gente prueba, sin prejuicios, carne de distintas categorías de animales.

Horacio Salaberri, consejero del IPCVA, explicó la lógica detrás de la iniciativa. Según relevamientos consultados por la entidad, cerca del 64% de los argentinos, especialmente los más jóvenes, considera que la carne de ternera es la mejor opción para consumir.

El problema de fondo es productivo: si la faena se mantiene en los niveles actuales y no se incrementa el peso por animal, el volumen total de kilos disponibles no crece. Las vacas no pueden parir dos terneros, por lo que la única vía para aumentar la oferta de carne es engordar más cada animal, lo que implica trabajar con novillos de mayor peso, por encima de los 400 kilos.

En los dos encuentros de degustación realizados antes del actual "Novillo Challenge", los resultados fueron llamativos. Quienes inicialmente preferían la ternera, ese 64%, revirtieron su posición tras probar el novillo. El dato sugiere que la preferencia por la ternera tiene más que ver con el nombre que con la experiencia real del paladar.

El representante atribuyó este cambio a las transformaciones que ha experimentado la ganadería en los últimos años: nuevas pasturas, alimentación suplementaria y modificaciones genéticas en las razas han mejorado notablemente las características de la carne de animales más pesados.

En paralelo, se observa una tendencia a retener más hembras —lo que implica faenar menos vacas— y a colocar mayor cantidad de kilos en cada animal que sí va a faena. Ambas variables apuntan en la misma dirección: una ganadería que apuesta al peso por cabeza como motor de crecimiento de la producción cárnica nacional.