Opinión | comentario

Cristina vs. Schiaretti y la semana final

La vicepresidenta introdujo un tema que no se tocó en la apática campaña cordobesa: la deuda. La jugada apunta a dividir más el voto opositor. El desempeño de Juez. Y el riesgo para Llamosas
 

Unión por la Patria nació como un concepto muerto. A menos de 24 horas de su aparición, algo desangelada y en la que nadie depositó demasiado entusiasmo, el nivel de enfrentamiento entre los socios ya alcanzaba dimensiones de antología.

El Frente de Todos, el antecesor desaparecido con más pena que gloria, se reservó, al menos al principio, algunos momentos de convivencia pacífica y de estrategia común. Unión por la Patria no. Desde el minuto inicial volaron los platos, se descerrajaron con comunicados virulentos en los que, por ejemplo, Máximo acusó a Alberto Fernández de no haber puesto firmeza a la hora de defender a los argentinos y de ser el culpable de la crisis actual que corroe el poder adquisitivo de la gente. Cristina, en un acto en Santa Cruz, le puso su firma a esas acusaciones. Y agregó otra, sumamente grave para esta etapa del kirchnerismo: dijo que Alberto amenazó con llevar la pelea por las listas al endemoniado terreno de laJusticia, donde se agazapan los enemigos que la proscriben y que ni siquiera investigan seriamente a quienes intentaron atentar contra su vida.

En el origen, al Frente de Todos al menos lo unía su objetivo de derrotar al macrismo. ¿Qué aglutina ahora a Unión por la Patria? ¿Qué hacen conviviendo los defensores del pueblo y de los intereses nacionales -Máximo y Cristina- con entregadores y continuadores del modelo macrista como serían Alberto o quienes se oponen a los designios de la vice?

Cuando las internas abiertas pasen, esos dirigentes que hoy se dedican de todo menos elogios deberán coexistir en una lista y hacer campaña juntos. ¿Qué discurso van a estructurar los candidatos?¿Unos van a decir que el gobierno actual hizo lo mejor que pudo y otros lo van a instalar entre los peores desastres de la historia reciente?

Cristina Fernández, que se está viendo sometida a la humillación de tener que disputar las Paso con Alberto y Daniel Scioli, no termina de definir la mejor estrategia para el kirchnerismo pero sí tiene perfectamente incorporado, por supuesto, el reflejo de intentar provocar una atomización de la oposición. Aún no sabe a quién llevará como candidato, pero, como ella misma lo dijo, está convencida de que se viene una elección en la que gravitarán sobre todo los pisos electorales. Allí se jugarán las posibilidades de instalarse en la segunda vuelta. El balotaje será otra historia.

En esa línea, en su discurso del jueves introdujo una novedad que apunta al escenario nacional pero que, a la vez, habla de la campaña en Córdoba, a la que le queda solamente una semana.

Cristina hizo aparecer un elemento que, curiosamente, estuvo ausente durante la apática campaña cordobesa:la deuda en dólares. La vicepresidenta acusó a la gestión de JuanSchiaretti de recurrir nuevamente con desmesura a la toma de deuda en moneda norteamericana a partir de 2015, es decir desde la asunción de Mauricio Macri. El schiarettismo le respondió, por supuesto, y señaló que el pasivo se usó no para gastos corrientes, como suele hacer el kirchnerismo, sino para financiar obras de infraestructura.

Es decir, Cristina subió al gobierno cordobés, histórico adversario, al ring. Y lo hizo con un gráfico de barras que sacó de la página web del Ministerio de Finanzas que conduce Osvaldo Giordano. Una idea que no tuvieron los creativos de campaña de Luis Juez: al informe de los Indicadores de la Deuda Provincial se llega con sólo dos clicks.

El candidato a gobernador de Juntos por el Cambio parece no tener dimensionada la relevancia que la economía y las finanzas tienen en una provincia compleja como Córdoba. El 6 de junio, cuando estuvo en la Bolsa de Comercio junto a Mauricio Macri, Juez, desde el escenario, le pidió a Manuel Tagle, empresario y presidente de la Bolsa, que le buscara un ministro de Finanzas. “Uno bueno, eh”, la remató. Es decir, después de años de aspirar a la gobernación, el líder del Frente Cívico no tiene definida a esta altura una persona de confianza para manejar la economía de la provincia.

Pero volviendo a CristinaFernández y a su acto en Santa Cruz, ¿por qué la vicepresidenta se dedicó expresamente a cuestionar a Schiaretti? ¿Lo hizo porque sí o hubo detrás una intencionalidad política?

En los discursos de Cristina no suele haber casualidades. Eligió criticar a Schiaretti y establecerlo como un antagonista una vez que había quedado desarticulado el intento de que el gobernador se sumara a Juntos por el Cambio. Es decir, una vez que desapareció la posibilidad de potenciación y fue reemplazada por una de mayor atomización.

¿A dónde va a ir a buscar votos el gobernador de Córdoba, crítico constante del kirchnerismo y enfrentado actualmente en la Justicia por los fondos que no le llegan a su administración? Schiaretti, que en Córdoba marcha primero en intención de voto para presidente, implica ahora un competidor para Juntos por el Cambio, especialmente para Horacio Rodríguez Larreta. Si Schiaretti crece, lo hará a expensas del principal polo opositor; dividirá en más canastas los mismos votos, lo que podría alimentar las chances de Unión por la Patria, sea quien sea el candidato, de llegar a la segunda vuelta.

Pero los efectos de lo que dijo Cristina tal vez no se limiten al plano nacional sino que también operen en la elección cordobesa. Primero, porque las críticas de la vicepresidenta en una provincia antikirchnerista, como ella misma lo reconoció, y el hecho de reafirmar al schiarettismo como un adversario son una contribución a la campaña del oficialismo cordobés. Pero, además, porque tiende a desarticular el discurso de Juez y de Rodrigo de Loredo de que, por lo bajo, existe entre el kirchnerismo y Hacemos Unidos un pacto no admitido.

La campaña en la provincia está llegando a su ocaso. Tras el fin de semana largo, un período en el que la atención suele evadirse de la política, solamente quedarán dos días;después llegará la veda.

Y con tan poco tiempo por delante, lo que puede decirse es que ha sido una campaña desabrida, casi sin ideas y que transcurrió sin sobresaltos. La amenaza del juecismo de construir una campaña incómoda para el oficialismo no se concretó. Sólo el tema inseguridad amagó con convertirse en un foco de confrontación pero después se fue apagando.

Casi nunca, al menos en los años recientes, las campañas sirvieron para contraponer concepciones profundas sobre el rumbo de un país o una provincia. Por lo tanto, lo único que pueden construir las oposiciones son climas, predisposiciones. En este caso, en el de Córdoba, una predisposición al cambio. Y, en ese punto, al menos hasta ahora, Juez no ha dado en la tecla, lo que no anticipa necesariamente un resultado pero sí genera una sensación previa.

En los próximos días, Llaryora el martes con un locro y Juez el miércoles con un acto, se cerrarán las campañas en Río Cuarto. En la ciudad, y en todo el sur, en la elección se definirán, como suele ocurrir, aspectos adicionales, propios. En este caso, tiene nombre y apellido:JuanManuel Llamosas.

En la semana que pasó, el intendente, que pidió licencia, salió a recorrer con más intensidad RíoCuarto y la región porque sabe que el resultado del domingo será clave para su futuro político. Y lo será no sólo en el sentido de la victoria o la derrota sino en el de las magnitudes. Si Llaryora gana en la provincia, Llamosas estará obligado a obtener una ventaja aún más holgada en su territorio. Su insistencia por ocupar un lugar destacado en la estructura electoral de Hacemos Unidos debe necesariamente tener un correlato en votos.

Por eso, para Llamosas es una oportunidad pero también un riesgo. Más aún si se tiene en cuenta que al frente Juntos por el Cambio no puso a nadie. No hay ningún candidato de Río Cuarto que le dispute el voto al intendente. Y si bien jugar solo puede parecer terriblemente sencillo, en política puede no necesariamente ser así.