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Guerra de guerrillas por el voto peronista

Más allá de la campaña tradicional, el oficialismo se despliega en territorio históricamente peronista. El radicalismo se asienta en sus propuestas y Nazario apuesta por la victimización

Martín Llaryora cambió el estilo pero no el fondo. Ya no confronta directamente con Javier Milei porque en el actual estado de situación esa estrategia no dio resultado, pero sigue mostrándose como el gobernador que suple la ausencia del gobierno nacional. Ahí donde la Casa Rosada desaparece, como fruto del ajuste, la Provincia ocupa el lugar vacío. Lo hizo con los subsidios al transporte, con el incentivo docente y, ahora, con las obras públicas que “Toto”Caputo desfinanció para lograr el superávit fiscal y que quedaron abandonadas desde hace seis meses.

Es una estrategia que apunta a la diferenciación y que especula con que, alguna vez, empezará a ser redituable. Llaryora intenta expresar un modelo distinto, en el que el Estado no se retira, y piensa ahora en su propio electorado, los cordobeses, pero para el futuro parece tener en mente a todo el país.

El gobernador volvió a Río Cuarto para encabezar el acto por el 25 de Mayo; en un mismo día operó políticamente en tres planos: se mostró en el país al lado de Milei, como anfitrión, le dio un mensaje a su propio electorado provincial y, a la vez, por supuesto también intervino en el escenario riocuartense, que está a menos de un mes de elegir intendente. El desfile de ayer fue un acto político. Llaryora ni habló de la elección porque no hacía falta:sus declaraciones de que quiere completar la autovía a Holmberg, que aparece paralizada y que se ha convertido en un peligro diario, por sí mismas buscan influir en los votantes. En el palco oficial del acto estuvo, en todo momento, Guillermo De Rivas, el candidato de Hacemos Unidos por Río Cuarto.

En la planificación de campaña del oficialismo, Llaryora es, obviamente, una figura relevante, que jugará cada vez con más intensidad. Hasta ahora en el discurso ha venido siendo cuidadoso pero está previsto que en el tramo final llegue a la ciudad y pida abiertamente el voto por De Rivas y le diga además al electorado peronista que no hay otra opción.

La campaña de Hacemos Unidos está desplegándose actualmente en dos planos: por un lado se trata de la habitual batería de spots, anuncios, actos y carteles, pero, por lo bajo, hay un segundo nivel de acción, pero no menos importante, que es puramente territorial. “Es cuerpo a cuerpo y con el cuchillo entre los dientes”, grafica, bélicamente, un dirigente oficialista.

Juan Manuel Llamosas está instalado en la zona del Alberdi profundo y allí recibe, todos los días, a punteros peronistas, militantes de toda la vida, votantes históricos y leales. El intendente les plantea que la doble alternativa es falsa, que el peronismo está en un solo lado y que lo del nazarismo es apenas una aventura personal.

El oficialismo está disputando en una especie de guerra de guerrillas a los riocuartenses que integran eso que se conoce como el piso histórico del peronismo en Río Cuarto. “Tenemos que pelear ahí. Y si por fuera sumamos un porcentaje adicional con la campaña publicitaria, mucho mejor”, indican en Hacemos Unidos.

En el Palacio de Mójica aseguran que por su trayectoria y por su perfil De Rivas aparece con buenos índices en el centro y en Banda Norte pero que no se separa en Alberdi como suelen hacerlo los candidatos peronistas. En parte por la fractura con Nazario, en parte porque Gonzalo Parodi, de Primero Río Cuarto, tiene inserción en algunos sectores de ese bastión justicialista.

En los sondeos que se hacen frenéticamente durante las campañas, el oficialismo está mirando no sólo la intención de voto sino otro dato que puede gravitar el día de la elección:el nivel de participación. En 2020, en plena pandemia, apenas la mitad de la población fue a votar; un porcentaje muy bajo. Las encuestas aparecen indicando actualmente que sólo el 55% de los riocuartenses tienen decidido concurrir el 23 de junio;ese número podría estirarse, pronostican, hasta un 62%. En el oficialismo interpretan que se trata de un escenario favorable a sus posibilidades:sostienen que cuando hay voluntad de cambio, de intervenir para producir una alteración del escenario político, los índices de participación suelen ser mayores.

“No hay clima de cambio”, dicen en el Palacio. Podría agregarse que tampoco hay demasiado clima de campaña a esta altura de los acontecimientos. Esa desatención de los votantes se ha convertido en un hecho habitual en los procesos electorales pero en Río Cuarto también puede estar vinculado al tipo de campaña que se está produciendo: sin sorpresas, casi sin acontecimientos que sean disruptivos -lo más relevante fue hasta ahora el socavón de calle Presidente Perón-, y por lo tanto sin la construcción de hechos que le hagan suponer a la gente que su vida puede modificarse para mejor. En ese clima están pasando los días de camino a la elección;al menos, hasta ahora.

Tal vez la propuesta más audaz haya sido por el momento el Metrobus que lanzó Parodi. Si es viable o no técnicamente, si es presupuestariamente financiable son cuestiones a considerar, por supuesto. Pero el proyecto al menos se adentra a discutir uno de los grandes temas de una ciudad moderna: el transporte.

Primero RíoCuarto está anclando su estrategia en una serie de propuestas que irá dosificando con el correr de las semanas. No orbita sólo sobre el candidato sino que intenta construir la imagen de que ha configurado una idea de ciudad, al menos en algunos puntos clave.

La campaña de Nazario es distinta. Se centra casi exclusivamente en su figura, en la potencialidad de su nombre y su apellido. Sus spots no giran en torno a propuestas sino a ella, como figura política, y a sus pretensiones con respecto a la ciudad-imperio. Pretensiones genéricas;nada demasiado específico.

Esa misma característica se repitió en el debate que organizó la Fundación 2030.

Allí, en el Viejo Mercado, Nazario dispuso de 15 minutos para su exposición y eligió una enumeración deshilvanada de sus concepciones sobre lo que debería ser Río Cuarto. Pero casi no hubo desprendimientos concretos de su discurso.

Aseguró que, desde hace tiempo, ella y su equipo vienen elaborando un Master Plan para los próximos 20 años pero no desarrolló ninguno de los ejes que esa supuesta proyección contiene. Y cuando habló de medidas fueron casi decepcionantes:en un tramo indicó que hay que enfocar los esfuerzos en crear una app de seguridad, como si se tratara de una empresa especialmente compleja, y después mencionó su decisión de convocar a un consejo de notables, una idea que pareció más emparentada con el siglo XIX que con el XXI.

El punto más alto de Nazario, no por ideas sino por intensidad, fue cuando le preguntaron por la ciudad que imaginaba para 2030 y eligió salirse del libreto para hablar de sí misma y referirse a una supuesta campaña de hostigamiento que viene sufriendo durante la campaña. Primero relató, como si fuera una ofensa, que al principio existió la especulación de que iba a bajar su candidatura y después agregó: “Estoy sufriendo un aluvión de fake news. Aparecen páginas truchas de agencias de Formosa, Salta. Agencias inexistentes que pagan para poner mentiras sobre lo que hago y pseudo pertenencias políticas. De los tres candidatos que estamos acá, soy la única que está recibiendo un acoso tremendo”.

La victimización suele ser un recurso político, pero en este caso ni el acoso parece ser tan tremendo ni la diatriba tan impiadosa.

Pero además de instalarse en el lugar de figura atacada arteramente, Nazario intentó un movimiento para sacar a De Rivas de su libreto y alterarlo:dijo que en 2012 podría haber sido intendenta tranquilamente pero que prefirió no hacerlo porque no quería correr con el caballo del comisario -era la pareja del gobernador-. Más allá de que correr con el caballo del comisario no pareció molestarle en 2015, cuando De la Sota la puso como número 2 en la lista de diputados, en el fondo lo que buscó la exministra fue generar un mano a mano entre los dos peronistas. A De Rivas le reprochó ser candidato y funcionario a la vez. Lo incomodó pero no logró subirlo al ring. Tal vez haya sido sólo una primera muestra de lo que la interna peronista puede deparar en las semanas que faltan hasta el 23 de junio.