Río Cuarto |

Con actividades de divulgación, especialistas locales promueven el uso de los softwares libres

Un grupo de aficionados e idóneos en programación acompañan las corrientes de Richard Stallman y apuestan al desarrollo comunitario desde las computadoras

Con el objetivo de dar difusión a contenidos referidos al software libre, un grupo de especialistas de Río Cuarto y la región realizan, desde hace más de 3 años, acciones de divulgación junto a referentes de nivel nacional e internacional. 

Daniel y Lucas Bellomo, padre e hijo, son dos de los principales activistas de este grupo que da cuenta de los alcances del software libre, haciendo hincapié en su caracter ético sobre lo técnico, y la posibilidad de un desarrollo social y comunitario. 

Si bien parece una temática muy abstracta y difícil de comprender por quien no está vinculado, explican desde lo básico en qué consiste esta corriente de pensamiento. “Hay dos partes de una computadora: lo que tocamos, que es el hardware, y el software, que está en la memoria y es intangible. Cuando hablamos de computadoras no sólo son las PC o las notebooks, sino también un celular, un televisor smart o un marcapasos”, indican sobre lo esencial del tema.

Indican que en esta concepción de computadoras, los celulares han tomado mucha más importancia en los últimos años que una PC, por el uso y la accesibilidad, y ponen el ejemplo de algunos países, como India, en los que todos tienen celulares y no así una notebook, o lo mismo que en Argentina, donde en una familia hay varios teléfonos celulares y sólo una computadora de escritorio. “Una computadora es mucho más cara, pero un celular para cada uno, aunque haya de distintas gamas, sí se puede pensar”, sostuvo Lucas.

La iniciativa por los software libres también se dan a nivel del hardware, pero aseguran que existen otros problemas relacionados a que “no se pueden hacer copias perfectas a un costo marginal cero, pero con los programas se pueden copiar por el mismo precio a miles de personas que a una sola”, explicaron, y ejemplificaron con que desde lo digital se pueden hacer copias perfectas, algo que no se podía lograr con un fonógrafo, por ejemplo.

Lucas reflexiona sobre lo que originalmente fueron los objetivos de las patentes de los inventos, algo que después se repitió en los derechos de autor en obras culturales: “Se buscó promover al inventor para que pudiera crear cosas nuevas; se le da el monopolio de la idea por unos años, se le paga por el tiempo que invirtió en esa idea que nos sirve a todos, y por un período de tiempo corto”.

- ¿Dónde se genera ese pensamiento sobre la libertad de los programas?

- En el equipo tenemos un código que sólo entiende la máquina, el “código máquina”, que son las instrucciones y que se puede ver o examinar, intentar sacar información de eso, pero es muy complicado, porque es lo pensado para que entienda la computadora, es lo que uno se imagina de ceros y unos del código binario. Pero esto no es lo que la gente escribe, sino que lo hace en otra cosa que se llama “código fuente”, una mezcla de inglés, matemáticas y símbolos, y cualquiera que entienda el idioma puede llegar a leer algo, y si es un programador avanzado lo hará perfectamente.

Indicaron, en tanto, que hay programas llamados “compiladores”, que son traductores de un código a otro, “y así se puede incorporar en la máquina, y según el dispositivo con el que se trabajará, será esa traducción, mientras que en el código fuente es una abstracción que, de tener acceso, el programador podrá modificar para lo que lo necesite, agregarle funcionalidades o aplicarlo al dispositivo que desee”, señalaron.

“Allí está la importancia de que ese código sea accesible para todos, si no es un misterio lo que está ocurriendo ahí, y nada te asegura que el celular, por ejemplo, haga lo que el vendedor te dijo y no otra cosa como espiarte, que saque fotos o prenda el micrófono”, describió Daniel.

A comienzos de los años 80 surgió esta iniciativa del software libre, “porque en un inicio el problema no era el código, había pocas máquinas, no existían los celulares, y cuando hasta ese momento te vendían una máquina, el que lo hacía tenía que darte todo el software para que anduviera”, señalan los especialistas, mientras que detallaron que en esa circunstancia, Richard Stallman, que trabajaba en los laboratorios de inteligencia artificial del MIT, “vio a futuro todas las problemáticas que podían ocurrir si las corporaciones hacían lo que querían con las leyes de propiedad intelectual”.

Contando con los códigos fuente, señalan, el usuario es el que tiene el control cuando sabe qué está pasando con el dispositivo, de lo contrario es el programa el que tiene el control del usuario. Pensando en todo esto, Stallman crea la Free Software Fundation (Fundación de Software Libre), desde donde empieza a trabajar sobre esta idea y piensa en un sistema operativo libre, que debe tener cuatro condiciones: “Usarlo como la persona lo desee, sin condiciones, es algo que parece una obviedad pero nunca se leen las condiciones de uso, donde hay varias cláusulas restrictivas; estudiar el código fuente, que sirve para aprender a programar, cómo hacerlo, al igual que para auditarlo, que haya un control de la sociedad; poder copiar el código, sin limitaciones; y poder modificar las copias que se hagan”.

- ¿Esto plantea fines de desarrollo comunitario?

- Todo se basa en cuestiones éticas y políticas, no técnicas, con el objetivo final de ayudar a la sociedad pensando en un mundo mejor. Los trabajos que se desarrollan en esta línea son sumamente colaborativos, como lo que se hizo con el kernel de Linux, la capa de software que maneja todo, y que es necesario para el manejo de cualquier hardware, que se hizo con un proyecto que desde los ‘80 evoluciona constantemente y con la participación de mucha gente que colabora sin una paga. Se dice que este proyecto es el que cuenta con más personas de más etnias, género, el más inclusivo de la actualidad, no hay en otros rubros algo similar. Lo que hace andar  todo es la actividad colaborativa de la que participa mucha gente.



Avances

 

Los especialistas comentaron que con el avance de la tecnología, lo que podía ser de difícil acceso ahora resulta muy sencillo conseguir, cmo bajar cualquier programa a un pen drive, listo para instalar en su computadora. “Del mismo modo, se pueden encontrar los código-fuentes ordenados y con toda la historia de ese software, con los comentarios de qué se agregó y por qué se lo hizo”, explicó Lucas Bellomo. 

Uno de los ejemplos más cercanos que plantean Lucas y Daniel tiene que ver con el software que se alquiló para el envío de los telegramas con las planillas de votaciones en las últimas Paso. Al no contar con el código fuente, en las próximas elecciones se deberá volver a solicitar un programa similar, con las modificaciones que correspondan para tal situación, y, por otro lado, tampoco se cuenta con la información para que la sociedad audite el programa.

Aunque aclararon que el voto electrónico no es algo positivo, y se manifestaron en contra de su utilización, pusieron un ejemplo de algo que sucede con la auditoría a estos programas en Estados Unidos: “Las máquinas de voto electrónico en Estados Unidos se ponen a disposición en la Defcom, que es la conferencia de seguridad informática más grande del mundo, y adonde va la comunidad hacker, lo que te da seguridad de lo que son las máquinas”. 

Sobre la tecnología en el sufragio, coincidieron en decir: “Si se la incluye, que sea en instancias posteriores, en el conteo, por ejemplo”, indicaron.

Entre otros aspectos, consideraron que si no se cuenta con el acceso al manejo del programa, no sólo es que los usuarios, en este caso el Estado, quedan a merced del software, sino que se trata también de programación desarrollada en otros países. “Un ejemplo claro es el manejo de Afip funcionando sobre una estructura de Microsoft, y no sabemos quién tiene el control”.

En esta línea de pensamiento, indicaron que un programa de software libre implica desarrollo, “porque permite hasta el crecimiento de la pyme de barrio o de una cooperativa, pero un programa privativo lleva a la dependencia, porque no se puede modificar para futuros usos que puedan ir surgiendo”, sostuvo Daniel. 

- ¿Cómo comenzaron a reunirse en torno a estas líneas de pensamiento?

- Es algo que nos interesa e importa mucho -sostuvo Lucas-. Creemos que es algo que se debería discutir, y por esto nos juntamos con personas de distintos ámbitos. 

- Lo que sucede es que son problemas de toda la sociedad -agrega Daniel-, de todos los que usamos computadoras, no se trata de una cuestión referida a algo técnico, es una discusión ética. 

Finalmente, destacaron que para darle un sentido legal, Stallman pensó en englobarlo en la ley de copyright, que considera que por omisión uno se reserva los derechos de cualquier creación, por lo que desarrolla una licencia dentro de estas legislaciones que apoya las libertades del software libre, y se denominó: “GPL” (General Public Licence). “Lo que hace libre al programa es decir que es libre”, comentó Lucas, y explicó que, entre los principios de esta corriente, se contempla que la licencia se mantenga libre aún con las modificaciones a las que pueda ser sometido. 



Luis Schlossberg.  Redacción Puntal