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Cuando la confianza se rompe: la estafa que sacudió a Alta Gracia y despertó una ola solidaria

Decenas de familias denunciaron haber sido engañadas por

una supuesta financista local, en un caso que ya investiga la Justicia. En medio del daño, la historia de Nacho volvió a poner

en movimiento una red de ayuda que no se detiene

La noticia empezó a circular en voz baja, como suelen hacerlo las historias que duelen. En Alta Gracia, una ciudad acostumbrada a reconocerse en los vínculos cercanos y la confianza mutua, una presunta estafa millonaria sacudió a decenas de familias y dejó al descubierto algo más profundo que una maniobra económica: la fragilidad de la confianza y, al mismo tiempo, la potencia de la solidaridad cuando todo parece derrumbarse. Decenas de familias denunciaron haber sido engañadas por una mujer que se presentaba como financista, y cuyo paradero hoy es incierto. El caso ya está en manos de la Justicia y mantiene en vilo a la comunidad.

El nombre de Karina Acevedo, señalada como financista local, comenzó a repetirse entre vecinos y grupos de WhatsApp y comisarías. La promesa era siempre la misma: inversiones seguras, retornos rápidos, manejo de divisas. El desenlace, devastador.

Entre las personas damnificadas hay historias que condensan el impacto humano de lo ocurrido. Una de ellas es la de Ludmila Corroux, ciclista e influencer de Anisacate, quien no dudó en poner el cuerpo y la palabra cuando comprendió que había sido engañada. “La conozco desde que tengo unos 11 años. Es amiga mía y de mi familia, durmió en mi casa y yo en la suya. Conozco a sus padres, hay una relación de muchísima confianza”, contó a Puntal. Esa cercanía fue, paradójicamente, el puente hacia el daño: Ludmila entregó todos sus ahorros convencida de que estaban en manos seguras.

Acevedo había trabajado en una financiera y luego decidió continuar por cuenta propia. Operaba desde su casa, realizaba compra y venta de dólares y ofrecía distintas alternativas de inversión. Durante un tiempo, nada hizo sospechar que algo no estaba bien. “Nosotros ahorramos en pesos. Le dimos el dinero para que nos comprara dólares y nunca nos los dio”, señaló. Las primeras dudas aparecieron cuando comenzaron las demoras y las excusas. “Hace unos 15 días empezó a tener problemas para devolvernos la plata. Decía que el banco le había bloqueado la cuenta, que no podía operar”, contó.

Lo que siguió fue confusión y angustia. Una imagen publicada desde un hospital intentó justificar la ausencia, pero luego se supo que no era real. Vecinos comenzaron a buscarla, las denuncias se multiplicaron y el caso llegó a la Justicia. Se estima que unas 100 personas podrían haber sido estafadas, algunas por sumas superiores a los 90 mil dólares, con un monto total que rondaría los 250 mil dólares, aunque otras estimaciones no descartan cifras aún mayores. Hasta el momento, se radicaron al menos diez denuncias formales.

Pero entre todas las historias, hay una que duele de un modo distinto. La de Ignacio “Nacho” Pereyra, el joven que en mayo de 2022 sufrió un grave siniestro vial que le dejó severas secuelas neurológicas. Su madre, Cintia Navarro, también confió dinero a la presunta financista. No lo hizo buscando ganancias, sino intentando sostener una urgencia vital: la rehabilitación y la prótesis craneal que su hijo necesita desde hace años. “Yo la conocí hace unos cinco meses. Empecé comprando montos chicos, 200 o 300 dólares”, explicó a Puntal.

La familia de Nacho lleva tres años atravesando un camino complejo, marcado por trámites, esperas y frustraciones. En diciembre de 2025, una nueva ilusión se encendió cuando les solicitaron el prequirúrgico. Poco después, la esperanza volvió a apagarse: el pedido fue rechazado por falta de fondos. Fue entonces cuando decidieron intentar costear la cirugía de manera particular. “Dijimos ‘no vamos a seguir esperando más tiempo’. Todo lo que pudiéramos juntar iba a ser para la prótesis de Nacho”, explicó Cintia.

Las sospechas llegaron rápido. “Le entregué la plata un martes y quedó en devolvérmela el jueves. Pasó el viernes, el sábado y no tenía ninguna novedad. Ahí me di cuenta de que algo raro estaba pasando”, relató Cintia.

Ese dinero quedó en una cuenta a nombre de Acevedo. Nunca regresó. “Nos ha devastado todo esto”, dijo la madre, con una mezcla de cansancio, dolor e indignación.

La sensación de impunidad agrava el dolor: mientras las víctimas reclaman respuestas, la mujer denunciada permanece en libertad y fuera del alcance de quienes buscan recuperar lo perdido.

Sin embargo, en medio del daño, ocurrió algo que volvió a darle sentido a la palabra comunidad. Ludmila no solo visibilizó su propia situación, sino que fue clave para que la historia de Cintia y Nacho volviera a circular. En diálogo con Puntal, Ludmila confesó “en medio de todo este caos, lo primero que hice fue pedirle el alias y compartir su historia. Saber que Nacho está recibiendo ayuda es lo único que me da un poco de paz”. Y entonces ocurrió lo inesperado: la solidaridad reapareció. Vecinos, conocidos y desconocidos tendieron la mano. Quienes deseen colaborar para que Nacho pueda acceder a su prótesis y continuar con el tratamiento pueden hacerlo mediante transferencia bancaria al alias NACHO.TE.AMAMOS, CBU 0110109230010925541729, a nombre de Cintia Natalia Navarro.

La estafa dejó heridas profundas y una ciudad en alerta. Pero también dejó una certeza que hoy se repite como un acto de resistencia: una sola persona puede causar un daño enorme, pero son muchas más las que eligen ayudar. En Alta Gracia, y más allá, la red solidaria volvió a activarse. Y en esa trama de apoyo, Nacho, Cintia y Ludmila encontraron algo que ninguna estafa puede arrebatar: la fuerza de la gente de buen corazón, que sigue siendo mayoría.