La presidenta del Colegio de Psicopedagogos de Río Cuarto, Soraya Rached, analizó el momento que se está viviendo en la ciudad y dijo que la observa contenta y prudente. A la vez, la profesional remarcó que quedarán múltiples aprendizajes a partir de lo vivido durante la pandemia.
-Aunque la pandemia aún no fue superada, con el avance de la campaña de vacunación, parece que al menos dejamos atrás el momento más duro, ¿cómo observa a la ciudad en ese sentido?
-Con relación a la pandemia y su evolución, hoy, en este momento histórico como humanidad desde el punto de vista salubrista, a la ciudad la observo contenta y prudente. Contenta porque el nivel de vacunación logrado es altamente favorable en todos los grupos etarios. La ciudad está contenta porque para llegar a esta instancia fue necesario el encuentro “amoroso”, como protección de la vida, de muchos actores que, comprometidos y responsables de su cargo, estuvieron y están a la altura de las exigencias que la pandemia les exigió en las distintas etapas del desarrollo y mutaciones del virus. Y la ciudad es prudente porque “comprendió” el valor ineludible de la responsabilidad individual que constituye el espíritu de la responsabilidad social y colectiva que me cuida y nos cuida frente a este virus en particular, como a tantos otros virus en general. La ciudad está en estado de prudencia porque, Río Cuarto, siempre fue y es solidaria, por ende, es consciente de la construcción colectiva del cuidado de la salud desde la educación en el vivir cotidiano.
-¿Cree que el daño de la pandemia ha sido grande para la sociedad, especialmente para niños y adolescentes?
-Todo depende desde la perspectiva de análisis del daño. La humanidad, en su generalidad, tiene un gran poder de adaptación, transformación y resistencia. Desde lo particular, podemos observar diferencias porque las realidades son diferentes. Si nos posicionamos desde la mirada socioeconómica, es real y concreto que aquellas niñas, niños y adolescentes que tuvieron más recursos desde la alimentación, en cantidad y variedad, hasta los dispositivos tecnológicos para continuar con la educación formal, pasando por vestimenta, calefacción, juegos y espacios para esparcimientos, pasaron mejor sus días. De todas maneras, todo esto no nos garantiza que el daño, si en ellos existiera, haya sido menor o mayor que en aquellas niñas, niños y adolescentes carentes de los productos y situaciones antes mencionados. Con esto quiero destacar que la fortaleza individual, esa fortaleza que cada una y uno con trabajo alcanza cada día, es la que marca la diferencia frente a una situación extraordinaria como la que hoy nos convoca, la pandemia, como la que también puede ser una catástrofe climático-ambiental o un suceso desgraciado en el seno familiar. Es en el desarrollo de esta fortaleza donde radica la fuerza, el arrojo y “el ánimo” de la humanidad como colectivo, como especie.
-¿Quedará algún aprendizaje?
-Quedarán muchos, muchos aprendizajes. Para empezar, quedará el registro de los primeros días de confinamiento en los que pudimos experimentar la situación de “encierro” en nuestra propia casa. También recordaremos como a los pocos o varios días empezamos a accionar, a generar desde barbijos caseros con lo que teníamos a mano, a chistes, bromas videos domésticos que se compartían por las redes… esas redes que nos acompañaron, cuidaron, protegieron con consejos e información útil. Pasado casi un mes ya no nos reíamos tanto, sentíamos nuevamente la clausura de la vida prepandemia, y nos rearmamos nuevamente. Creció nuestro vocabulario, de arranque: protocolos, virtualidad, trabajo a distancia o remoto, las compras online, en el mejor de los casos. Desde el área de salud: aislamiento y distanciamiento social, atención médica remota; el barbijo, alcohol en gel y control de la temperatura corporal se volvieron un hábito; las vacunas con su procedencia geográfica y “política partidaria” formaron parte de la charla cotidiana. Desde la educación formal, el dictado de clases virtuales, los materiales para estudiar y el tiempo turbulento vivido en cada familia, luego las burbujas y los cronogramas de asistencia presencial a la escuela, los recreos y los juegos limitados. Quedarán anécdotas y capitalizaremos los aprendizajes adquiridos y la riqueza de los aprendizajes compartidos, ¡sí! esos aprendizajes que ayudaron a otras mamás y papás a organizar mejor su tiempo y espacio de conjunción entre lo familiar y laboral desde y en casa. Esos aprendizajes que niñas y niños compartieron con compañeros que sólo conocían detrás de las pantallas, y a algunos sólo podían escuchar su voz. Esos aprendizajes que en la abundancia y en la carencia formaron parte del 2020 que quedará en la historia de cada ciudadano de nuestra ciudad y de nuestro planeta.

