Si algo dejó la semana pasada en materia inflacionaria es la sensación de que la guerra está perdida. El 6,7% que dio a conocer el Indec para marzo fue demoledor; superior incluso al que se esperaba. Es que los propios funcionarios nacionales ya venían advirtiendo que la cifra iba a dar mal y el propio ministro de Economía, Martín Guzmán, advirtió que sería superior al 6%. Pero al final se ubicó cerca del 7%.
Al interior naturalmente que hubo datos más preocupantes aún: por ejemplo el de los precios regulados, que crecieron 8,4%. ¿Qué se entiende por regulados? Son los bienes y servicios cuyos precios están sujetos a regulación o tienen alto componente impositivo, como por ejemplo combustibles para la vivienda, electricidad, agua y servicios sanitarios, sistemas de salud y servicios auxiliares, transporte público de pasajeros, funcionamiento y mantenimiento de vehículos, correo, teléfono, educación formal y cigarrillos y accesorios. En definitiva son los precios en los que más influencia tiene el Gobierno. Pero esta vez subieron más de un punto y medio por arriba del promedio.
En medio de “la guerra” contra la inflación, que está cumpliendo su primer mes de vigencia, los resultados no son alentadores y ya habría que probar con un tratado de paz. El Gobierno, como en muchos otros planos, quedó envuelto en su propio discurso y reveló otra vez su incapacidad para resolver el problema que identificó como el más preocupante que afronta el país. Sin dudas esa es la sensación que hay en la calle. Las encuestadoras, si en algo coinciden, es que el tema de los precios y su impacto al esmerilar los bolsillos es la gran preocupación de los argentinos.Atrás quedaron otras problemáticas que en su momento lideraron el ránking, como la inseguridad o la falta de empleo. En desarrollar el diagnóstico, el Gobierno tiene alta eficacia. Pero los habitantes de la Casa Rosada no están sólo para elaborar diagnósticos. Su principal tarea es producir cambios positivos para el conjunto de la población.
El Gobierno, como en muchos otros planos, quedó envuelto en su propio discurso y reveló otra vez su incapacidad para resolver el problema.
Siguiendo además con el informe del Indec, el rubro alimentos acumula en los últimos 12 meses un 59,7% de alza contra el 55,1% promedio de todos los precios de la economía. Por arriba sólo hubo dos rubros: Restaurantes y Hoteles y Vestimenta y Calzado. En el caso de la industria textil argentina hay además una andanada de críticas a partir de que es una de las grandes protegidas por un sistema de importaciones casi nulo. Esa disposición intenta cuidar empresas y puestos de trabajo nacionales, pero tiene como contrapartida críticas por la eficiencia del rubro y una suba de precios que supera largamente la media. En un año los precios aumentaron más del 67%. Sin embargo allí no hay acciones del Gobierno para intentar revertir la situación. Los funcionarios se concentraron casi exclusivamente en los alimentos y en particular haciendo foco en las materias primas que se exportan y a las que atribuyen parte de la escalada de los precios. Se apoya, para eso, en los efectos de la guerra en Ucrania.
Es que el conflicto bélico hizo subir el valor de los granos y la energía en el mundo, pero Argentina tenía niveles de inflación superiores al 50% mucho antes de que Putin diera la orden de invadir el país vecino. Ahora el alza está un nivel más arriba y se acerca al 60%. Una parte de eso puede ser atribuido a “factores externos”. El resto es claramente interno y viene de arrastre. La inflación es además la prueba de lo que pasa con los problemas económicos que no se solucionan: tienden a agravarse. Siempre se posiciona un escalón más arriba con el paso de cada gobierno. Mario Negri suele decir una frase que muestra con transparencia la incapacidad de las últimas gestiones para desterrar el alza de precios: “La inflación nos hizo goles a todos”, dice el radical cordobés. Aunque a esta altura ya sería una goleada.
Frente a eso hay un equipo que se muestra con serias fisuras. Es como el club grande en el que todas las semanas se filtra alguna discusión interna o pelea de vestuario. Nada queda ahí adentro, todo se publicita. El arquero se peleó con el central y el delantero no se habla con la figura del equipo que lleva la 10 en la espalda. Además, dos de los jugadores fueron encontrados en un boliche en medio de una trifulca que terminó en una comisaría. En la tabla, el equipo navega bien abajo y en la tribuna hay cada vez más silbidos.
Es el momento de “precios nuevos con salarios viejos”. Por lo cual, una porción importante de la población perdió otra vez poder adquisitivo.
El Gobierno entró en la lógica de guerra intestina cuando más necesita cerrar filas y promover políticas para revertir la situación de deterioro y tener expectativas para 2023. Porque los últimos datos de pobreza mejoraron contra los anteriores, pero hay que recordar que se comparó diciembre de 2021 con el primer semestre de ese año y el cierre de 2020, en plena pandemia. Después del último dato llegó enero, febrero y marzo que rápidamente acumularon 16,1% de inflación. Y esa aceleración se da, además, en un momento en el que los salarios se ralentizan. Es el momento de “precios nuevos con salarios viejos”. Por lo cual, una porción importante de la población seguramente perdió poder adquisitivo en ese trimestre. Como en buena parte de los últimos 4 años. De allí que los indicadores sociales vayan para abajo tomando períodos largos de tiempo y viendo tendencias y no momentos puntuales.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal

