Argentina buscará hoy un título que se le niega desde 1993. Tan esquivas son las consagraciones para la albiceleste, que de esa fecha hasta aquí, en Río Cuarto ya nevó tres veces. Es decir que quienes nacieron después del 4 de julio de ese año, han visto tres veces la versión siberiana del Parque Sarmiento y nunca a la selección campeona.
Una de esas tres importantes nevadas se dio en ese mismo 1993. Fue el 30 de agosto, poco más de un mes después de la consagración del equipo de Alfio Coco Basile en la Copa América de Ecuador.
Eran tiempos de “convertibilidad”, término que muchos de los que hoy observarán la final ante Brasil sólo han escuchado a través de sus padres. Mientras las manos de Sergio Goycochoea llevaban a la selección a la final en las definiciones por penales ante Brasil y Colombia, el presidente Carlos Menem andaba de gira por Estados Unidos y visitaba a su par Bill Clinton en el Salón Oval de la Casa Blanca. El plan del “1 a 1” empezaba a funcionarle al ministro de Economía, Domingo Cavallo, y el gobierno parecía encontrar estabilidad. Tan es así que a finales de ese año –triunfo en elecciones legislativas de por medio- quedaría sellado el famoso Pacto de Olivos.
La frivolidad fue uno de los símbolos de la Argentina de los ´90. Fueron muchos los famosos internacionales que desfilaron por estas tierras. Cuando Gabriel Batistuta abrió el camino al título con un gol a Bolivia en el debut, la que se llevaba todos los flashes de las revistas porteñas era la modelo Claudia Schiffer.
Más allá de la nevada, en ese 1993, también “pasaron cosas”. Antonio Benigno Rins, a la mitad de su primer mandato, disfrutaba de la aceptación general. Con Humberto Roggero como uno de sus referentes, el justicialismo intentaba recuperarse de la derrota de Antonio Candini en 1991.
Los avatares políticos riocuartenses estaban centrados en lo que ocurriría en octubre en las elecciones legislativas. El radicalismo saldría victorioso, con la figura influyente del gobernador Eduardo Angeloz como insignia. El peronismo cordobés, intervenido en diciembre de 1992, sufriría sus problemas intestinos en las urnas. En las internas resultó vencedora la lista del actual gobernador, Juan Schiaretti –muy cercano al entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo-, lo que motivó denuncias de un posible fraude de parte del sector que encabezaba José Manuel De la Sota.
En esas legislativas llegarían a la cámara de Diputados: Jorge Neder, Mario Negri, Margarita Sobrino y Raúl Trettel Meyer (UCR); Miguel Balestrini, Leonor Casari, Roggero, Schiaretti (PJ) y Germán Kammerath (UCeDé).
Mientras eso pasaba en la arena política, en lo futbolístico, Lautaro Roncedo Alcira Gigena era el gran dominador de la Liga Regional. Dirigido por Hugo Bataglino, el equipo en el que se destacaba Ariel Dolso ganó el Apertura y el Clausura de ese año.
Por esos tiempos, ya se rumoreaba sobre la aparición de un pibe que podría tener futuro más allá de las fronteras de la ciudad, un tal Pablo Aimar. El hijo del Payo empezaría unos años más tarde su carrera en la selección. Esa trayectoria lo llevaría a disputar dos mundiales (2002 y 2006), dos Copas América (2001 y 2007) y una Copa de las Confederaciones (2005).
En esa competición de 2005, el riocuartense se vuelve el protagonista de uno de los datos más llamativos en la previa del duelo de hoy ante Brasil. En ese torneo, la albiceleste perdió en la definición ante la verdeamarela por 4 a 1. El descuento argentino lo anotó el actual asistente de Lionel Scaloni. Ese tanto es el último que marcó la selección en una final.
De aquel gol del formado en Estudiantes, pasaron las finales de las Copas América 2007 (0-3 ante Brasil), 2015 y 2016 (ambas 0-0 ante Chile), además de la de la Copa del Mundo de 2014 (0-1 con Alemania). En total, hace 475 minutos que Argentina no rompe las redes ajenas en una final.
De aquel 4 de julio de 1993, cuando Gabriel Batistuta les metió dos goles a México y le dio el título a la selección, han pasado 28 años y seis días. Quienes nacieron después de ese día en Río Cuarto han visto, entre otras cosas, siete elecciones municipales con cuatro intendentes distinto; siete elecciones provinciales con tres gobernadores distintos; siete elecciones nacionales con 10 presidentes diferentes; la construcción de cuatro puentes; cinco ascensos de Estudiantes; tres ascensos de Atenas; un ascenso y cuatro títulos de Urú Curé y, crease o no, tres nevadas. Esta noche, querrán sumar a esa lista, una coronación argentina.

