La campaña gruesa en Córdoba, luego de transitar por momentos de máxima incertidumbre, finalmente cerrará con números muy positivos. Entre soja y maíz se espera un volumen superior a las 31 millones de toneladas, de acuerdo a las últimas estimaciones de la Bolsa de Cereales de la provincia.
En el caso de la oleaginosa se esperan 15.130.800 toneladas mientras que para el cereal, 15.990.200. En el primer caso representa un crecimiento interanual y respecto a la media histórica, del 25%. En el maíz, habrá una caída del 12% interanual, pero un 15% más que el promedio de las últimas 16 campañas. Vale destacar en este punto que la superficie de maíz se redujo por el temor a otra invasión de chicharritas como ocurrió en el ciclo anterior y que tuvo consecuencias severas, especialmente en el centro y norte provincial.
En el trabajo de la Bolsa se destaca que “la campaña estival 2024/25 se encamina a su fin con un balance general que, pese a un comienzo desafiante, deja sensaciones positivas en gran parte del territorio cordobés”.
Y luego recordó que las condiciones climáticas no fueron las ideales: un marcado déficit hídrico al inicio, lluvias desparejas, olas de calor en enero y precipitaciones que llegaron tarde complicaron el desarrollo de los cultivos y, en algunos casos, también las labores de cosecha.
“Sin embargo, y contra muchos pronósticos, los rendimientos en general se ubicarían por encima de los promedios históricos, con excepción del sorgo, para el que se estimó una caída del 7% con respecto al promedio y un 14% en la producción”, detalló.
Según datos relevados a través de la red de colaboradores de la Bolsa de Cereales de Córdoba, se observaron rendimientos muy variables entre regiones e incluso dentro de una misma zona. En soja y maíz, esta heterogeneidad fue especialmente marcada en los lotes de siembra temprana. Por ejemplo, en el departamento San Justo, la soja temprana registró mínimos de 15 quintales y máximos de hasta 50 quintales por hectárea, mientras que el maíz temprano osciló entre 30 y 105 quintales por hectárea, reflejando claramente el impacto del manejo y las condiciones climáticas locales.
“En abril, las lluvias fueron deficitarias, lo que permitió un mayor avance en las labores de cosecha que habían sido ralentizadas por las precipitaciones de marzo. A principios de mayo, la soja presentaba el mayor avance de cosecha, mientras que el maní seguía rezagado, no solo por la humedad en el momento de madurez sino también por la falta de maquinaria específica disponible para la trilla, según señalaron varios colaboradores de la red. En algunos departamentos del centro-sur, también se observó que las cajas salieron con más tierra de lo habitual, producto de la humedad al momento del arrancado”, explicó la Bolsa.
En cuanto a los rindes de maní en grano limpio y seco, se estiman máximos de hasta 50 quintales en lotes de secano del departamento Tercero Arriba, mientras que bajo riego, en la zona de Marcos Juárez, podrían alcanzarse picos de 60 quintales. El maíz de siembra tardía y de segunda, en muchos casos, aún no había sido cosechado al momento del relevamiento, ya sea por falta de condiciones óptimas o por encontrarse todavía en proceso de secado. “Los rendimientos que se obtengan de estos lotes podrían modificar significativamente el balance final del cultivo, ya sea consolidando el buen desempeño general o aportando una mayor variabilidad a los resultados”, aclaró el informe.
El sorgo, por su parte, muestra un panorama más discreto.

