El ADN de hace 8.500 años que Córdoba quiere descifrar en un laboratorio único en el país
Un equipo del Conicet recibió USD 645.000 de la Fundación Wellcome para montar una infraestructura inédita en Argentina. Analizarán restos de unos 50 ancestros y buscarán reconstruir la historia genética de las poblaciones que habitaron la región
Un equipo de investigadores del Conicet recibió un financiamiento de USD 645.000 de la Fundación Wellcome para crear en Córdoba el primer laboratorio del país dedicado exclusivamente a estudios paleogenómicos. La nueva infraestructura permitirá analizar ADN antiguo sin depender de centros especializados del exterior y tendrá entre sus primeros objetivos profundizar el estudio de las poblaciones que habitaron el territorio cordobés miles de años atrás.
El proyecto fue uno de los 12 seleccionados a nivel mundial en los Genomics in Context Awards y estará encabezado por Rodrigo Nores, investigador del Conicet en el Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR, Conicet-UNC) y docente de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC.
La primera etapa del financiamiento comenzará en enero de 2027 y tendrá una duración prevista de dos años. La expectativa del equipo es que el laboratorio empiece a funcionar durante el segundo semestre de ese mismo año.
Una historia escrita en el ADN
Uno de los puntos de partida será una investigación que permitió detectar un linaje genético característico del centro de Argentina. El hallazgo surgió luego del análisis de más de 300 esqueletos y mostró diferencias respecto de otros linajes sudamericanos, como los andinos, amazónicos y patagónicos.
“Identificamos un linaje genético propio del centro de Argentina en más de 300 esqueletos. Se diferencia de otros linajes genéticos ya conocidos en Sudamérica como el andino, amazónico y patagónico. Este era un cuarto linaje”, explicó Nores en Perfil Córdoba.
La investigación también encontró rastros de ese componente genético en una persona que vivió hace unos 8.500 años en la zona de Jesús María y en habitantes actuales.
“Ese componente genético está en una persona que vivió en Jesús María hace 8.500 años y también en la población actual… Hay una continuidad biológica en el territorio de generación en generación”, afirmó el investigador.
Con la nueva infraestructura, el equipo buscará profundizar esa línea de trabajo. Inicialmente analizará más de 70 fragmentos de huesos y piezas dentales correspondientes a unos 50 ancestros, provenientes de más de 30 sitios arqueológicos.
La paleogenómica permite recuperar y estudiar material genético antiguo para reconstruir movimientos poblacionales, vínculos entre diferentes grupos y procesos ocurridos miles de años antes de los primeros registros escritos.
“Nosotros tenemos el registro escrito de la historia desde los últimos 500 años, pero nuestra historia tiene más de 10.000”, señaló Nores.
Un laboratorio para trabajar con ADN antiguo
El financiamiento permitirá construir la primera sala limpia del país destinada exclusivamente a paleogenómica. Este tipo de instalación resulta fundamental porque el material genético recuperado de restos antiguos se encuentra degradado y en cantidades muy pequeñas, por lo que una contaminación con ADN moderno puede comprometer las muestras.
“Como el ADN se degrada como toda materia orgánica, es muy poquito el que queda en un diente o hueso. Si yo manipulo ese diente, le transfiero mi propio ADN, se contamina y arruino la muestra”, explicó.
Hasta ahora, parte del proceso requirió recurrir a colaboraciones y laboratorios internacionales. La nueva infraestructura permitirá realizar localmente etapas centrales de las investigaciones y procesar las muestras patrimoniales bajo condiciones específicas para ADN antiguo.
“Es una manera de construir soberanía científica”, recalcó Nores.
Además de estudiar la continuidad genética de las poblaciones, los científicos buscarán reconstruir migraciones y relaciones de parentesco. También investigarán aspectos vinculados con la salud mediante el análisis de genomas antiguos de virus y bacterias, con el objetivo de conocer qué enfermedades afectaron a esas comunidades y qué ocurrió durante la transición entre los grupos cazadores-recolectores y las primeras sociedades agrícolas.
Trabajo conjunto con comunidades indígenas
Las investigaciones se desarrollarán junto al Consejo de Comunidades de Pueblos Indígenas de la Provincia de Córdoba, que reúne a más de 20 comunidades. El proyecto prevé la participación y supervisión ética de comunidades Comechingón, Sanavirón y Ranquel.
“Trabajar de manera conjunta implica enriquecer el marco en el que hacemos investigación. Entendemos que los cuerpos que estudiamos tienen un valor simbólico e identitario muy importante, y sentarnos a dialogar con las comunidades indígenas nos permite integrar esa perspectiva de respeto en nuestro trabajo”, sostuvo Nores.
El equipo estuvo integrado por Rodrigo Nores, Darío Ramirez, Nicolás Pastor, Mariana Fabra y Gisela Sario, especialistas de diferentes áreas vinculadas con la bioantropología, arqueología, genética y paleogenómica. La iniciativa también contó con el respaldo de la Agencia Córdoba Cultura y articuló con instituciones científicas y académicas de la provincia.
La proyección no quedó limitada a las investigaciones cordobesas. Una vez en funcionamiento, el objetivo será que la nueva infraestructura reciba proyectos de otros equipos de Argentina y de países sudamericanos.
“Al ser un laboratorio único, nuestra idea es que se constituya en un nodo tecnológico y un centro de referencia para Argentina”, planteó Nores.
Desde Córdoba, la nueva tecnología permitirá avanzar sobre una pregunta que atravesó buena parte de las investigaciones del equipo: cuánto de las poblaciones que ocuparon este territorio hace miles de años permaneció, generación tras generación, en sus habitantes actuales.