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El operativo policial en un motel de Córdoba que terminó en papelón

Un megaoperativo en un hotel alojamiento terminó exponiendo una cadena de errores policiales y una peligrosa dosis de improvisación institucional. Mientras helicópteros, francotiradores y móviles del ETER rodeaban el lugar, los verdaderos ladrones del robo en Villa Belgrano aprovechaban el desconcierto para escapar sin dejar rastro

Pasadas las once de la mañana del miércoles, Córdoba se sorprendía con una noticia que parecía salida de una serie policial: un supuesto grupo de delincuentes atrincherados en un hotel alojamiento de camino al Aeropuerto. Patrulleros, móviles del ETER, helicópteros, periodistas transmitiendo en vivo, y hasta el ministro de Seguridad en escena. Todo, para terminar descubriendo que los “sospechosos” eran, en realidad, una pareja que solo había ido a disfrutar de un rato de intimidad.

El operativo, tan sobredimensionado como absurdo, confirmaba una vez más que a veces la realidad cordobesa supera con creces a la ficción.

Según trascendió luego, la historia comenzó horas antes, en barrio Villa Belgrano, en un barrio residencial de la zona norte de la ciudad. Tres delincuentes armados irrumpieron en una vivienda al amanecer. Dentro estaba la pareja del dueño, un empresario de la construcción, que se encontraba ausente de su domicilio. La novia fue tomada de rehén, la ataron, golpearon y amenazaron hasta conseguir lo que buscaban: unos 40 mil dólares, joyas, relojes y armas registradas. El golpe fue limpio, planificado y ejecutado en minutos.

Las víctimas, en estado de shock, llamaron a su familia para contar lo ocurrido. Uno de sus parientes, encargado de un hotel alojamiento sobre la avenida La Voz del Interior, creyó escuchar en una habitación palabras como “arma” y “plata”. Sin mayores pruebas, imaginó que los autores del asalto podían haberse refugiado allí. Con esa intuición, llamó al 911.

Lo que siguió fue una coreografía digna de un mal guión policial: el motel “Ruta” se vio rodeado por decenas de patrulleros, efectivos del grupo ETER, jefes de la Policía provincial y hasta el ministro Juan Pablo Quinteros, que llegó para comandar el operativo. Desde el mediodía, los medios hablaban de una “toma de rehenes”, mientras los efectivos se desplegaban sobre techos y en cada rincón.

Puertas adentro, la pareja señalada no entendía nada. Cuando lograron abrir la puerta se encontraron con un escuadrón armado que esperaba capturar delincuentes. No había ni armas ni dólares, solo dos personas en bata y una fuerza de seguridad intentando justificar el papelón.

Con el correr de las horas, se confirmó que todo había surgido de la imaginación del encargado, un malentendido que se transformó en bola de nieve institucional. Mientras tanto, el robo de Villa Belgrano quedaba relegado a un segundo plano. Y aunque no hay pruebas de que la falsa alarma haya sido deliberada, el operativo terminó sirviendo, en los hechos, para despejar la zona norte de la ciudad y dar tiempo a los verdaderos ladrones para desaparecer con el botín.

El episodio fue transmitido casi en tiempo real. Frente al motel, el ministro Quinteros declaraba ante las cámaras que la “situación estaba controlada”, mientras los efectivos del ETER posaban sin quererlo como extras de una película de acción. Las otras parejas hospedadas fueron evacuadas entre la confusión y las risas nerviosas, cubriéndose con toallas o carteras ante el enjambre de cámaras y policías. La discreción prometida por el hotel había quedado destrozada.

La fiscal Jorgelina Gutiez quedó a cargo de investigar los dos frentes: el violento robo en Villa Belgrano y el operativo fallido que puso en ridículo a la Policía. La pareja “sospechosa” fue liberada de inmediato, y aún se analiza si habrá sanciones para quien hizo la denuncia errónea.

Pero el caso tiene otra arista. En diálogo con Puntal, el abogado del empresario asaltado, Rodrigo Martínez Yadarola, sostuvo que el robo en Villa Belgrano “no fue un hecho al azar” y que su cliente venía siendo hostigado desde hacía meses por un ex empleado. “Hemos hecho entre cinco y seis denuncias previas por amenazas. No fue un robo elegido al boleo: lo veníamos advirtiendo y podría haberse evitado”, señaló.

El letrado explicó que los asaltantes ingresaron a la vivienda “a las seis de la mañana, cuando el empresario había salido, redujeron y golpearon a su novia, y se llevaron joyas, dinero y armas”. Sobre el posterior despliegue policial, aclaró que el encargado del hotel actuó “con intención de colaborar, no de distraer”, pero que “el operativo fue desmedido para la información que había disponible”.

“Yo no creo que haya sido una maniobra para distraer a la Policía, pero sí es cierto que toda la atención se concentró en el motel mientras los delincuentes se escapaban. Fue una medida exagerada quizás, pero si el dato hubiera sido certero, estaríamos hablando de otra cosa”, afirmó.

Martínez Yadarola también cuestionó la falta de respuesta temprana ante las denuncias previas y destacó el cambio de actitud tras la intervención fiscal: “En la Unidad Judicial 19 hicimos todas las presentaciones, pero no tuvimos respuesta. Ahora, con la fiscalía, se está actuando con mucha celeridad y creemos que estamos cerca de lograr una detención”.

El abogado insistió en el impacto emocional del hecho: “Cuesta mucho recuperarse, no solo por la pérdida material, sino por la sensación de inseguridad. La novia de mi cliente está en shock, fuera de riesgo físico, pero muy afectada psicológicamente”.

El episodio deja, así, un saldo de víctimas múltiples: una pareja humillada en un motel, una familia asaltada y aterrada en su casa, una fuerza de seguridad ridiculizada y una banda de delincuentes que, mientras tanto, sigue libre y contando su botín.