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María Ferro, de oficio modista La moldense que viste al ballet de danzas: "Mis trapos le dieron la carrera a mi hija"

Tenía solo 12 años cuando sus padres la enviaron a aprender costura. Atravesada por una vida de lucha, salió adelante y diseña los trajes del Ballet "Cielo Argentino" que se lucen en grandes escenarios provinciales. Pero además toca el bombo y cumple el sueño de bailar

Concentrada, mirando la tela y diseñando en su cabeza la próxima pollera de danza, el bordado, los vuelos. Allí está María Elena Ferro, manejando con habilidad la máquina de coser que da forma y vida a los vestidos de gala del Ballet de Danzas “Cielo Argentino” de Coronel Moldes, que el viernes se iba a lucir en el escenario del PreCosquín.

Tenía 12 años cuando sus padres la mandaron a costura con doña Olga Ochoa, “una señora super cariñosa. Por ese tiempo no había posibilidades de estudiar”. Y hoy orgullosa dice: “Mis trapos me permitieron hacer estudiar a mi hija”. Habla de Milagros, hoy psicopedadoga, que crió sola y a fuerza de su trabajo.

María repite una y otra vez que es “feliz con su trabajo”, pero amén que ello le permite mantener a la familia, encontró en el ballet un lugar donde además expresarse en el arte. Tal es así que toca el bombo y hasta es parte del cuerpo de baile.

En diálogo con Puntal, relató cómo comenzó su oficio de modista o costurera, puesto aclara no es diseñadora: “Yo no hago los moldes en papel, veo la tela y ahí surgen”.

Cabe mencionar que una pollera para una bailarina de folclore lleva metros y metros de tela, volados, pliegues y hasta bordados. Y María nada deja al azar.

Historia de lucha

Oriunda de Coronel Moldes y criada en el campo, decidió probar suerte cuando joven en Justo Daract (San Luis). Allí trabajó en una reconocida fábrica de ropas de niños. Puso todo su conocimiento, aquel que recibió de doña Olga Oviedo, que le enseñó en su ciudad natal a dar las primeras puntadas con agujas y cortes de tijera, y pedalear las pesadas máquinas.

“Ahí me dí cuenta que me gustaba la costura y la ropa de niños”. Me encantaba coser, y encima fui mamá soltera, tuve una hija, así que se me ponía difícil, y yo ahí le hacía la ropa. Hasta los pañales, porque era muy difícil la situación. Y bueno, ahí empecé a coser y a hacer ropa de niño, que aún hoy me gusta”.

María Ferro comenzó sus primeros pasos aprendiendo a coser en el taller de doña Olga Ochoa. Tras mudarse a Justo Daract trabajó varios años en una reconocida fábrica de ropa infantil en dicha localidad. En plena pandemia regresó a Moldes, su pueblo natal. Y se dedica a confeccionar los trajes del Ballet “Cielo Argentino” y realizar arreglos de ropa en su casa.

María aclara que no es diseñadora y se define como “modista corajuda”.

Siempre digo así porque no hago moldes, los imagino con mi mente y con mi corazón”.

También en Justo Daract y junto a su hermana, confeccionó ropa deportiva y además de vestimenta de folclore, tras ser despedida de la fábrica, la entonces Coniglio.

En plena pandemia, y tal como se había prometido años atrás, decidió volver a Coronel Moldes. “Cargué mis pocas cosas en una chata de un amigo y me vine a mi pueblo, con dos mil pesos en el bolsillo. Al día siguiente cerraron todo”.

“Vine el 1 de marzo y la pandemia empezó el 10”, recuerda.

Tras conseguir una casa donde vivir junto a su hija Milagros y su hijo Federico, comenzó haciendo comidas y dulces. “Luego empecé a decir a la gente que sabía coser, y retomé mi pasión”.

En medio, María Elena hace una pausa en la charla y hay emoción en su voz: “Mis hijos son mi orgullo. A Milagros le pude pagar la carrera en la UNRC, es psicopedagoga y trabaja en Río Cuarto. Por eso digo, mis trapos le dieron la carrera a mi hija”. Y al pasar deja un consejo: “El que dice que no se puede, no es cierto. Siempre se puede”.

En medio, apareció Mauro Tapia, el director del Ballet “Cielo Argentino”, quien confió en ella para la confección de los trajes de danzas.

Con dos máquinas de coser y en uno de los cuartos de su hogar armó su taller. Y en cada traje pone toda su pasión. Aclara que no cobra locuras, y que se hace un acuerdo con el Ballet para ajustar los costos, cumplir el objetivo, y tener una ganancia.

Junto a Mauro definen colores, formas y modelos de los trajes. Y María recibe la ayuda de Eugenia Prieto, puesto el trabajo no es poco.

“Yo empecé en mayo, y este año hice 32 polleras de nenas, torsos y 24 polleras juveniles”.

María también pudo combinar su pasión, y tímidamente comenzó a mostrar el gusto por la danza. Primero tocando bombo y luego formando parte del cuerpo de baile. En los últimos días, entre ensayos, probar la ropa, terminar de coser los trajes, los tiempos eran agitados para esta mujer.

“El viernes (por el pasado) nos presentamos en el PreCosquín”, anuncia con mucho orgullo. Y resalta una y otra vez el apoyo de Mauro Tapia. “Él me dio un reconocimiento por lo que hago, me llenó el alma, porque tantos años confeccionando y él me dio esa alegría”.

Un oficio que se reinventa

En los difíciles tiempos económicos que atraviesan muchas familias, también María se hace tiempo para recibir los pedidos de arreglos de ropa de otros vecinos y clientes. Algunos que piden cambios y reformar ropa, pues el costo no da para nuevo; y otros que le encargan trajes para fiestas. “Mis clientas son un amor. A la gente le cobro lo justo, porque sé que hay muchas necesidades y no se puede comprar ropa nueva”, rescata.

Este trabajadora, pone en cada una de sus palabras su gratitud y además lo apasionada que es de su tarea.

Con 58 años, está dispuesta a muchos más desafíos. Y es feliz en su taller, rodeada de telas, hilos de todos colores, y hasta el piso se convierte en el mesón para cortar las polleras campanas.

Y tiene un sueño: el poder tener un local y confeccionar ropa para niños. “Una chica que se enteró, me pidió que le hiciera el ajuar para su futuro bebé. Es lo que me gusta. Y por supuesto la ropa de folclore. Desde polleras, bombachas gauchas y hasta bordar alpargatas”.

María Elena Ferro, honra el oficio de costurera. El pasado viernes sus diseños se iban a lucir nada menos que en escenario del PreCosquín.

“En menos de un mes hizo 25 trajes”, dice Mauro

Mauro Tapia es el director del Ballet “Cielo Argentino” y es quien cumplió un rol destacado para que María Ferro pudiera afianzarse en su oficio.

Hoy juntos mascullan e idean los trajes de los bailarines. Mauro exponiendo sus ideas, y María haciéndolos realidad.

Al consultarle sobre esta colaboradora que se le cruzó en el camino señala Tapia: “La vengo a conocer por mi familia y por medio de una conocida en común que tenemos decidió preguntarme para ver si podía empezar folclore porque ella sabía que le gustaba tocar el bombo y demás. Y bueno, así empezó esto”.

Con el tiempo supo el director de las habilidades de modista de una de sus bailarinas y sin dudarlo le ofreció empezar a confeccionarlos.

“Y un día empezó esta locura cuando para una primera presentación que faltaban no más de 25 días, 30 días, un mes, le pedí casi 25 trajes y los cumplió al pie de la letra. Yo que soy bastante exigente con mis detalles, con lo que quería, siempre me entendió. Hicimos una amistad súper linda porque ella es buena persona. Vos sabés que para julio, el 9 de julio, si no mal recuerdo, hicimos nuestra primera presentación en Moldes porque este Ballet viene ya desde el 2015, pero es nuestro primer año en Coronel Moldes. Nosotros estuvimos trabajando siempre en la localidad de Sampacho. Es nuestro primer año en Coronel Moldes y bueno, le dimos un presente y ella es súper emocional, súper sensible con todos los niños, ella es muy particular”.

Posterior a hacer la nota, el Ballet se preparaba para una gran presentación en PreCosquín, el viernes y ayer.