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Enviudó al llegar a Italia y ahora clama por volver a Río Cuarto

Lo que parecía un viaje de ensueño se transformó en un verdadero drama, con un agravante: el final aún es incierto.

Nadie imaginó que aquella ilusión que llevó al matrimonio riocuartense conformado por Isabel Ribotta, de 78 años, y Arturo Padula, de 77 años, de formar parte de la tripulación del crucero Costa Pacífica que recorrería distintos destinos de Europa se convertiría en una gran pesadilla.

Pablo Padula es un reconocido productor audiovisual de la ciudad ligado a los medios de comunicación e hijo del matrimonio, pero no solo lamenta la pérdida física de su padre (motivada por una descompensación cardíaca ajena a patologías del Covid-19) propiciada a poco de haber arribado a a suelo italiano sino que desde hace semanas golpea varias puertas para hacer oír el pedido y la necesidad de repatriar a su madre.

Es que por la necesidad de hacer atender a su marido, Isabel Ribotta no pudo formar parte del contingente argentino (que reunía a otros riocuartenses) que llegó a ser repatriado a pocos días de declararse la pandemia y emergencia sanitaria, por la cual cerraron las fronteras y puertos varios países de Europa.

En primera persona, Pablo escribió una carta dirigida a Puntal y a otros medios de comunicación ante la urgente necesidad de traer a su madre a territorio argentino aclarando desde el inicio que ni ella ni su padre estuvieron o están contagiados del virus que hoy atemoriza a todo un planeta.

El mensaje de Pablo Padula

“Comparto estas líneas entre algunos colegas con la intención de pedir ayuda en la difusión del caso de mi madre, haciéndome eco de las palabras de nuestro canciller, Felipe Solá, quien en su exposición frente a Diputados el 9 de abril pasado, sugirió que quienes necesitaran asistencia por encontrarse en el extranjero y en estado de vulnerabiliadad, se hicieran notar en cuanto medio les fuera posible, para saber de su situación y poder encausar su regreso”, inicia el escrito.

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Los riocuartenses Isabel Ribotta y Arturo Padula.

Los riocuartenses Isabel Ribotta y Arturo Padula.

Y agrega: “Mis padres, Isabel Ribotta, de 78 años, y Arturo Padula, de 77 años, ambos de Río Cuarto, tomaron uno de los cruceros de la empresa Costa, que zarparon desde el puerto de Buenos Aires el 3 de marzo pasado (antes del momento en que se sugirió el aislamiento social, previo a la cuarentena actual). Lo que sucedió en la travesía es largo, pero en síntesis mi padre tuvo una descompensación de salud y a la hora de desembarcar en Italia no pudieron tomar ninguno de los vuelos charters que la Embajada junto con la empresa generaron para repatriar a casi todos los argentinos de abordo”.

Intento que nuestro caso sirva sólo como caso testigo de todos los varados que, no presentando síntomas, no sólo están sin plan de contingencia en uno de los peores lugares del mundo en este momento, sino que además son muy vulnerables Intento que nuestro caso sirva sólo como caso testigo de todos los varados que, no presentando síntomas, no sólo están sin plan de contingencia en uno de los peores lugares del mundo en este momento, sino que además son muy vulnerables

Y añade: “Se trataba del barco Costa Pacífica, en el que hasta que bajó el último pasajero, no se registraron contagiados. El caso de mi papá tuvo que ver con una recaída de un cuadro previo, por lo que al desembarcar en el puerto de Civitavecchia, fue necesario internarlo en un hospital y ubicar a mi mamá en un hotel ya que no se le permitió quedarse con él por el protocolo actual de todos los hospitales de Italia. A los pocos días mi papá falleció y desde entonces ella quedó aislada en su hotel. A salvo, pero encerrada y, hasta el momento, sin opciones para volver”.

Seguidamente, el hijo de Isabel Ribotta y Arturo Padula señala: “Desde que supimos que el barco sólo podría amarrar en Italia estoy personalmente en contacto diario con la Embajada. Puedo ver cómo el personal de la Embajada y de los Consulados se están ocupando puntillosamente de los más de 1600 argentinos que están en ese país pidiendo volver. Entre ellos, mi mamá integra una lista de más de 150 de altísima vulnerabilidad”.

“De hecho, en su caso particular, ella cuenta con al menos 3 motivos de los que prevé el DNU sobre cierre de fronteras, por los que se consideran excepciones por vulnerabilidad. Pero la realidad es que con la extensión de las cuarentenas en todos los países, no hay vuelos convencionales y LOS EQUIPOS DE EMBAJADAS COMO LA DE ITALIA, una de las peores zonas, SE QUEDARON SIN OPCIONES PARA ENVIAR A LA GENTE DE REGRESO.(sic)”, cuenta.

Y finaliza: “Hoy la única alternativa es POR LA INTERVENCIÓN DIRECTA DE LOS ESTADOS para negociar que se abran fronteras y se habiliten despegues y aterrizajes. Algo que desde que mi papá falleció, no está pudiendo llevarse a cabo ni para mi mamá, ni para el resto de casos similares al de ella. Vuelvo al comienzo. Fue el mismo Canciller quien dijo que se hicieran notar para poder destrabar las vías para que vuelvan”.

“Intento que nuestro caso sirva sólo como caso testigo de todos los varados que, no presentando síntomas, no sólo están sin plan de contingencia en uno de los peores lugares del mundo en este momento, sino que además son muy vulnerables”.

Sobre el final, agradece la colaboración de los medios y deja su correo electrónico casilla.lanave@gmail.com ante posibles contactos.